jueves, 31 de marzo de 2011
"Balurdos" e irracionalismo
domingo, 6 de marzo de 2011
¡Qué porquería, el carnaval!, ¿no?
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Carnaval, o la libertad-espectáculo
…defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y de los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres.
Mario Benedetti.
Donde hay público ya hay una postura, una representación para el afuera. Los insurrectos del Mayo francés tenían esta idea: “Proscribamos los aplausos; el espectáculo está en todas partes”.
Desde hace varios años, en Buenos Aires y su conurbano, y también en Montevideo, aunque en una medida menor, se ha instalado una concepción militante del carnaval. Qué digo militante: ¡heroica!
Sus más intrépidos portavoces declaran que el carnaval busca "romper con la hegemonía que ejercen los de arriba sobre los de abajo" y con “esa imposición de que solo hay que trabajar” y, además, “llama a un grito de todo lo que se está padeciendo y esto en algún momento se les viene en contra a los de arriba. Por eso, al carnaval se lo ha querido prohibir”.
Es cierto que se lo ha querido prohibir, y se lo ha prohibido, pero, ¿qué cosa no se ha prohibido a lo largo de la historia? Por ejemplo, Cronwell y los puritanos despotricaron contra las diversiones públicas y prohibieron el teatro y la ópera: Shakespeare estuvo prohibido en Inglaterra. Sin embargo, respecto del carnaval la tendencia no ha sido impedir su celebración, sino favorecerla.
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En la Noche de San Juan, cómo comparten su pan
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Para más datos, todas las “fiestas” en general han sido emplazadas en las sociedades más opresivas y petrificadas como válvulas de seguridad, un respiro para los de abajo ante la fatiga y la penuria sin horizontes.
Tanto es así que se pueden rastrear los antecedentes del carnaval en las más antiguas —y autocráticas— civilizaciones, como en Sumeria y en Egipto (Egipto: ¿le suena?), con referencias que se remontan a hace cinco mil años. Y fue la Iglesia Católica —que no es boba— la que de algún modo integró fiestas paganas a su celebración litúrgica mayor, la Pascua de Resurrección y la Cuaresma que la precede, fijando el carnaval en los tres días previos al Miércoles de Ceniza.
Por esa razón, en el ámbito cristiano el carnaval es un período de permisividad y cierto descontrol… organizado.
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Libertad con horario
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De modo que al lado de los fundamentalistas del “carnaval revolucionario” se pueden encontrar opiniones diferentes, como la de los que piensan que es el momento de autenticidad; no de ponerse la máscara, sino de sacársela, de mostrarse tal cual se es, soltarse, liberarse. Y también están los otros, los que lo toman como una oportunidad de tirar la chancleta. Y otros más, que no sin astucia recomiendan que “por cuatro días locos que vamos a vivir… ¡por cuatro días locos, te tenés que divertir”, o que “no hay que llorar, que la vida es un carnaval y las penas se van cantando”.
Pero lo asombroso de todos ellos es que, reconociendo en su modo de encarar el carnaval un valor superior o, al menos, apetecible, se resignan a confinarlo a unos pocos días del año, en lugar de desplegarlo a lo largo de toda su vida.
Si la perspectiva propuesta es lograr tres días de libertad contra trescientos sesenta y dos de agachar la cabeza, espérenme ahí, que voy, me suicido y vuelvo.
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La zorra rica al rosal
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Ya mencioné algo asombroso; aquí va algo más. Estoy pensando en esas personas de lo más humildes que tienen todo el año en la mira los días de carnaval, y le restan tiempo a sus intereses y a su descanso con el fin de obtener la caricia del aplauso de los burgueses y pequeñoburgueses (si no buscaran eso harían la fiesta puramente entre ellos). Y los burgueses y pequebús disfrutan de esa donación y terminado el carnaval, que te mueras. No, que te mueras, no; mejor, que sobrevivas hasta el próximo carnaval, así me divertís con tus cabriolas y tus coplas inofensivas. Y a ver si ponés un poquito más de energía (¿qué te pasa?: ¡parece que estuvieras desnutrido!) y también más imaginación; eso ya lo vi el año pasado.
Es el orgullo (orgullo alienado) de esos mansos: “¿Ven?: estamos en el escalón más bajo de la pirámide social, pero bien que les gusta venir a ver nuestras comparsas”.
O si van un poquito más lejos:
—¿Viste cómo se quedaron fríos cuando cantamos eso de “los gordos con sus cadenas de oro sosteniéndoles la panza”?
Sí, qué golpe duro.
Desesperados, no encontraron otra salida que ir tomar champán al bar de un hotel cinco estrellas.
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Carnaval Nac&Popó
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En tren de optar, ya lo he insinuado, prefiero trescientos sesenta y dos días de compromiso y de autenticidad, y consagrar los tres de carnaval a bailar y darle a la pandereta. Y hacer sonar pitos y matracas, también, qué joder: descontrol total, o sea.
Lo de presentar al carnaval como una gesta casi insurreccional es propio de las mistificaciones que promueve el populismo. Para mí, es como cantarle cuatro frescas al retrato del dueño de la empresa. Si vas a organizarte, que sea para plantear los reclamos en su ámbito propio, no en el efímero y equívoco de un corso.
Pero los que padecen esta recurrente inflamación de la glándula carnestolenda tienen más argumentos. Una tal “Comunidad del Carnaval” nos alecciona que “los Carnavales convocaron a más de un millón de espectadores por año”. “Un millón” posee el mérito santificante de la magnitud, según decía Bierce. “Un millón de personas llenó la Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945”; “un millón de jóvenes peregrinaron a Luján”: y así, de millón en millón, estamos como estamos.
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Tristeza não tem fim
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Cada vez más, las cosas no se hacen por sí mismas, sino como espectáculo para otros o para que sean registradas por las cámaras de televisión. Cuando anunció “Deportes para Todos” la presidenta sostuvo que su “objetivo es que el pueblo vea eventos de cultura popular”. Es un compendio de ideas gratas al populismo: “deportes para todos” es que el pueblo vea en acción por TV a las elites hiperprofesionales de actividades que, como espectáculo, hace ya mucho que dejaron de ser deporte, y a esto lo llamaremos “cultura popular”.
Para mantenernos entretenidos y apartados de nuestra identidad social más profunda el populismo siempre está revolviendo en el tacho del interés falso y, parafraseando a Marcuse, de ese modo solo puede proporcionarnos, en el caso más favorable, la mejor felicidad falsa.
De eso se trata el carnaval: ¡la pucha!, el poder no solo nos ordena cuándo debemos estar con los morros metidos en la tarea, sino también cuándo divertirnos e, incluso, ser díscolos y atrevidos.
