domingo, 21 de febrero de 2010

Para piojos, los que llevamos dentro

.
Los piojos están en una bolsa que llevamos dentro - Juan José Millás

O sea, qué vergüenza, resulta que estoy en la peluquería comentando con el estilista los incendios de nuestros hospitales y el juicio del de Alcalá 20, cuando observo que Manolo hurga con los dedos entre mi cabellera como si hubiera perdido las tijeras.
—¿Se trata de un masaje nuevo? —le pregunto.
—No, hijo, es que tienes pipis.
—¿Qué es eso de pipis?
—Piojos, corazón, y liendres como huevos de gallina.
Para mí los piojos están asociados a la miseria, de manera que le pido que baje la voz y le digo que cómo voy a tener piojos si me lavo todos los días con un champú de uso diario que él mismo me ha recomendado.
—A los piojos les gustan las cabezas limpias.
En fin, que tengo piojos, que soy un piojoso, vamos. Abro el diccionario y leo que el piojo es un insecto anopluro. Me da miedo buscar anopluro, más por lo de ano que por lo de pluro, pero en un arranque de valor me enfrento a la palabra: "Dícese de los insectos chupadores ápteros que viven como parásitos en muchos vertebrados". Al menos me reconocen como vertebrado.
No digo nada en casa y escondo en la mesilla de noche los champúes especiales que me ha vendido Manolo para despiojarme. Pero, mira por donde, ese día aparece mi hijo con una carta del colegio en la que se nos pide que revisemos atentamente las cabezas de los niños, pues han detectado una invasión de anopluros, normal, por otra parte, en estas fechas. Eso me tranquiliza; mi hijo va a un colegio de pago, de manera que la cosa no puede ser tan grave como había pensado: por un momento tuve la impresión de estar regresando a la infancia.
Llamo a Manolo, le leo, para justificarme, la carta del colegio y me dice que sí, que ya lo sabe, que es normal, y a continuación me cuenta una historia increíble que no es mía, ya digo, es de Manolo; si se me hubiera ocurrido a mí no me atrevería a escribirla: según él, en el otoño y en la primavera las cabezas de los niños de Madrid se llenan de insectos chupadores, porque los fabricantes de champúes antiparasitarios pagan a unos señores muy malos para que vayan a las salidas de los colegios y les echen liendres al tiempo que les acarician la cabeza. O sea, que junto a la figura urbana del malvado que les da caramelitos con droga para aficionarles a la evasión desde pequeños, hay un señor con gabardina que lleva unas cajitas llenas de huevos de piojos, que distribuye entre la población infantil como el que siembra marihuana en la clandestinidad de su azotea. Luego ponen unos cuantos anuncios en la tele y a forrarse.
Yo, insisto, no puedo creerme esto, porque, además, ahora recuerdo que en mi barrio, que estaba lleno de piojos, había una mujer de Cuenca que le explicó a mi madre que los piojos aparecen cuando se rompe la piojera, que es una bolsa que llevamos todos dentro de la cabeza y que está llena de esos bichos ápteros. Cuando te das un golpe o te rascas con más furia de la habitual, se rasga la membrana que los separa del exterior y salen. O sea, que los piojos no vienen de fuera, sino de dentro, como la gripe, que también es una enfermedad del alma.
Paseo por las calles intentando recordar contra qué esquina me he golpeado la cabeza últimamente y al observar toda la miseria que me sale al paso, comprendo que mi vecina tenía razón: todo eso no viene de fuera, sino de lo más profundo de la identidad que nos estamos construyendo, igual que los incendios: la chispa originaria está dentro, en nuestro corazón. Por eso es tan difícil encontrar un culpable.


http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/millas/articuento189.htm

El hierro y el oro


...que la Tierra cayó en manos
de unos locos con carnet.

("A quien corresponda...", Serrat, 1981).

