miércoles, 5 de diciembre de 2012

Idiota


La idiotez en los comportamientos sociales hace difícil, ineficiente y penosa la vida de las personas. Los que son desconsiderados con sus semejantes y destructivos con el hábitat ciudadano y el ambiente natural, a la corta o a la larga se causan daño a sí mismos.

Cuando Aristóteles, en el tomo 1 de su “Política”, definió al hombre como lo que en caracteres romanos equivale a “zoon politikon”, y en una traducción rápida a “animal político” estaba diciendo algo más que eso. Siguiendo a Kitto, esa expresión debe ser interpretada como que “el hombre es una criatura que vive en una polis”, porque un humano solo lo es en un marco en el cual pueda realizar sus aptitudes morales e intelectuales. 
Consiguientemente, los griegos, y particularmente los atenienses, despreciaban a los ciudadanos que no contribuían a la gestión de los asuntos comunes de la polis y al perfeccionamiento de sus instituciones. Y los llamaban “idiotes” o “idiotis” de “idios”, particular, privado, y eran quienes desoían sus responsabilidades como ciudadanos para ocuparse únicamente de sus propios asuntos.
Cuando desapareció la polis, y con ella el compromiso espiritual y vital con el organismo social, el significado de la voz “idiota” tomó otros rumbos: como término psiquiátrico, para designar la carencia grave de facultades psíquicas; en el lenguaje popular, para designar a personas con escasas luces.
Pero, a mi modo de ver, hay una definición que condensa las tres acepciones de “idiota” mencionadas: la que designa a la persona que no es consciente de las consecuencias de sus actos, o se desentiende de estas. O sea, el que actúa irresponsablemente dentro de una comunidad, en perjuicio de ella y, en definitiva, en detrimento propio.
Carlo Maria Cipolla, de quien ya he hablado en otra parte, destaca los efectos catastróficos que tiene la idiotez cuando está muy extendida en una sociedad, a causa de que suele manifestarse en todos los ámbitos —familiar, laboral, social, político—. Por eso, sin perjuicio de lo que hagamos por mejorar cada uno de los espacios en que estamos insertos, no debemos perder de vista que la idiocia, en su contenido universal, es un ingrediente omnipresente en todos nuestros males, al cual se debe identificar en su carácter de concausa y combatir de modos específicos.

Uno de esos modos es el que han encontrado quienes crearon la Fundación por un Mundo con Menos Idiotas, cuya página invito a visitar:

 

http://www.facebook.com/MenosIdiotas

 

Podrá decirse que es superficial o parcial, o interponer otros mil reparos. Pero no seamos idiotas: a nadie se le impide hacerlo mejor.

Si puede.


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