Temo que a usted lo haya empalagado toda esta cháchara. Por eso me despido con una cortita y al pie:
El que se divierte cuando se lo ordena el calendario, en realidad no se divierte: trabaja de divertirse.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Noticia del mundo real
—Una rotisería en Alta Gracia, provincia de Córdoba, República Argentina.
Los protagonistas:
—El dueño (empresario nacional, un pyme bien argento)
—Una empleada que preparaba el relleno para las empanadas
—Un comedido
—Un cliente
—Una empanada
La empleada picaba carne en la máquina cuando, en un descuido, esta le arrancó un dedo.
Mientras la mujer, al borde del desmayo, llora a mares por el dolor físico y también por haber quedado mutilada, hay quienes tienen otras preocupaciones. Uno le pregunta al dueño:
—¿Y qué hacemos con el relleno? ¿Lo tiramos?
—No, qué lo vas a tirar, si ya está todo molido. Es carne. Carne fresca.
(Telón rápido.)
Título de la obra: “Un país en serio”.
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Encontró un dedo en una empanada
En Alta Gracia, un joven se llevó una sorpresa de mal gusto.
16.02.2011 08:20
Un joven de la ciudad cordobesa de Alta Gracia aseguró que encontró un dedo humano dentro de una empanada comprada a una rotisería local, que había sido arrancado a una empleada del comercio mientras picaba carne en una máquina.
El extraño caso fue denunciado hoy por un muchacho identificado como Alejandro Iriarte, quien hace dos semanas concurrió a un local de comidas cercano a su casa para comprar tres empanadas.Un trabajo que te come la vida de a pedazos —literalmente—, pero que hay que conservar silenciando aun los hechos más terribles. Un empresario (y no hay más que decir).
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El cliente destacó que el propietario del establecimiento le pidió disculpas y ofreció indemnizarlo devolviéndole el dinero correspondiente a las tres empanadas. "Le dije que no, que tuviera más cuidado la próxima vez. Salí y me fui", precisó Iriarte, quien destacó que, pocos días más tarde, se enteró de que una de las empleadas de la rotisería había perdido un dedo mientras manipulaba la picadora de carne.
"Me contaron que una chica estuvo trabajando con una picadora, metió la mano de más y se arrancó el dedo", contó, y precisó que no realizó ninguna denuncia en la municipalidad para evitar que "alguien se quede sin trabajo. Ahora me lo tomo con gracia y hacemos todo tipo de chistes".
martes, 8 de febrero de 2011
La mala conciencia del Orákulo

Parece mentira que quien tiene altos ingresos —bien ganados, si consideramos el favor del público— por programas en radio y TV y columnas en medios gráficos (además de agarrar, ahora, plata grosa del gobierno) no pueda sustraerse a la mezquina tentación de pichulear en sus programas con avisos fuera de las tandas publicitarias… en abierta violación de la Ley de Medios de la cual se declara ferviente partidario y admirador. Esta codicia sin escrúpulos define a las claras el pelaje moral de la reciente adquisición (nunca mejor aplicada esa palabra) del kirchnerismo: el Orákulo de Cardona, el Prócer, Víctor Hugo Morales.
Cuando el Orákulo se apercibió de que era en vano intentar ocultar lo que el mundo entero estaba viendo, quiso salir él del offside y para ello improvisó una justificación muy desafortunada, diciendo que “desde la posición en que estamos no es posible advertir si existió tal infracción”. Ese fuera de juego de varios metros sólo puede no verse si uno está encerrado en un excusado en lo más profundo debajo de las tribunas. Y si uno es relator y desde su cabina no tiene una visión suficiente de los arcos y las áreas chicas, de verdad lo digo, no sé qué hace ahí.
Hay otro remilgo moral —y funcional— de Víctor Hugo —con esto termino, por ahora— que es el de no resignarse a asumir su condición de adulón del gobierno. Quiere mantener la pose de independiente, y esto es comprensible, tanto para no traslucir que ha sido cooptado, como para que su visión color rosa del país tenga credenciales de ecuanimidad. “Lo tenemos a los saltos, este año, llamándolo a cada momento, pero usted comprenderá que está en un lugar de la escena política que demanda nuestra consulta reiterada”, le dice como saludo VHM a Binner el lunes 7/2 [hasta “comprenderá” es literal; lo que sigue es fiel al sentido pero no alcancé a copiarlo textualmente]. Si es cierto que “lo tiene a los saltos” y lo “llama a cada momento”, no hay razón para apelar a la comprensión de Binner, puesto que, ¿qué más quiere un político que poder dirigirse gratuitamente a una amplia audiencia? Y si no es cierto, ¿podría acaso su interlocutor contradecirlo, por ejemplo, precisando “bueno, no es para tanto, son tres llamados en los treinta y ocho días que van del año”? Queda claro, entonces, que no son palabras dirigidas al santafesino, sino que Víctor Hugo lo usa ante la audiencia como fiador forzado de que es un comunicador imparcial, que pone su micrófono a disposición de los opositores con extrema asiduidad.
Un lince, el Orákulo.
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jueves, 6 de enero de 2011
Fromm: ateos y religiosos

Recibí por correo-e este producto, torpe y prejuicioso por donde se lo mire, y encontré la oportunidad de enchufar una cita de Fromm que hace rato buscaba colocación. Cada vez que hojeo el libro del cual está extraída me deja una sensación de contrariedad, porque el autor argumenta en una dirección que no comparto y que no alcanzo a replicar consistentemente. Pero el párrafo vale la pena porque, como él dice líneas más arriba, no sólo resume el tema de la obra, sino que contiene una idea con la cual en parte coincido y en parte me parece valiosa para fecundar el debate.
"Desdichadamente, la discusión acerca de la religión, desde el siglo XVIII se ha dedicado principalmente a la afirmación o negación de una creencia en Dios, más bien que a la afirmación o negación de ciertas actitudes humanas. «¿Cree en la existencia de Dios?», ha sido la pregunta fundamental de los religiosos, y la negación de Dios ha sido la posición elegida por los que combatían a la Iglesia. Es fácil ver que muchos de los que profesan la creencia en Dios son, en su actitud humana, adoradores de ídolos, u hombres carentes de fe, mientras que algunos de los «ateos» más ardientes dedican su vida al mejoramiento de la humanidad, a actos de fraternidad y amor, y dan muestra de fe y de una profunda actitud religiosa. Centralizar la discusión religiosa en la aceptación o negación del símbolo Dios, cierra el camino al entendimiento del problema religioso, como problema humano, y evita el desarrollo de esa actitud humana que puede llamarse religiosa en el sentido humanista."
Erich Fromm, “Psicoanálisis y religión”, Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires, 1990, pág. 92.
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Los floppy disk del Mar Muerto
Recipientes: en los de la izquierda estaban los manuscritos, y en el de la derecha, los disquetes.
