martes, 15 de octubre de 2013

¿Qué dijo Cabandié? ¿Qué dice la ley? ¿Qué dice Freud de Cabandié?


¿Busca un buen diputado? Piense en lo opuesto a este, y ya está.

El video* de la discusión del legislador porteño Juan Cabandié con la agente de tránsito deja mucho material de análisis, más allá de que los cortes realizados por la edición pudieran haber suprimido partes que no favorecían los fines de quien los hizo, y de que da la impresión de que los fragmentos han sido elegidos con el propósito de dejar mal parado al legislador. Pero todo eso forma parte del terreno de las conjeturas. Voy a ocuparme de lo que sí se ve y oye: de algunas frases que pronuncia Cabandié que, con edición o no, son estructuras o sintagmas plenos de sentido, no afectados por los cortes.

Hay tres temas que quiero examinar someramente: 1) el sustrato legal del procedimiento vial objetado por Cabandié; 2) la sanción contra la agente, pedida por este, y 3) el significado —no tan oculto— de algunas de las expresiones del legislador que quedaron en el video.

 1) LA LEY

Quien lea las minuciosas estipulaciones de la ley 24.449 de tránsito y seguridad vial se dará cuenta de que, en un control, un examen exhaustivo del cumplimiento por un automovilista y su vehículo de todos los requisitos exigidos para circular podría durar muy largo rato. Por eso, en general, todo se reduce a verificar la documentación, las placas, las luces, el baúl y algunas pocas cosas más. Sin embargo, a veces la requisa se torna en extremo minuciosa. Las siguientes son alguna de las causas de que ello suceda:

a) Hay motivos para sospechar alguna irregularidad;
b) El automovilista puso mala cara o contestó de mal modo;
c) Los responsables del control están presionados para detectar infracciones;
d) El automovilista tiene cara de pichi, y los inspectores ganas de entretenerse un rato;
e) Los agentes quieren evidenciar su decisión de encontrar algo mal, para suscitar la disposición del conductor a salir del problema mediante un atajo monetario, o, directamente, lo solicitan; etcétera.

En realidad, un control exhaustivo no significaría otra cosa que cumplir con la ley. Sin embargo, esa decisión tiene un costado dialéctico: mientras se busca y rebusca en un vehículo, pasan sin revisión otros doscientos, de modo que el operativo escrupuloso finalmente resulta mezquino a los efectos de detectar irregularidades.

Entonces, vamos al caso Cabandié: “Me tuvieron cuarenta minutos —contó hace pocos días en Radio Nacional Rock**— (...) les mostré el botiquín, el matafuegos, todo, pero seguían preguntando y repreguntando sobre el último comprobante que yo no tenía, y me dijeron que me iban a secuestrar el auto”. Aquí llegamos al punto. O, mejor dicho, a los dos puntos: 1) según los dichos de Cabandié, le estaban buscando el pelo al huevo, con el fin de que los coimeara, y 2) le informaron de que debían secuestrarle el auto. En el video, esto último queda reflejado así:

—¿Cuál es la normativa para decirme que me vas a secuestrar el auto? —pregunta Cabandié a la agente.
—Estás en falta, no tenés el seguro. Sabés que el seguro es reglamentario.
—¡Eso es una contravención, querida! ¡Eso es una contravención; eso no te habilita a poder secuestrar un auto!

Cabandié, legislador, desconoce la ley y se resiste a su cumplimiento: la Reglamentación general de la ley 24.449 de tránsito y seguridad vial, en su artículo 40, exige:

Requisitos para circular.
El incumplimiento de las disposiciones de este artículo impide continuar la circulación hasta que sea subsanada la falta, sin perjuicio de las sanciones pertinentes.
a) (...)
c) La posesión del comprobante de seguro obligatorio diseñado por la Superintendencia de Seguros de la Nación..., etcétera.

Y es correcto que así sea, porque tal infracción es de acción permanente: si el vehículo carece, por ejemplo, de las luces reglamentarias, o su conductor de la documentación que lo habilita a circular por la vía pública, ambas cosas van a subsistir si el vehículo continúa su marcha, aunque se haya levantado un acta de infracción.