Leo una interesante nota de Osvaldo Bazán acerca de las Malvinas (No sé qué hacer con Malvinas, “Crítica”, 20-2-10). En ella confiesa que en 1982 —por lo que dice, tendría 18 o 19 años— se alegró cuando Galtieri anunció la toma de las Malvinas, y que en estado confusional repetía "como un tarado", “¡que traigan al Principito!”, él, que se confiesa incapaz de mirar películas con “mostros” porque le dan miedo y que la única vez que se agarró a piñas en la escuela salió segundo.
El apoyo a la canallada fascista de las Malvinas es uno de los pocos errores que no he cometido. A mí me causó angustia y desesperación despertarme aquel 2 de abril con esa terrible noticia: me sentía, y no estaba alucinando, como en la Alemania nazi.
¿De quién son las Malvinas?, se pregunta Bazán hoy, y va más allá en sus interrogantes: ¿de quién es la Argentina?
Es un avance importante, pero, a mi entender, aún incompleto. La pregunta que nos debemos hacer, como seres humanos, es: ¿de quién es el mundo?
Continúa Bazán: "San Juan es la Argentina pero el oro de San Juan ¿de quién es?". Ahí es donde discrepo, porque una mala pregunta induce respuestas erróneas: Ese oro no es de nadie. Ese oro es como el hierro que yo tengo en mi cuerpo: ¿cuánto será?, ¿tres gramos? Pongámosle, tres gramos. Si lixiviamos a los 7.000 millones de habitantes del mundo y les extraemos el hierro que contienen obtenemos 21.000 toneladas de hierro. ¡Qué bueno, 21.000 toneladas de hierro vienen muy bien! Sí, pero matamos a toda la humanidad para obtenerlas.
Lo mismo pasa con el oro diseminado, el oro que forma parte de la roca en proporciones que en los casos que se consideran rendidores alcanza alrededor de 20 g por tonelada.

Oro, 20 g por tonelada = 0,002%
Hierro, 3 g por c./70 kg = 0,004%

Una relación del mismo rango, qué curioso.
Si yo me trago una cucharita y antes de que me haga más estropicio me abren el estómago, o sea, me practican un túnel y me sacan ese hierro concentrado en forma de veta —unos 30 gramos, pongámosle— capaz que repunto y todo. Pero el hierro que yo tengo diseminado es como el oro disperso en la roca: para sacarme esos tres gramos me tienen que matar.
Para aprovechar el oro diseminado en la Tierra la tienen que asesinar.
Así de claro.

domingo, 14 de febrero de 2010

¡Cuidado con la velocidad!


La Tierra dista del Sol 150 millones de km, o sea que el diámetro de su órbita es de 300 millones. Por lo tanto, su recorrido anual es de 300 millones por 3,1416 = 942,48 millones de km que, divididos por 365, dan 2,582 millones de km por día y 107.589 km por hora.
A su vez, alguien situado en el ecuador a nivel del mar, por efecto del movimiento de rotación, se mueve en 24 horas 40.000 km, que es la circunferencia de la Tierra. Cuando el sentido de la rotación de un punto de la superficie terrestre situado en el ecuador coincide con el de traslación eso le agrega 1.667 km/hora de velocidad (40.000 dividido 24) al incauto que ande por ahí.
Por fin, si un fulano cruza el subcontinente de América del Sur en un avión comercial desde Lima a Brasilia —que no va sobre la línea del ecuador, pero como la distancia no es grande (esa ruta discurre entre los 12º y los 15º de latitud sur), la altura a la que vuela el avión compensa la progresiva disminución de la velocidad de rotación a medida que nos acercamos a los polos—, suma la velocidad del avión (digamos, 900 km/h) a las de traslación y rotación de nuestro planeta.
Resumiendo:

............107.589
..............1.667
................900
............-------
............110.156


El tipo en cuestión va a 110.156* kilómetros por hora, y sin despeinarse.


* S.E. u O.: El planteo y todos los cálculos son míos, así que lo más probable es que estén completamente equivocados. Se aceptan observaciones.

