viernes, 15 de mayo de 2015

Cuenta Borges que, según el Zohar, el mundo inferior es reflejo del superior

 
=================================================
El discurso de cfk de ayer en Río Negro y el partido en Boca parecen probarlo
=================================================
Borges (¡qué muchacho loco!) abunda en "Los teólogos" (El aleph, Alianza, Barcelona, 1998, pág. 48) sobre las consecuencias de esta metafísica: que si la tierra también influye sobre el cielo, que si lo que hay abajo es igual a lo de arriba, y demás.
Vale la pena mencionar la cuestión, porque la mayoría de las personas sustenta la idea de que el gobierno es así porque los argentinos somos así o, a la inversa, piensa que, con los ejemplos que bajan del poder, no cabe esperar otra cosa que la degradación social: “el pescado se pudre desde la cabeza”, etcétera.
Bueno: no es el caso de reeditar la estólida pregunta de qué fue primero, si el huevo o la gallina. Lo que hay entre nosotros y nuestra dirigencia, entre lo que nos pasa y lo que [en este momento] somos es una recíproca y simultánea interdependencia de causas-efectos y efectos-causas.
Reflexionando sobre un tema afín, Carlyle (u otro, no estoy seguro) intuyó sagazmente que una vez producido un hecho (y entre ellos podemos contar a los hechos psíquicos), seguirá actuando por toda la eternidad por medio de sus efectos y los efectos de sus efectos. Cuando dice "actuando" leamos "interactuando" y tendremos una visión aproximada de la olla donde hierve el cambio: la realidad.
Todo esto viene a cuento de que la presidenta —el “cuadrazo”, la “estadista”— comete una cadena nacional ilegal, y aclara que la va a hacer breve porque en su casa quieren ver el partido de Racing.
Un rato después, no en ese partido, sino en otro que es la madre de todos los partidos, suceden hechos tan asombrosos como las palabras de Krisabelita, que ponen de manifiesto una sucesión innumerable de irregularidades de todos los involucrados: dirigentes, policías, jugadores y, abreviando, también espectadores, prestos a echarles la culpa de su frustración a los jugadores de River, a la Conmebol, al árbitro... pero no a la sociedad que estamos colaborando en envilecer, con consecuencias cada vez más graves.
La cosa es así, muchachos: el partido Boca-River no es lo único que no nos ha salido del todo bien en los últimos años.
Y las otras decepciones —el saqueo y depredación de los bienes naturales, la contaminación, el trabajo en negro, la corrupción, la desocupación petrificada con los planes, los dramas de la vivienda, la salud y la educación, la obsolescencia de la infraestructura, y demás— no solo tienen una mayor relación material con nuestro bienestar, sino que podrían estar más bajo nuestro control si les pusiéramos atención.
Por lo menos, tanta como la que le ponemos a la formación de nuestro equipo la próxima fecha, o las inocuas alternativas del programa de Tinelli o de la novela de turno.
Y, si no, entonces recemos para que Dios nos ayude: esa es muy buena también, dicen.
 

1 comentario:

Jodepú dijo...

Muchas cosas salen mal. Así, al valiente soldado Berni (un teniente coronel médico, en realidad) no sólo se le filtran avionetas con vaya uno a saber qué cargas por nuestras fronteras, sino que, además de los barras con las bengalas y el líquido irritante, la 12 le metió ¡UN DRONE! en la Bombonera. Otro cuadrazo el gordito. Por las dudas, encendamos una vela a San Fúlmine, así lo ayudamos, pues cuando anda cerca el Secretario de Seguridad de la Nación... ¡en dicho lugar siempre se cometen los delitos que él ha intentado noblemente evitar!