Foto: “L’Osservatore Parmegiano”.
La autenticidad de los documentos ha sido casi unánimemente aceptada, con la excepción de investigadores que no la admiten por obvios celos profesionales y los que la rechazan por prejuicios ideológicos. La antigüedad del material, desde ya, está asegurada porque ese soporte hace muchísimo que dejó de usarse y, por otra parte, la sistemática referencia desde hace años, en los estudios bíblicos, a los “manuscritos del Mar Muerto” pone en evidencia el empeño de distinguirlos de otros registros, en formatos distintos, de cuya existencia ya se sospechaba o se tenía conocimiento, porque si sólo se hubiera practicado en aquella época aquel tipo artesanal de anotación sería ocioso subrayar el modo en que fueron producidos, y se hablaría simplemente de los escritos, o los textos, o los documentos del Mar Muerto. Recordemos que en los ya añosos dispositivos de almacenamiento magnético la información se guarda de manera digital, y no analógica.
En resumidas cuentas, los disquetes recogen las versiones circulantes en el vecindario de Nazaret —pueblito de Galilea— al tiempo del embarazo de María, basadas en dos hechos concurrentes: algunos comentarios esquinados y rencorosos de su marido, José, en el sentido de que él “no la había tocado”, y la familiaridad de María con los soldados del destacamento romano, particularmente con uno de ellos, muy apuesto.
La versión contenida en los floppy, hay que admitirlo, es, respecto de la que se lee en la Biblia, muy superior en cuanto a compatibilidad con los hechos históricos probados y, por otra parte, no requiere echar mano de incidentes milagrosos ni de fornicaciones con extraterrícolas.
Vayamos por partes: el relato que nos presenta el Nuevo Testamento no puede tener otro origen que los propios María y José, puesto que refiere sucesos privados de los cuales sólo ellos podían tener conocimiento, y que son los siguientes: María quedó embarazada sin haber tenido relaciones con su marido y, según Mateo (1. 18), “se halló que había concebido del Espíritu Santo”, extremo sólo acreditado, dicho sea de paso, por los alegatos de la declarante. Pues bien, José, bastante resentido, la quiso dejar, pero —continúa Mateo— el ángel Gabriel se le apareció en sueños y le explicó cómo eran las cosas, de modo que José la perdonó, “pero no la conoció hasta que dio a luz”. Si bien después de un parto sólo se puede hablar de virginidad en sentido metafórico —o espiritual, si se quiere—, el dato de que José la anduvo conociendo a María pone en tela de juicio también esta acepción. Volveremos sobre el tema al final.
En Lucas (1. 34), en cambio, el ángel se le aparece a María, diciéndole que tendrá un hijo: “¿Cómo será esto?, pues no conozco varón”, se asombra ella. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti” —le responde el ángel— y lo que sea, será. Lucas no nos cuenta cuál fue la reacción de José ante la novedad.
Los floppy de 5 ¼ —o, más específicamente, uno de ellos— presentan una fuente histórica distinta a los dichos de María y José: un resumen de las habladurías del vecindario de la pareja. Según algunas mujeres —particularmente, las ancianas, se aclara— María era “muy salidora”, e iba a buscar agua a la fuente varias veces por día, y se entretenía charlando “con muy poco juicio” con los soldados romanos que merodeaban por allí a causa de que era un lugar muy concurrido por las mujeres. Las vecinas murmuraban, a veces ni siquiera a sus espaldas, pero cuando María tenía oportunidad les respondía con rudeza, ya que al parecer era “muy boca sucia”. Alguna llegó a aconsejarle que para darle otra orientación a su vida le convenía quedar embarazada, a lo cual respondió tajante: “¿Cómo será esto?, pues mi marido se la pasa cepillando… pero sólo la madera”.
Pero, así y todo, resulta que quedó gruesa, y que José, ceñudo, mascullaba su ajenidad al fenómeno. María se apercibió de que el cielo se le nublaba, no de nubes sino de piedrazos, y como no sólo era ligera de cascos sino de entendederas, le contó a José lo del travieso Espíritu. En este punto tenemos que conjeturar que a su marido, entre quedar como cornudo y sin mujer, y aceptarle el embuste, le convenía lo segundo, porque a su edad y con un antecedente de lapidación de su primera esposa su destino habría sido la soledad definitiva. Así que ambos salieron a propalar, con las discrepancias que recogió la Biblia, la versión que, por distintas razones, le convenía a cada uno, aunque sin poder acabar con las suspicacias.
Pero según la preñez iba llegando a término, María intuyó que el aspecto del recién nacido podía ser fuente de renovados problemas si se parecía al padre, ya que éste era un soldado del Imperio reclutado en las tribus del norte, así que urgió a José a emigrar bien lejos, lo cual los llevó hasta Belén.
En esto la historia construida por los redactores de la Biblia no es fiel a los hechos. Lucas (2. 1-3) dice que el viaje fue para cumplir con el censo ordenado por Cirenio (o Quirinio), pero estudios recientes demuestran que eso no es cierto pues las fechas no coinciden por años de diferencia. Por otra parte, que la Biblia no mencione el posible aspecto nórdico de Jesús no es suficiente para impugnar lo recogido en el floppy, sino que, por el contrario, bien podría ser un intento deliberado de esconder una cuestión que en su momento fue urticante.
Por último hay que observar otro traspié de la crónica oficial: los hermanos de Jesús (Lc. 8. 19, Mt. 12. 46, Mr. 3. 31-32), obviamente hijos de la Virgen María. A menos que el Espíritu Santo se haya aficionado, visitándola asiduamente, a ella ese asunto le queda un poco grande (lo de “virgen”). Si no fue así, los nazarenos que dejaron su testimonio en el floppy habrían dudado de que el anciano José se volviera fogoso con los años. Por eso, seguramente hubieran reflexionado que la primera infidelidad es la que más duele, y que después de que el anciano José decidió digerirla, las siguientes ni lo mosquearon.
(Traducido de “L’Osservatore Parmegiano”, 25-12-10, pág. 38.)
jueves, 30 de diciembre de 2010
Gauchos light

—¿Usté anda diciendo que anoche nos estuvimos besando en lo oscuro?
Sorprendido, el aludido balbució:
—¿Yo, Muraña? ¿Cómo puede...? ¡Jamás haría eso...! ¡Jamás!
—Entonces, nos han visto —murmuró abatido Muraña, acercándose.
—Bueno, compadre, desde el principio sabíamos que eso podía pasar. Vamos, tómese un trago; tranquilícese.
—¿Qué haremos? ¿Adónde iremos a parar?
—Dicen que lo de Mendiguren se pone bueno a esta hora.