Honrar la vida - Chumy

. Chumy Chúmez

Soy de lo peor


Kirchner agarra, va y se enferma. Ante esa situación, se manifiestan varias actitudes:
1) Sus partidarios y los que lo aman desean que se cure. Lo mismo anhelan las personas buenas, esas que no le desean mal a nadie, a ningún ser humano. Porque Kirchner es un ser humano, ¿eh?, como Susana Giménez, o la Hiena Barrios, o Carrió, o Etchecolatz, o Menem, o el presidente de la Barrick Gold. ¡Hasta Cobos es un ser humano!
2) Están también los que el asunto les importa tres belines y se sientan ante el televisor a mirar el partido de críquet entre los Milwaukee Milkies y los Toronto Blockheads.
Además, estoy yo, que no entro en ninguna de las anteriores categorías.
Y está Caparrós, que me fulmina con su espada flamígera: "Tanto odio: interesante, didáctico ver las huellas del odio", dice, refiriéndose a quienes se alegraron ante el percance vascular del presidento, en El bronce o la plata, "Crítica", 12-2-10.
Qué, ¿tengo que desearle a K buena salud y larga vida, entonces? Lo lamento, no me sale. Odio, sí, pero odio de clase por lo que él representa dentro de la estructura que han montado —con nuestro dinero— para someternos. ¿Caparrós será de los buenos-buenos que no quieren que se muera nadie, pero nadie-nadie? Yo carezco de esa bondad angélica, ómnibus. Al menos, no alcanza al principal gestor y responsable, en esta etapa, de este sistema explotador, rapaz y depredador que es causa de tanta ruina y miseria.
¿Qué pretende Caparrós? ¿Tendría yo que haber hecho una cadena de oración para que se salve el Hombre (como ha comenzado a llamarlo su Mujer), y prendido velas en la vereda de Arcos del Sol? ¿O haberme hecho el sota como si lloviera en Alaska, silbar, mirar para el costado y tratar de no sentir nada?
Lástima que Caparrós no dijo qué sintió o qué hizo él: capaz que es un paladín del Amor Universal y lo disimula, el muy modesto.
Si no fuera así, y tampoco —como da a entender— sintió odio, al menos debería contarnos cómo salieron los Milkies con los Blockheads.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Yo remé en el Anguilas

.
Al leer ese título todos deducirán, correctamente, que el Anguilas debe de ser un curso o un espejo de agua. Pero no muchos saben dónde queda: el arroyo Anguilas cruza la isla del Delta más próxima a la ciudad de Buenos Aires —tierras fiscales—, enfrentada a Victoria y Virreyes, río Luján por medio.
El Anguilas nunca me defraudó cuando quise deslumbrar a alguien con un agreste compendio del Delta, circunscripto en un recorrido de menos de cuatro kilómetros. El ingreso desde el Vinculación, velado por juncales y cruzando la barra por una canaleta que había que conocer; el primer tramo, con los palafitos de los isleros más "socializados", levantados en los desmontes de la selva en galería propia de la zona; los estrechos del arroyo, con la fronda juntándose arriba; más palafitos, dispersos y misteriosos; troncos tendidos a flor de agua o bajo ella, dispuestos a dar una sorpresa; camalotales y bajíos; brazos ciegos en los cuales era imprescindible y delicioso perderse... si no se tenía la noche encima; y, tras un buen trecho, una oculta laguna que se abría inaparente en la ribera izquierda escondiendo el eterno drama y la belleza de su fauna primordial. Después de dejarla atrás, la vegetación arbórea gradualmente perdía altura, raleaba y finalmente desaparecía, reemplazada en ambas orillas por interminables juncales, hasta que, al voltear el último recodo, anonadaba la inmensidad del río de la Plata, con los minúsculos edificios de la gran ciudad asomados allá en el fondo.
Todo eso se acabó.
Alguien compró la isla, y el arroyo.
Alguien los vendió.
Ahora se construye un emprendimiento de un millar de lujosas casas, llamado "Colony Park, Isla Privada", luego de arrasar —arrasar— con las viviendas y las posesiones de los isleros y de suprimir sus medios de vida. Pero no sólo eso: el proyecto supone una drástica alteración de la geografía en todos sus aspectos: relieve —elevación del terreno varios metros—, hidrología, fauna, vegetación.
Todo en beneficio de unos pocos, que tienen varios centenares de miles de dólares para comprar esas propiedades, que más que "viviendas", como se dice, son el berretín del que quiere tener allí una casa con marina y arroyo propios. ¡Ah!: y en beneficio, también, del que autorizó el proyecto.
En momentos en que, pese al agudo déficit de viviendas, los créditos hipotecarios apenas si se mueven, atento a que se requieren ingresos mensuales de alrededor de diez mil pesos (¿cuántos trabajadores los tienen?) para aspirar a comprar departamentos de medio pelo, los beneficiarios de las políticas kirchneristas —porque lo que falta en un lado es que fue a parar a otro— disponen para su solaz y recreo de sobrantes que sextuplican o más el valor de un "dos ambientes".
Extrañaré el Anguilas, pero tengo que reconocer que la redistribución del ingreso que ha encarado con toda decisión nuestro gobierno marcha viento en popa.