Pero si Cabandié conociera la ley, sabría que esta, sin dejar de habilitar la posibilidad de secuestrar el vehículo a causa de la falta de documentación, la relativiza: el artículo 72, inciso c, provee de mayor elasticidad a la retención preventiva del vehículo:

c) Se puede impedir la circulación de vehículos, cuando afecten la seguridad, la estructura vial o por falta o ilegitimidad de la documentación, según los casos taxativamente enumerados en el artículo 40.

Nótese: "se puede", no "se debe". Si Cabandié hubiera conocido y mencionado la posibilidad legal de no retener el vehículo, en lugar de —por ignorancia de la ley— cargarse de odio y ponerse de punta con los agentes, quizás el episodio habría tenido otro desenlace y no hubiera llegado al extremo que se analiza en el segundo punto.

2) PEDIDO DE SANCIÓN A LA AGENTE

En las escenas que se ven en el video, la agente actúa de acuerdo a derecho y sin faltarle el respeto al legislador. Pese a ello, Cabandié, ostensiblemente y de modo claramente intimidatorio, pide in situ por teléfono sanciones contra ella:

—Pasale el dato a Martín, pero no para que la echen: para que le apliquen un correctivo, porque es una desubicadita, ¿entendés?

Recalco que el comportamiento de la agente es correcto en las escenas que se ven, y el tono sereno y las palabras mesuradas con los que se expresa hacen suponer que ello ha sido así en general. No puede decirse lo mismo de Cabandié, que luce exaltado y no poseedor del control total de sus palabras, como veremos.

Entonces, queda claro que, exasperado, pide una sanción para una funcionaria que se comportó con corrección. Lo cual no sería tan terrible si, pasada la ofuscación, reflexionara, viera todo el suceso en perspectiva (en la cual estuviera incluido que él no tenía razón respecto del secuestro del vehículo) y llamara al tal Martín para decirle que no tuviera en cuenta su pedido anterior.

Pero hoy sabemos que no fue así: que sigue sin interiorizarse acerca de la ley y que no se rectificó respecto del pedido de sanción contra la agente que cumplió con su deber.

Incluso fue peor, según él mismo nos lo cuenta en el mencionado reportaje de Radio Nacional Rock:

Después dije esto al Ministerio de Seguridad y me llamó el jefe de la regional de Gendarmería y me pidió disculpas diciéndome que lo que pasó fue que “usted no dijo quién era”.

El jefe le pidió disculpas ¡porque la agente actuó correctamente!, y le hizo saber que su criterio, ante un infractor, es informarse de la posición que este ocupa y adaptar a ella el procedimiento.

¿Y Cabandié?

Nada. No dijo “para ese funcionario no he pedido un correctivo, sino la baja, porque tiene responsabilidad de mando y la emplea para transmitir una idea extraviada de cómo se debe actuar en una república, a saber, sin hacer distinción del poder, de la riqueza o de la imagen pública que tengan las personas”.

Pero hay más.

3) EL INCONSCIENTE DE CABANDIÉ

“Bancar”, en nuestro medio, tiene dos acepciones bien distintas: cuando se usa precedido de “me”, “te” o “se” significa “padecer”, “sufrir”, “tolerar”: “Me banqué una cola interminable”; “se bancó lo que le hicieron en la despedida”. Con “a” o sin ella, expresa “sostener”, “apoyar”, “ayudar”: “Acá bancamos a Juancito”; “ese banca todo lo que sea yanqui”.

En los breves fragmentos del video Cabandié usa “bancar” en los dos sentidos: la primera vez le dice a la agente:

Yo soy más guapo que vos. Porque yo me banqué a la dictadura... ¿eh?

Cabandié nació en 1978. La dictadura terminó en el ’83. Por lo tanto, entre los cero y los cinco años de edad se bancó la dictadura a lo guapo. La joven no es guapa, porque astuta y cobardemente nació nueve años después de la retirada de los militares. Sí, hay que reconocerlo: es un punto para Cabandié.