El recio rostro de Muraña se desencajó, y negó, casi sollozando:
—¡No!: ¡con tanta habladuría, tanta incomprensión...!
—Sosiéguese, nos observan, no la complique —Paredes bajó la voz—. Mire, hay un fotógrafo, disimulemos.
—¿Dónde...?—Muraña giró el rostro hacia el salón— ¡Ah!, ¿qué cuenta, amigazo? ¡Sáquenos una foto brindando con este paisano!
—¡Eso! ¡Choquemos los vasos! —apoyó Paredes.
Los gauchos miraron el objetivo y dijeron al unísono:
—¡Felices fiestas para todos!
lunes, 27 de diciembre de 2010
Nombres propios impropios...
Padres dementes y un Estado que, salvo para imponer el orden explotador, no tiene autoridad para asegurar un mínimo de racionalidad social dan por resultado situaciones risibles… que no causan risa.
Llevar un apellido que se preste a la chacota siempre representa un riesgo: el de encontrarse con alguien de mentalidad estólida que se encarnice de modo más o menos ostensible sobre esa particularidad. Por cierto, no escasean los infradotados que, a falta de otro mérito para experimentar una superioridad sobre sus semejantes, se burlan de algún nombre o apellido, como si eso pudiera elevarlos.
Cuando se es chico las burlas de ese tenor son capaces de agriar el carácter y originar una personalidad retraída y resentida, porque el ensañamiento de los otros pibes puede no tener tregua ni término, y se carece aún de los recursos personales para compensar esa contra. Claro que también esa adversidad puede fortalecer una personalidad y hacerla invulnerable.
¿A qué viene esto?: a que reencontré unas anotaciones que tomé hace muchos años, cuando me tocó corregir los padrones electorales. No la totalidad del padrón, sino una parte, digamos unas decenas o centenas de miles de datos de electores. Pero esa fracción del total bastó para que me topara con detalles asombrosos, que entonces registré cuidadosamente, con nombre completo, localidad, etc. En el orden de los apellidos anoté, por ejemplo, Pústula, Ruina, Pólvora, Vaca, Fea, Coito, Perro, Perra, Zorra, Boluda, Balín, Seaturro, Zapato, Piernavieja, Espantoso, Culo, Concha, Laconcha, Forro, El Busto, Limones, Teta, Tetilla, Verga. El curioso —o el desconfiado— los puede encontrar también en la guía telefónica.
Pero los apellidos, lo sabemos, vienen adheridos a nuestra prosapia, representan la continuidad del linaje familiar y, además, cambiarlos es un trámite complejo y supeditado al criterio del juez. Lo que me preocupa es el tema de los padres que condenan a sus vástagos a llevar nombres de pila ridículos e incluso ofensivos hacia sus personas. Yo estoy absolutamente en contra de que se pueda poner cualquier nombre: los nombres de los varones, por ley, debieran ser elegidos entre José, Pedro, Ricardo, Alberto y una docena más, y los de las mujeres entre Ana, Marta, Ester, Lucía, María y otros pocos, pero normales y decentes. Esta disposición legal podría completarse con otra que estableciera que a partir de los veintiún años el ciudadano pueda tramitar un cambio de nombre, y si quiere llamarse Sorullo, Ñanquetruz o Racarraca, allá él.
Algunos padres se entretienen incluso en buscar combinaciones llamativas de nombre y apellido, o estas surgen por descuido, o al integrarse con la profesión del ciudadano o ciudadana. Tales los casos de Argentina Presa, Argentina Medicina, Urbana Radio, Blanca Blanco, Letra Lila Blanco, Raro Salto, Blanca Concha, Carlos Culo (odontólogo), Flordelinda Bustos, Pablo Vaca (carnicero), Dalia Jardines.
Pero confío en que el resumido listado de nombres estrambóticos copiados de los padrones, que transcribo a continuación, lleve a quien lo lea a compartir la convicción de que los nombres que los padres puedan imponer a sus hijos deben ser extraídos de una lista rigurosamente limitada.
Aquí van, empezando por los del padrón masculino:
Beato
Irrito
Perfidio
Ardor
Gil
Aspirino
Flor
Casto
Damo
River
Independiente
Solitario
Electo
Demencio
Marto
Universo
Néctar
Nueve de Julio
Digno
Catedral
Pasión
Puro
Orrito
Susano
Redondo
Querubín
Padre
Hitler
Desposorio
Oservando
Presbítero
Bebito
Luzbel
Biplano
Longines
Aerolito
Cacho
Glorioso
Caín
Correntino
Ídolo
Altivo
Normal
Nombres de pila del padrón (¿madrón?) femenino:
Anélida
Transfiguración
Lela
Irrita
Edicta
Neófita
Oseanía
Actividad
Democracia
República
Esclavitud
Traslación
Pura Luz
Humilde
Perpetua
Vespertina
Severa Iluminada
Cátedra
Estralación
Tranquilina
Gringa
Vicia
Sustituta
Expedita
Beata
Víncula
Digna
Olvido
Nimia
Holanda Ilustración
Dulce Nom de Je
Tranfig
Suplicia
Parisina
Limpia
Sietelinda
Algunos nombres, de unos y otras son, más que nada, curiosos, como Cacho, Padre, Bebito, Gringa o Nimia. Pero otros son brutales y rencorosos, tales Vicia, Suplicia, Luzbel, Demencio o Perfidio. Por suerte hay uno Normal, al menos.
Pero si aquella corrección de padrones me dio ocasiones de sentir disgusto, también tuvo su momento delicioso, cuando leí en un registro cómo había anotado el empleado el domicilio del elector: “calle Saint (ex Superí)”.
Che, a vos, funcionario del Registro Civil: bruto y todo, te mando un beso. Pasan los años, y cada vez que me acuerdo de tu inspirada ineptitud me hacés sonreír.
viernes, 3 de diciembre de 2010
Tragedia griega en la calle Pepirí
Las cosas no suelen ser como nos las cuentan.En la Argentina pocos crímenes cometidos por policías son esclarecidos por la denuncia y la acción de sus propios compañeros. Pero a veces esa práctica se vuelve dolorosamente contra ellos mismos.
—¡Gorosito...! ¡Gorosito...!
Un hilo de voz, apenas, quebrado por el dolor y por el miedo. Miedo a algo que a todos nos espera al final del camino, pero que para Christian —26 años colmados de proyectos, deportista, diseñador gráfico, empleado de Metrogás— hasta un minuto antes sonaba tan remoto que era como si no existiera.
Pero ahora estaba ahí, acechando. ¿Cómo podía ser? ¡No, no podía ser!: él había estado esa tarde haciendo pesas en el Círculo de Suboficiales de la Policía Federal; venía de comer rico en casa de la abuela, y ya paladeaba el final de un día perfecto, porque su madre le había dicho por teléfono, un rato antes:
—No te demores en lo de la abu: ¡mirá que te preparé budín de pan!