jueves, 4 de febrero de 2010

Creyentes, crédulos y creedores

.Wagensberg - Foto "Clarín"

Mis frases, todos estos pensamientos, tienen fecha de caducidad. No pretendo que valgan para siempre, no son los versículos de una fe que pretende ser eterna. [...] Pensar es pensar la incertidumbre.

¿Qué es un crédulo? Un crédulo es alguien que asume una verdad fácilmente, sin exigir demasiadas garantías a la realidad que debe soportarla. [...]
Ser creyente es, sencilla y llanamente, el grado máximo de credulidad, el caso más grave. [...]
Creedor: el que cree con garantías razonables y está dispuesto a cambiar la verdad vigente por otra más coherente (con menos contradicciones) y/o más completa (con menos lagunas). Un científico, como científico, es siempre un creedor de la creencia en la que trabaja, nunca un creyente o un crédulo. El método científico (basado en la objetividad, la inteligibilidad y la dialéctica con la realidad) sirve para tratar ideas, no tanto para captar ideas. Por eso, el científico necesita creer, partir de una creencia. Cree en una idea, pero luego la pasa por el método. Si después de la colisión creencia-realidad la creencia queda libre de paradojas de contradicción (la realidad dice A y la creencia dice no A) y de paradojas de incompletitud (la realidad dice A y la creencia no dice A ni no A), entonces el científico continúa creyendo. En caso contrario abandona la idea y busca otra. En resumen: creedor sería el que exige todas las garantías que la realidad pueda ofrecer en un momento y lugar; crédulo, el que exige muy pocas, y creyente, el que no exige ninguna.
Lo mejor que la humanidad ha hecho en favor de sí misma ha sido por la gracia de algunos creedores que empujan y para la desgracia de algunos creyentes que se resisten. La esclavitud humana fue compatible con millones de creyentes de cientos de miles de religiones desde el amanecer de la humanidad hasta ayer mismo. La abolición de la esclavitud no estaba impresa en ninguna creencia de creyente, fue un boceto de creedor. Algo parecido ocurre con la liberación de una de las dos mitades de la humanidad: las mujeres. La democracia hunde sus raíces en una creencia de creedor; cualquier otro sistema político lo hace en una creencia de creyente. Lo que más se acerca a un absoluto en materia de exigencia moral quizá sea la llamada Declaración de los Derechos Humanos. No conviene ser creyente ni siquiera en honor de tan hermosa idea, porque cualquier día caemos en la cuenta de que falta un nuevo derecho o un nuevo matiz. Yo apuesto por los creedores. Y si a la hora de organizar la convivencia humana hay que elegir entre un creyente o un crédulo, por favor, que sea un crédulo.

