jueves, 18 de enero de 2018

Nisman: la penúltima escena


LLEGAN DOS TIPOS al departamento de Nisman: ¡rin!
—¿Qué desean?
—Buenas tardes. Venimos a matarlo, fiscal.
—Imposible en este momento. Estoy ocupadísimo. A ver qué podemos hacer... ¿cómo les queda el jueves de la semana que viene?
—No. Tiene que ser ahora.
—¡Qué contrariedad! No saben el perjuicio que me causan. Bueno, pero si es rapidito...
—Sí, sí, quédese tranquilo. Pero tenemos un problema...
—¿Qué les pasa, ahora?
—Nos olvidamos de traer un arma...
—¡Vos te olvidaste! ¡Eso era responsabilidad tuya!
—Bueno, no discutamos acá delante del doctor...
—¡Eh, no! ¡Dijeron que iba a ser rapidito, y ahora salen con problemas! Así, no va. Listo. Déjenme trabajar. Vuelvan otro día. Ahí tienen la puerta.
—¿Viste? ¡Te dije!
—¡Pará, pará! ¿De qué lado estás? ¿Ya querés recular? Doctor, no le haga caso, es un flan, un mantequita. Eh... doctor, ¿usted no tendría una para prestarnos un momento?
—¡Qué voy a tener yo esas cosas!
—¿Y la que le dio Lagomarsino?
—¡Ah, qué enterados están!
—Y, ¿vio? Somos del oficio.
—Sí, del oficio, y vos venís a asesinar a alguien y no traés el arma.
—No empecés de nuevo. ¿Y, doctor? ¿Nos la presta?
—Imposible. Va contra la ley.
—¡No, por favor: eso no lo diga! No nos tome el pelo porque nos va a hacer enojar, y nosotros enojados somos capaces de cualquier cosa.
—¡Ufa! Ya me hartaron. Bueno, acá la tienen. Pero después me la devuelven, ¿eh?

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