Su postre preferido. Pero tendría que esperar, quizá. Desde hacía un minuto en su vida se habían mezclado imágenes de otra película, incomprensibles. Y ahora estaba tirado en la vereda, a pasos de su casa. Los policías habían disparado contra él, y entre ellos estaba ese amigo de papá, el sargento Gorosito.
Llamó de nuevo, quedamente, con miedo casi de respirar, sintiendo que las energías se le escapaban. Y ese dolor terrible, ahí, en la ingle.
—¡Gorosito...! ¡Gorosito...!
Eran las 23.45 del 3 de diciembre de 1997.
—Gorosito, el chorro te está llamando —le dijo otro policía al sargento.
“Le puse la pistola martillada en la cabeza y le grité: '¡Hijo de puta, de dónde me conocés'!”, le confesó el sargento Hugo Gorosito al sargento Carlos Alberto Robles, padre de Christian.
Los policías se habían emboscado en la heladería de Pepirí 605, esperando que unos sospechosos de haber asaltado una pizzería de las inmediaciones pasaran por la vereda buscando el auto que los esperaba con el motor en marcha un poco más allá. Así lo hicieron: cuando un trío de jóvenes terminó de pasar frente a la heladería, salieron en tropel y al grito de “¡Alto, policía!” descargaron sus armas contra ellos.
Christian alcanzó a darse vuelta y se quedó quieto, tratando de demostrar con su actitud que no tenía nada que temer, ni propósitos agresivos y ni siquiera de escape, o de protegerse (por ejemplo, arrojándose al piso). Fue peor: le pegaron catorce balazos a mansalva, desde cinco metros de distancia, hasta que lo derribaron.
Gorosito estaba a punto de rematar al caído (el otro sospechoso muerto, según reveló la autopsia, tenía doce impactos de bala; uno de ellos en la cabeza disparado desde muy corta distancia), cuando lo reconoció: precisamente del Círculo de Suboficiales, donde el joven iba a hacer pesas y él a practicar full-contact con el padre de Christian, el sargento Carlos Robles.
Los padres de Christian oyeron desde su casa la seguidilla de estampidos. Carlos, que se estaba bañando, le dijo a su mujer que llamara a lo de la abuela para que el muchacho no saliera a la calle, pero éste ya había partido. El policía se secó apenas, se puso un short y saló a la calle con el arma envuelta en una toalla.
Yo conozco —o conocía— muy bien el lugar; hasta un par de años antes de este episodio íbamos muy a menudo con los chicos a esa cadena de plazas y plazoletas —José C. Paz, Nicaragua (en realidad, un descampado), que hacia el norte enlazan con el Parque Patricios—, y a la vuelta comprábamos helado en Vía Pepirí, que así se llamaba la heladería.
Hasta ahí corrió Robles para encontrar —sin poder entender lo que veía— a su hijo en el suelo, acribillado a balazos y rodeado de policías, todos conocidos.
—¡Papá, hacé algo que me duele la pierna! —le rogó Christian.
“Papá, hacé algo”: ese mocetón robusto, seguro de sí, volvía a ser un niño indefenso que todo lo esperaba de la omnipotencia del padre.
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El Tribunal Oral 26 concluyó que la jueza "no fue debidamente informada sobre la [existencia de una segura] víctima inocente, y que ésta tenía diez impactos" en la región genital que le provocaron la muerte, más otras siete heridas de bala en distintas partes del cuerpo. La investigación previa fue realizada por la División Robos y Hurtos, a la que pertenecían los ocho policías involucrados, la cual giró la causa al juzgado de instrucción recién después de dieciséis días de producidos los hechos. En el transcurso de ese proceso, y el judicial que siguió después, se perdieron pruebas, se omitieron pericias, se anularon juicios por razones técnicas, renunciaron fiscales.
Sabemos, ¿o no?, cómo son los juicios a policías: todo se entorpece, se enturbia, desaparecen pruebas y se fabrican otras. Al cabo de ocho años el único imputado, el oficial principal Arena, fue condenado a tres años de prisión en suspenso por el delito de “homicidio por imprudencia”.
Arena "tenía mucho peso" en Robos y Hurtos —dice Carlos Robles—, "armó la ratonera" para los asaltantes en el medio de la cual cayó su hijo. "Este era un proceder habitual de esa basura, un asesino en potencia", agregó. “Querían matar a los sospechosos, no detenerlos. Y si no reconocían a mi hijo, seguro que lo remataban y le 'plantaban' un arma."
Eurípides no podría urdir la trama de esta tragedia mejor que el padre de Christian: cuántas cosas sabía —del proceder de la fuerza de que formaba parte y de sus colegas—, pero calló mientras los muertos eran los hijos de otros. Y así, con silencios y complicidades fue tejiendo la fatalidad que un día aciago se abatió sobre él y su familia.
Porque cuando ese manto estuvo listo Átropos cortó el último hilo: Christian murió —demasiado resistió— un día y medio exactos después de ser herido.
Ya se sabe que en estos casos son los inocentes —¡qué déspota puede ser el dolor!— los que se llenan de reproches, mientras los culpables los avientan lejos de sí: “Si yo no le hubiera pedido que se quedara a cenar”; “si yo no le hubiera dicho que se apurara, que le había preparado budín de pan”. La abuela murió a los pocos meses, y su marido no mucho después. La madre no sabe lo que es sonreír sin que el cuchillo del recuerdo transforme la sonrisa en un rictus de amargura.
Y hasta a mí la esquina de José C. Paz y Pepirí me fue negada para siempre. No quiero —pero sé que sucedería— pasar por allí y oír esa voz apagada, casi un quejido, que clama:
—¡Gorosito...! ¡Gorosito...!
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jueves, 2 de diciembre de 2010
Una cartera Luis Vuitton de €18 millones

No es exactamente una de las que gusta lucir nuestra presidenta, sino la cartera de stock options con cuya venta un ejecutivo de Luis Vuitton ganó €18 millones de un saque. Las stock options son los incentivos en forma de opciones sobre acciones que reciben los directivos de empresas en función de los objetivos alcanzados.
Así nos lo cuenta Alejandro Teitelbaum en “Los gobiernos han cedido el poder a las transnacionales”*. Y se pregunta: “¿Qué tendría que hacer una persona trabajando, dando clase, en un hospital, haciendo un servicio a la sociedad para ganar 18 millones de euros?”. Y se contesta: No una, sino “quince personas con un salario de 2.500 euros tendrían que trabajar durante 40 años para conseguir lo que el directivo de LVMH (Moet Hennessy Louis Vuitton) logró en media tarde. Esos quince tipos fabricando, prestando servicios, manejando autobuses, etc., tardarían cuarenta años con ese buen salario, mientras que este capitalista necesitó unas horas para lograrlo y sin hacer ningún servicio a la sociedad”.