Jorge Wagensberg, "Creyentes, crédulos y creedores"
"El País" - http://www.elpais.es/http://digital.el-esceptico.org/leer.php?id=574&autor=248&tema=70

La cortesía de los hombres

. Afiche de la República Española (modificado)

Observaciones acerca del estado de degradación al que se ve reducida la mujer por diversas causas

[...] Deploro que las mujeres se vean sistemáticamente degradadas por las triviales atenciones que los hombres consideran viril prodigarles, mientras que, de hecho, mantienen precisamente así su propia superioridad. Inclinarse ante un ser inferior no es condescendencia. Todas esas ceremonias me resultan tan ridículas que apenas si puedo controlar mi reacción cuando veo a un hombre recoger un pañuelo o cerrar una puerta con grave y afanosa solicitud, cuando la dama podría muy bien haberlo hecho ella misma con sólo dar uno o dos pasos.
Un deseo insensato sube de mi corazón a mi cabeza y no lo reprimiré aun cuando pueda provocar risas. Deseo sinceramente ver desaparecer de la sociedad la diferencia entre los sexos, salvo cuando se trate de relaciones amorosas, pues esta diferencia es, estoy firmemente convencida, el fundamento de la debilidad de carácter que se les atribuye a las mujeres, la razón por la cual se descuida su espíritu mientras se les obliga a adquirir todo tipo de habilidades con meticulosa atención. Por ello las mujeres prefieren la elegancia al heroísmo. [...]

Mary Wollstonecraft (1759-1797), Vindicación de los derechos de la mujer, Madrid, Editorial Debate, 1998.

sábado, 30 de enero de 2010

¿Perdido?

. El Roto

¡Tres por día! ¡Y con este calor!


No es fácil de sobrellevar. Y me quedo corto; hay días que más: cuatro o cinco declaraciones o pronunciamientos o insinuaciones u ofertas tipo “¡Llame ya!” instruyéndonos acerca de que la deuda externa —y el Fondo del Bicentenario, en particular— es el problema de nuestras vidas, que no es posible ni deseable ocuparse de otra cosa.
¿Será verdad?
Algunos de los fogoneros de esta idea —por ejemplo, Mario Cafiero— agregan una oferta irresistible: ¡si llama dentro de los próximos cinco minutos le regalamos una banderita para que vaya a manifestarse por los derechos argentinos sobre las Malvinas y sobre amplias porciones del Atlántico Sur!
Ahí es donde a uno le da como cosita: ¿será posible que nuestro extenso territorio y dilatada plataforma marítima, con sus ingentes riquezas, no hayan sido capaces de proporcionarnos a los argentinos, hasta ahora, lo que sí podrán aquellas inhóspitas regiones?
Y, puesto uno a pensar —porque pensar es un vicio que cuando lo agarra a uno, no lo suelta así nomás—, ¿será verdad que los 6.500 millones de dólares del Fondo del Bicentenario, que representan un 2,1% de nuestro PBI y menos del 5% del gasto público total, tienen una importancia tan decisiva sobre el bienestar de la población?
La verdad que se queda uno muy dubitativo y perplejo, y en ese estado la mirada se posa sobre un dato interesante: en 2009, contando sólo a las empresas que cotizan en Bolsa, las multinacionales imperialistas se alzaron con 21.000 millones de u$s. Y Cafiero, por su lado (creyendo abonar su causa) nos informa de que la fuga de capitales alcanza un ritmo de 18.000 millones de dólares anuales. O sea, en sólo dos rubros —y hay más— se van afuera 39.000 millones de dólares anuales.
Sin embargo, se nos adoctrina de que es urgente e imperioso que nos movilicemos por u$s 6.500 millones (que no es poco; confieso que yo, hasta que cobre, no tengo tanto dinero).
¿Por qué será?