También, agrega Cabandié, es más guapo que ella porque es hijo de “desaparecidos”. Es raro: tan “desaparecida” no estaba su madre,  si él sabe que lo trajo al mundo en la ESMA. Más bien estaba secuestrada, en cautiverio ilegal, ¿no? Pero Cabandié prefiere llamarla “desaparecida”, como quería Videla.

Continúa el legislador:

...porque yo pongo huevo. Porque yo tengo que estar... estoy donde tengo que estar: bancando a los hijos de puta que quieren arruinar este país.

En este punto, Freud, que trataba de concentrarse en su lectura, alza bruscamente la cabeza y lo mira, interesado.

Cabandié acaba de usar el verbo “bancar” en el otro de sus sentidos: ha dicho que defiende, ayuda, apoya a los hijos de puta que quieren arruinar este país.

Yo no creo —aclaro— que los “hijos de puta” que apoya Cabandié quieran arruinar el país. Ellos y sus cómplices solo quieren exprimirlo para enriquecerse; la ruina solo es una consecuencia —conocida y aceptada ​ por ellos​— de su codicia y brutalidad. Lo que sucede es que Cabandié, en su lapsus linguae, ha producido una abreviación: “Apoyo a los hijos de puta que quieren [robar, saquear y depredar todo lo que puedan, lo cual sin duda va a terminar por] arruinar este país”.

Por supuesto, Cabandié y sus cómplices van a negar todo valor como confesión involuntaria a su espontánea declaración. Freud se adelantó doblemente a esa objeción: primero, al afirmar que toda equivocación, por más insignificante que parezca, tiene su sentido, y es la expresión de material reprimido; y segundo, que “todo el mundo” coincide en dar a las equivocaciones orales y otros fallidos (cuando les suceden a los demás) el significado de hacer visible lo que se procuraba ocultar, no solo a los otros, sino incluso a sí mismos.

4) RESUMEN

1) Cabandié, después de más de seis meses, sigue sin estudiar la ley y, por lo tanto, reitera erróneamente que no tenían derecho a retenerle el auto.

2) Repite incansablemente que los gendarmes pretendían que los coimeara para dejarlo ir. Es una imprudencia, de su parte: en todo caso, esos son los gendarmes que su gobierno puso en la calle y cuya probidad y disciplina debiera controlar, y este país de coimeros es el que su partido viene administrando desde hace diez años (por no ir más lejos).

3) Gestionó y obtuvo una sanción indebida para la joven que cumplió su deber con corrección, y no hizo eso con el jefe que se manifestó partidario de un tratamiento desigual en favor del poderoso.

4) No chapea como diputado, pero sí como hijo de víctimas de desaparición forzada, y cree, erróneamente, que eso lo provee de mérito para mirar a la joven desde una posición de superioridad.

5) Se enreda en una serie de desatinos, y termina por confesar ser parte de un gobierno de “hijos de puta”.

Conclusión: A mi entender, todo esto pone de manifiesto que Cabandié no reúne las condiciones morales, ni intelectuales, ni emocionales para desempeñar el puesto al que aspira, ni ningún otro en el que pueda tomar decisiones que afecten la vida de las personas.




3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Juan del sur, por favor lea el articulo 2º de la disposicion Nro. 70/2009 de la AGENCIA NACIONAL DE SEGURIDAD VIAL. No quede como un boludo ante la sociedad.

Juan del Sur dijo...

1 - Me place que Anónimo considere prudente apelar al anonimato;
2 - Me place que Anónimo apele al insulto para contradecirme;
3 - Me place que Anónimo me contradiga porque piensa que una disposición puede modificar a un decreto o una ley nacional: ignora lo que es el rango en el ordenamiento jurídico.
Ante todo esto, quedo obligado a jurar que no le he pagado a Anónimo para que me prestigie con una refutación tan burda.

cain dijo...

fantástico!! avanzaste con la corrosividad en los artículos. buenísimo !!!