Para empezar, menciono mi pequeñito orgullo, como argentino, porque mi presidenta, con sus compras, ha contribuido al éxito comercial de esa prestigiosa empresa. Además, como me gustan las cuentas claras, advierto que si contamos el aguinaldo, presente en la mayoría de las legislaciones, hacen falta sólo €2.300 para alcanzar la suma de €17.940.000 en 40 años, en las condiciones especificadas por Teitelbaum.
Claro que si el ejecutivo de esta historia colocara sus milloncetes a una tasa “conservadora” del 5% anual, reinvirtiendo los intereses, al cabo de 40 años, mientras los laboriosos trabajadores juntaban dieciocho palos euro sobre euro, él hubiera acumulado un capitalito de €126.720.000.
Y, ¡qué pretenden!, ¿las quieren todas servidas, los trabajadores?
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*http://opsur.wordpress.com/2010/11/22/%C2%ABlos-gobiernos-han-cedido-el-poder-a-las-transnacionales%C2%BB/
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lunes, 29 de noviembre de 2010
¿Cómo llegamos a esto?
sábado, 20 de noviembre de 2010
Vuelta de Obligado: Día de la Canallada (2a. parte)
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(Continuación.)
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El bloqueo
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q) Lo que sucedió en ese año y en los que continuó el bloqueo agota la capacidad de asombro: “Poco a poco se traba relación amistosa con los intrusos adversarios, y Mansilla autoriza a que se les suministren víveres frescos en ciertos puntos determinados de la costa, y recibe la visita de jefes y oficiales. Tanto se estrecha la amistad que los bloqueadores solicitan autorización de bajar a tierra firme. Piden se les faciliten cabalgaduras con el deseo de galopar en la llanura que les asombra y atrae por su inmensidad, poder cazar y salir del aburrimiento de la perezosa vida de a bordo”. Mansilla mismo dio traslado de esa petición a Buenos Aires, la cual, por lo menos en el aspecto formal, no prosperó (Ministerio de Relaciones Exteriores, carpeta VII, legajo B, documentos citados por Néstor S. Colli, “Rosas y el bloqueo anglofrancés”, Editora Patria Grande, Buenos Aires, 1978).
Destacan estos autores que Rosas no sólo les entregó víveres frescos a los bloqueadores, sino que compensó la paralización de los negocios facilitando a los comerciantes —principalmente a los ingleses— el depósito de las mercaderías y eximiéndolos de los impuestos.
.La negociación, el arreglo. Contexto
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r) Hemos visto que la flota invasora, gracias a la decisión de Rosas de no llevar muy lejos su oposición armada, cumplió —si bien, como toda guerra, no fue un paseo— con sus objetivos militares. Donde resultó cierto, en cambio, aquello de "navegar tantas leguas, venirse al cuete", fue en su fin esencial: para José María Rosa (ob. cit., tomo V, p. 219) la expedición comercial fue un completo fracaso. Luego de algo más de seis meses que la escuadra anglofrancesa había pasado por la Vuelta de Obligado, la expedición, cuya rentabilidad se daba por segura, resultó un fiasco. Corrientes, empobrecida por tantos años de guerra, no fue ni el asomo de un buen mercado. Tampoco Paraguay, ya que su líder, Carlos Antonio López, no se dejaba engañar con promesas de libre comercio y exigía, antes de cualquier acuerdo comercial, el reconocimiento de la independencia paraguaya por parte de los interventores.
s) Si bien fue lo más importante, no fue lo único que terminó inclinando la balanza hacia un arreglo: Estados Unidos, preparándose ya para su papel de mandamás de América, reprobó duramente la intervención anglofrancesa; los comerciantes ingleses en Buenos Aires, con más discreción, comenzaron a quejarse por la merma de sus negocios a causa del bloqueo; aquí y en Londres, los tenedores (“bonholders”) de los bonos del empréstito de la Baring también reclamaron el cese del bloqueo ante el Foreign Office porque la Confederación suspendió los pagos, que se hacían con los ingresos de exportación e importación, ahora casi inexistentes.
Y, como si todo esto fuera poco, la revolución de 1848 aconsejó a las monarquías absolutistas de Europa no distraer fuerzas militares en objetivos secundarios al esencial, o sea conservar sus privilegios en la metrópoli.
t) “La diplomacia británica, coercitiva y pertinaz cuando persigue ventajas seguras, aun cuando no fueren inmediatas, es prudente y práctica si vislumbra que puede obtener utilidades comerciales por un camino distinto y menos espinoso”. Por eso, ante la “resistencia” de Rosas, “Inglaterra optó por sacrificar algunas de sus pretensiones y buscar por otros medios pacíficos la expansión de su comercio” (Adolfo Saldías, “La evolución republicana”citado por Carlos Ibarguren, “Juan Manuel de Rosas”, Frontispicio, Buenos Aires, 1955, pág. 339).
u) Las tratativas para poner fin al entredicho fueron lentas, prolijas, a causa principalmente del carácter de Rosas: “Su minuciosidad no descuidaba el detalle más mínimo” (Ibarguren, ob. cit, pág. 284), a tal punto que sus fatigosas exigencias al negociador argentino, Arana, de relatos escritos pormenorizados al nivel más nimio casi acaban con la salud de éste. Destacar esta característica de Rosas y el estilo que rigió la tramitación del acuerdo no es gratuito, y enseguida se verá por qué.
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La Convención Arana-Southern
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v) El 24 de noviembre de 1849 se firmó solemnemente la convención que puso fin la conflicto con la Gran Bretaña, en cuyo preámbulo —preste mucha atención— se declara que el anhelo de los firmantes es “concluir las diferencias existentes y restablecer las perfectas relaciones de amistad”, concepto que se ratifica en el artículo 7º con estas palabras: “Mediante esta Convención queda restablecida la Perfecta Amistad entre el Gobierno de la Confederación y el de su Majestad Británica”. Aunque el concepto de “perfecta amistad” es clarísimo, aún se puede agregar que en términos diplomáticos esa expresión, en un tratado, significa que quedan zanjadas todas las controversias previas a la firma de éste y que, en consecuencia, las partes no tienen nada que reclamarse en referencia a pasados diferendos.
Aparte de estipulaciones concernientes al fin de la intervención por ambas partes en el conflicto de política interna de la Banda Oriental, la convención reconoce la navegación del Paraná como interior de la Confederación y sólo sujeta a sus reglamentos, lo mismo que la del río Uruguay en común con el Estado Oriental; Gran Bretaña se obliga a evacuar la isla Martín García, a devolver los barcos que apresó y a saludar la bandera argentina con veintiún cañonazos.