Deuda externa: hay una lucecita

Y la lucecita me vino leyendo “Posta Porteña”, que reproduce una nota de Juan Kornblihtt, “El problema no es la deuda”, aparecida en Razón y Revolución el 20 de este mes. Dice en uno de sus párrafos:
“Esta es la razón por la cual la consigna "no pago de la deuda" es sustancialmente correcta pero incompleta. Es correcta no porque, como suele escaparse por allí, haya sido concebida de manera fraudulenta: toda la deuda, incluso aquella que pudiera reputarse "legítima" según criterios burgueses, no es más que masas de plusvalía producto de la explotación capitalista. El no pago debe justificarse como limitación a la explotación y no como "indignación" contra el robo "a la nación". No queremos pagar la deuda por la misma razón por la cual no queremos seguir produciendo plusvalía. No sostener esta consigna sobre esta base da pie a conciliaciones perniciosas con fracciones pequeño-burguesas que construyen ilusiones en torno al "buen capital productivo nacional", al estilo Pino Solanas o incluso el mismo kirchnerismo.”
¿Vio cómo el asunto está en poner en correcta perspectiva los 300.000 millones del PBI, respecto de los 6.500 millones del Fondo del Bicentenario?
Y remacha Kornblihtt más adelante:
“La izquierda no debe dejarse arrastrar por el nacionalismo pequeñoburgués del solanismo. Es más, debe dar un paso adelante negando el derecho a las dos fracciones políticas de la burguesía a decidir sobre el destino de esa masa de riqueza social. Para ello, la consigna debe completarse con medidas organizativas en ese sentido: una convocatoria a todas las organizaciones políticas y sociales populares a una asamblea nacional que exija el derecho del proletariado a participar de la discusión sobre el destino de la riqueza social. [...] Por lo tanto, es hora de avanzar hacia el control de la riqueza en manos de quienes la producen.”
Así mirada, queda clarita la intención de los que quieren imponernos a todo trance la agenda en la cual la deuda es tema excluyente: como los teros, tienen los huevos en un lado y pegan los gritos en otro.

“Más” = “más para nosotros” es una falacia

Todas las movilizaciones que pongan el eje en la deuda, por más unánimes que sean, no van a mejorar la situación de las víctimas del sistema. Servirán, acaso, para que el gobierno y los intereses económicos que representa, con esa coartada, logren pactar una renegociación más conveniente... para ellos. Y la repentina liberación de recursos de que se verán favorecidos seguirá el destino de lo que ya disponían: el de sus negocios, ganancias y privilegios. O sea, la idea de “no pagar para tener más para nosotros” no es correcta; es “más para ellos”, ¡qué lástima!
Pero disponemos de un camino infalible: utilizar nuestra fuerza activa como trabajadores y la de los sectores dinámicos de la sociedad asociados con nosotros para pelear cada peso de la plusvalía —y con eso evitar que se lo lleven los explotadores de adentro y de afuera— y fortalecer nuestras organizaciones sindicales y políticas para poder estar, algún día, en condiciones de decidir que se hace con el PBI, con el presupuesto, con la salud, con la educación, con la vivienda y con la deuda, también.
Quiero ser claro, a riesgo de ser reiterativo: cada peso que rescatemos —para nuestras necesidades— de lo que nos sacan los explotadores es un peso menos que tendrán para darles a sus socios acreedores, un peso menos que éstos se llevarán... ¡porque la deuda se paga con lo que nosotros producimos y no percibimos!
En cambio, si la consigna es “no pagar”, eso no nos garantiza ninguna mejora. Al contrario, al acoplarnos a ella paralizamos nuestras demandas y desvirtuamos el objetivo de nuestras organizaciones y, por lo tanto, las debilitamos: nos ponemos de felpudos.
Alguien, en otro lugar del mundo y hace ya ochenta años, levantó la consigna del no pago de la deuda como solución a los problemas del pueblo —hambre y desocupación— y logró instalarla en las masas, incluida gran parte de la clase trabajadora.
Se llamaba Adolf Hitler.
¿Quiere que le cuente?

jueves, 28 de enero de 2010

Convicciones - Chumy

. Chumy Chúmez

“Una de cal y una de arena”: alucinante

Hoy, en la audición de Fernando Bravo en Radio Continental, surgió la controversia acerca de si en el dicho “una de cal y una de arena” lo bueno está representado por la cal y lo malo por la arena o viceversa. Este asunto es un valioso ejemplo de cómo, si se plantea mal un problema, todo lo que se allegue a su —imposible— solución no puede ser sino una suma de desatinos.
Así, durante muchos minutos se argumentó, por ejemplo, que la cal es lo “bueno”, porque es más liviana (¿?), o lo “malo”, porque reacciona con el agua, y eso es peligroso; o que la arena es lo “malo”, porque es rústica, y la cal es suave, etcétera. En todo momento, aclaro, se tenía presente que ambos ingredientes formaban parte de la mezcla, de modo que, ¿cómo podría ser que cualquiera de ellos fuera malo, si al faltar no podría obtenerse la útil combinación de ambos? Sería como decir que en el agua uno de sus dos elementos —oxígeno e hidrógeno— es bueno y el otro malo. O lo mismo para el café con leche, etcétera.
¡Hay que ver con qué fervor “argumentaban” los seis del plantel periodístico, más los del control, los que pasaban por el pasillo y los oyentes! ¡Cómo duele ver que gente tan necia, o tan malintencionada —o ambas cosas— dispone ampliamente de los medios para embrutecer a la gente!: el destinatario que no es oligofrénico, tras una no muy extensa exposición a la mayoría de los programas de radio y TV queda, si no los escucha críticamente, reducido a un guiñapo babeante.
Cal y arena, en la mezcla, no son opuestas, sino complementarias. Distinto es lo que plantea, si nos remontamos casi a la infancia de nuestro idioma, el dicho original: “una de cal y una de brea”, en el cual se oponen la extrema blancura de una a la absoluta negrura de la otra. Sin que tampoco pueda, por ello, aventurarse que la una es “buena” y la otra “mala”: depende para qué.
Pero vaya uno a hacérselo entender a los conductores (tan seguros de sí, puesto que cobran muchos miles: poralgoserá, pensarán) y a sus deslumbrados seguidores.

Todos sacaban de a varias uvas

Si no me equivoco, es en un pasaje del “Lazarillo de Tormes” donde sucede que éste y el ciego se hacen de un racimo de uvas y convienen en comerlas tomando, alternativamente, una por vez. Al rato de hacer esto el ciego atrapa del cuello al lazarillo y lo muele a golpes: “¿Por qué, maestro?”, atina a protestar el muchacho. “Porque yo estaba tomando de a dos y no decías nada, lo que quiere decir que tú agarrabas de a varias.”

El directorio del BCRA, y Verbitsky, y el gobierno, se escandalizan ahora de los impúdicos gastos de Redrado, que siempre conocieron: quiere decir que todos sacaban de a varias uvas. Redrado contraataca —¡es increíble!— amenazando con dar a publicidad los nombres de personajes del gobierno que realizaron compras irregulares de dólares... que era misión de la entidad que él preside controlar y penar.

El malversador de caudales públicos Redrado era un funcionario de este gobierno, invulnerable mientras actuaba en connivencia con la política del binomio presidencial y no se enredaba con otros intereses. Los funcionarios que operaban con divisas irregularmente eran cómplices de la misma organización delictiva que Redrado, y tenían vía libre cuando formaban parte de la misma gavilla. Así funcionan las cosas en la mafia gobernante.

Entre gángsters anda la cosa.

sábado, 23 de enero de 2010

"Cartonero"

.. Foto: Juan del Sur

¿El peronismo se ha degradado? (Sonata)

. CFK, la “desaparecedora”, saluda; sus seguidoras babean.