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¿Y las Malvinas?
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w) Entendámonos: no es que las Malvinas me quiten el sueño a mí; por el contrario, pienso que los argentinos tenemos que resolver dos millones ochocientos mil problemas antes de colocar nuestra atención en las islas. Pero cualquiera puede ver que a otros —a Rosas, a los rosistas, a los peronistas— ese tema los obsesionó o los obsesiona. Sin embargo, lo olvidan cuando recordarlo podría ser operante.
Empecemos con Rosas: una referencia a las Malvinas fue una parte imprescindible de su mensaje anual a la Legislatura cuando era gobernador. Sin embargo, el 17 de febrero de 1843 entregó al gobierno inglés la propuesta formal de cederles las islas Malvinas si Inglaterra renunciaba al cobro del remanente de la deuda contraída con la Baring. Digamos, en su descargo, que la venta de territorio por dinero no era rara en aquella época; en 1867 Rusia vendió Alaska a los Estados Unidos. Pero convengamos en que las vacas y las ovejas, y no las ballenas, las focas o el guano eran la preocupación de Rosas y sus sostenedores.
Desde la presentación en 1846 de las “bases Hood”, que con leves variantes se plasmaron en la Convención Arana-Southern, hasta la firma de ésta pasaron más de tres años, tiempo suficiente para que, incluso inspirado por su mensaje anual a la Sala de Representantes, Rosas se acordara de las islas y las incluyera en la discusión. Pudo haber dicho también “no firmo nada hasta que devuelvan las Malvinas”, o insertar en el texto de la convención una reserva (claro que eso ya la invalidaría como de “perfecta amistad”). Pero no: Rosas se acordó... de olvidarse.
Pero, continúo con los rosistas, no hay ninguno de los autores mencionados que se escandalice por el “olvido”, y lo mismo nuestra presidenta, que no menciona ese desliz cuando enaltece el combate que, por lo señalado en los puntos e a q, encaja perfectamente en la cadena de acontecimientos que termina en esta sigilosa e ignominiosa entrega, que si en 1843 era como pago de la deuda, en 1849 fue a cambio de veintiún cañonazos. Y de la continuidad de las buenas relaciones y negocios con Inglaterra, claro.
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Síntesis y apreciación final
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x) Después de mandar al sacrificio a los paisanos en Obligado, Rosas firmó la Convención Southern-Arana, por la cual declaró la perfecta amistad con Inglaterra. El país no recibió ninguna reparación ni indemnización por las depredaciones, daños y perjuicios sufridos durante el bloqueo y la invasión. Inglaterra renunció a su absurda pretensión de la libre navegación de nuestros ríos, la cual ya había abandonado internacionalmente. Restituyó nuestra isla Martín García y se comprometió a la devolución de los barcos apresados, cuya suerte se podría resumir parafraseando un antiquísimo chiste español: “las cinco naves devueltas por los ingleses fueron tres: la ‘Maipú’”.
Toda esta parábola, en su conjunto, es la más escandalosa entrega de las vidas, el patrimonio y el territorio de loa argentinos.
y) Cuando fue destituido Rosas se radicó, ¿dónde, si no?, en Inglaterra. Y en su testamento nombró albacea a lord Palmerston, el ministro que había ordenado arrebatarnos las Malvinas.
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He reseñado someramente los hechos más salientes de esta historia, y ahora repito: 20 de Noviembre, Día... ¿de qué?
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Juan del Sur.
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Vuelta de Obligado: Día de la Canallada (1a. parte)
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20 de Noviembre: Día... ¿de qué?
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"Toda historia es historia contemporánea.”
Benedetto Croce.
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Un hecho de armas tiene varios ángulos desde los cuales puede ser apreciado. El más obvio es el militar, dentro del cual cabe mencionar, entre otros aspectos, los medios utilizados, el orden táctico y el comportamiento de los combatientes. Pero esos tienen utilidad, sobre todo, para las academias castrenses. En cambio, el civil, el ciudadano consciente, el apasionado por la política y la historia pone su mirada en cuáles eran los intereses y los objetivos que movían a las fuerzas enfrentadas, y cuáles fueron las consecuencias de aquel acontecimiento.
El oficialismo ha promovido este año que el 20 de Noviembre sea feriado nacional, así como en 2006 promulgó al 2 de Abril como feriado nacional inamovible, o sea que en el plano de los fechas patrias tiene el mismo rango que el 25 de Mayo y el 9 de Julio, y es superior al 20 de Junio y al 17 de Agosto, que pueden trasladarse a los lunes, si así conviene.
Esta postura histórica entraña rotundas definiciones que, por otra parte, encajan con exactitud en lo que ha sido la política del kirchnerismo: la retórica por un lado y los hechos por el opuesto. En las líneas que siguen trataré de ponerlo en evidencia con relación al suceso que se recuerda el 20 de noviembre.
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Antecedentes inmediatos
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a) Inglaterra y Francia, las más encumbradas potencias europeas, transitaban a mediados del siglo XIX una desenfrenada etapa expansiva —dirigida, en América, a hegemonizar en provecho propio los despojos del sistema colonial español— en la cual, si bien competían, llegaban también a asociarse con el fin de controlarse recíprocamente y evitar que su rival tomara ventaja de alguna iniciativa individual.
b) En el caso que nos ocupa, quisieron hacer valer ante el gobierno de Rosas su “derecho” de navegar libremente por nuestros ríos interiores con el fin de penetrar hasta el Paraguay para ampliar sus operaciones comerciales.
c) Su pretensión fue rechazada con sólidas razones, pero los aliados apelaron a su más consistente argumento: el poderío de sus escuadras, cada una de las cuales no tenía rival a la vista salvo su vecino al otro lado del canal de la Mancha. Por ese entonces, Estados Unidos, si bien llegaba a empardarlas o superarlas, procuraba extenderse en el dilatado territorio de América del Norte y aún no se había lanzado de lleno a los mares.
d) En respuesta, los aliados bloquearon el puerto de Buenos Aires y reunieron un imponente flota de naves de guerra y mercantes con el fin de forzar el paso Paraná arriba.
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La trama de intereses
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e) Partamos de que ninguna burguesía quiere acabar con el imperialismo. Todas quisieran ser hegemónicas dentro de él, y aprovechar esa condición como lo hacen hoy EE.UU. y los otros imperialismos menores. Todas las burguesías son imperialistas a su escala respecto de otras más débiles, a las cuales procuran someter y explotar (cuando no destruir). Las luchas de las burguesías contra los imperialismos son —en general— con el fin de obtener una posición más favorable en sus negocios con éste.
f) El Restaurador tuvo reiterados conflictos con las potencias imperiales —del tipo que hoy son noticia permanente, acá y en todo el mundo— por el tamaño de las porciones —porciones de poder, también, pero siempre factibles de ser traducidas en libras esterlinas— del negocio que tenían en común, dentro del esquema de intercambio que él representaba. Este esquema nunca estuvo en cuestión: exportaciones ganaderas; importaciones de tejidos, harinas, cueros trabajados y otras manufacturas.
g) Aunque Inglaterra y Francia venían exigiendo con prepotente osadía más concesiones y más ventajas para sus intereses, ¿cómo habría Buenos Aires de querer una guerra y una ruptura totales con quien tenía indefectiblemente que hacer sus pingües negocios? Pero la aduana única (con el concomitante cierre de los ríos interiores al comercio exterior) proporcionaba el 90 % de los recursos de la "Confederación" (Buenos Aires). Era impensable aceptar desprenderse de esta mina de oro. El gobierno de Rosas estaba, pues, tironeado por conflictos referentes a su propia esencia, y eso habría de reflejarse en la ambigüedad de sus actos.
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Los preparativos para impedir el avance de la flota
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h) Según José María Rosa (“Historia argentina”, Buenos Aires, Editorial Oriente, 1974, tomo V, pág. 208) "desde 1844 Rosas preparaba la defensa del Paraná contra la «demostración naval» que se anunciaba”. ¿Y qué hizo, contando con tanto tiempo, para oponer al invasor una fuerza proporcionada (y superior, si era que quería derrotarlo)?
i) Leemos la respuesta en “Vida de don Juan Manuel de Rosas”, de Manuel Gálvez, Ediciones Río de la Plata - CLASA, Buenos Aires, tomo 3, pág. 845: "La escuadra aliada va a subir por el Paraná. Rosas, que lo tiene previsto, ha venido preparándose para obstruir el paso. Dirigirá la defensa el general Lucio Mansilla, a quien Rosas le viene dando instrucciones. En su carácter de comandante interino del departamento del Norte, ha formado un pequeño ejército con gente de la comarca [. . .] Hay mucho patriotismo y pocas municiones".
"Hay mucho patriotismo y pocas municiones", ha dicho Gálvez, como quien lamenta su mala suerte ("mucho patriotismo, pero el tiempo no ayudó").
j) Pero, ¿se quedó sin municiones en Chile San Martín, que tuvo que cruzar los Andes llevando todo, desde tiendas de campaña hasta ropa adecuada para el cruce y provisiones para la tropa y alimento para los animales? ¡Y no para una batalla, sino para toda una larga e impredecible campaña! Para más datos, transportando todo esto en agotadoras subidas y bajadas en la alta montaña y transitando por senderos casi inexistentes al borde de tremendos precipicios.
k) Y se lee también en “Historia de la Confederación Argentina”, de Adolfo Saldías, El Ateneo, Buenos Aires, 1951, página 82: “...por relevantes que fueran sus condiciones [las del jefe, Mansilla], el hecho desgraciadamente positivo es que en ese momento le faltaban los recursos materiales para desenvolverlas”. Y líneas más abajo: “El 17 de noviembre, cuando supo que se aproximaban, reiteró su pedido de municiones de artillería e infantería para las dotaciones completas, manifestando que las que tenía «sólo serían suficientes para un fuego de seis horas; y que era más que probable que si el enemigo atacaba esa posición, el combate durase mucho más»”.
l) En palabras de dos historiadores no desafectos a Rosas (como todos los consultados para elaborar estas líneas) tenemos el resultado de los dos años de que se dispuso para la preparación de la defensa: soldados bisoños y en número escaso; levas tan informales que no se conoce el nombre de los muertos (si no se sabe ni el nombre de los que se llevó al combate, es de imaginar el nulo adiestramiento militar y el pobre equipamiento que se les dio); pocos cañones, poca pólvora.
m) Es el día de hoy que juntas históricas de San Nicolás, San Antonio de Areco, Baradero y San Pedro tratan de establecer sin éxito la identidad y origen de muchos de los muertos, que procedían de levas apresuradas realizadas por los jueces de paz de esos pueblos a pedido de Mansilla a apenas días de la contienda.
“Carne de cañón” se dice de los soldados de línea que sobrellevan el peso del combate: ¿cómo llamar entonces a estos lugareños sin preparación militar y sin equipo?
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El combate de Obligado
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n) El 20 de noviembre de 1845 se produjo el enfrentamiento —en el recodo del Paraná que lleva ese nombre— entre fuerzas que exhibían una manifiesta desproporción de poderío. Salvo la disparidad tecnológica, todas las demás deficiencias —cantidad de hombres, adiestramiento, municiones y otros pertrechos— fueron por decisión consciente y planificada de Rosas, según queda consignado. Por ejemplo, tras unas horas de que hablara la artillería, las municiones se les terminaron, no a quienes tenían sus fuentes de aprovisionamiento a más de 12.000 Km de distancia, sino a los defensores, que las tenían ahí a la vuelta. ¿Cómo es posible? Esto es, exactamente, lo que significa lo dicho más arriba acerca de el doble papel de Rosas: gobernante de una nación que quiere hacer valer sus derechos soberanos ante un enemigo que es a la vez su socio principal.
ñ) Por eso Rosas no contraataca sobre los intereses ingleses en Buenos Aires, sino que cruza cadenas en el río y manda al muere a un contingente de paisanos corajudos para recordarles a los invasores que deben tratar con él y hacer por su intermedio los negocios con el hinterland de Buenos Aires (en el cual incluye al Paraguay).
o) Mandar una fuerza militar a la batalla sin munición es enviarla a la derrota y a la muerte. Los barcos pasaron —con más daños que pérdidas de vidas— pese a la heroica defensa, que costó 150 muertos y 450 heridos. Y un dato que generalmente se olvida: los invasores desembarcaron en Obligado superando las cargas a bayoneta y lanza que era lo único que podía oponérseles.
p) Desembarcaron y se quedaron: arrojaron a los defensores dos leguas tierra adentro y se establecieron en el lugar durante casi un año. Fue, por lejos, la más prolongada ocupación de nuestro territorio continental por una potencia europea, y sucedió durante el gobierno de Rosas. No fueron expulsados, ni siquiera combatidos. Rosas, en septiembre de 1846, reclamó ante el negociador Hood —empleado de la Baring— por la presencia de esa base de operaciones fluviales anglofrancesa y cuando Herbert reemplazó a Inglefield en el mando de la flota en octubre de 1846 decidió retirar dichas fuerzas (Rosa, ob. cit., tomo V, pág. 254, Gálvez, ob. cit., tomo 3, págs. 846 y 850): es la tercera invasión inglesa, con la diferencia de que a ésta no se la enfrentó, como a las anteriores, con todos los recursos que se podían movilizar.
(Continúa.)
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