1. ¡Seremos irracionales! (Andante espressivo)

El 4 de junio de 1946 el general Perón asumió la presidencia constitucional de la nación. Eligió esa fecha como homenaje al golpe militar de tres años antes y como reafirmación de las políticas del gobierno de facto. Un mes después ingresó en el Congreso un proyecto de juicio político a los miembros de la Corte Suprema por haber convalidado ese golpe, del cual Perón fue uno de los cabecillas y que lo tuvo como vicepresidente.
Con ese acto el peronismo grabó a fuego una de sus directrices fundamentales: “¡Seremos irracionales!”. Y a ella, como a las otras bases ideológico-políticas, de las que ya he hablado, se ha mantenido invariablemente fiel.

2. El día que a CFK se le soltó la cadena (Allegro vivace)

Sé que con lo que sigue les voy a romper el corazón a muchos que pensaban lo contrario —sobre todo a aquellos que nunca han estado cerca de la organización de los actos donde está prevista la palabra presidencial o que no han concurrido a ninguno de ellos— y por eso pido indulgencia por adelantado porque voy a escribir algo fuerte: no todas las personas que concurren a esos actos van por gusto. Cuando la presidenta habla en la colocación de la piedra fundamental de un parque industrial en La Matanza, los cientos o miles de personas que van a escucharla (¿van a escucharla?) no se mueren por ir. Tampoco se morirían por no ir, pero intuyen que en este caso la pasarían peor. Así que con la excepción de los que tienen motivos para hacerse ver por el intendente, los funcionarios y los punteros, y exhiben este interés con gritos y fervores maníacos, el resto de la gente va porque tienen que poner, según convenio, su opacidad rellenando espacio: notable paradoja de un espacio relleno de ausencia.
El acto en la Biblioteca Nacional por la rúbrica del convenio de erección del Museo del Libro no fue muy distinto, aunque –descontado el personal de la biblioteca– los funcionarios, paniaguados, arribistas y pichones de arribistas aquí eran mayoría. Y el chori no era uno de los argumentos convocantes. “Veo a jóvenes muy jóvenes, veo a intelectuales, veo también a nuestras queridas Madres, a familiares de detenidos desaparecidos, a hombres como el maestro Clorindo Testa y su socio Francisco Bullrich”: así describió a su auditorio la oradora al comenzar.
Y como el discurso fue breve, la mayoría estaba atenta a sus palabras cuando dijo “¡qué voy a ser genia, ojalá! ¡Si fuera una genia haría desaparecer a algunos, como hacen los genios!”.

3. El peronismo no se ha degradado (Finale - Adagio moderato)

Lo que siguió es mejor escucharlo que leerlo: porque no fue el escándalo, el repudio generalizado, la retirada en masa, sino el aplauso, la risotada rencorosa, la aprobación vociferada. Esa forzada pausa le dio tiempo a recapacitar sobre lo dicho y, a continuación de manifestarse “orgullosa de ser mortal”, declaró que “jamás voy a poder hacer ni quiero hacer desaparecer a nadie”, lo cual suscitó nuevos aplausos y voces de aprobación.
Sabemos que la irracionalidad de base de los peronistas los lleva, según los vaivenes de la conveniencia del poder, a pelarse las manos aplaudiendo una medida de alguno de sus gobiernos y, al poco tiempo, su contraria. Trátese de privatizaciones y estatizaciones; de declaración del default y pago adelantado, de un saque, al FMI; del cierre del canje de bonos ¡con sobreactuación de ley refirmándolo, incluida! y reapertura del canje y extirpación (¿desaparición?) de esa ley: los peronistas siempre aplauden. A rabiar.
Pero lo que yo nunca vi es esto de que en el término de pocos segundos pasaran de aprobar la supresión de los opositores a aplaudir a quien se declara enemiga de ello.
A esto lleva la intoxicación causada por una continuada dieta de sapos y por tener que actuar y respirar en un espacio construido con bosta. El retorcimiento de la conciencia, en nombre de unos resultados que sólo ellos ven, produce un parejo deterioro en lo moral y lo intelectual.
El peronismo no se ha degradado como dicen lo peronistas vergonzantes y los filopopulistas, sino que, como vimos más arriba, sigue firmemente encarrilado en la vía en que su fundador lo colocó. Pero el envilecimiento que el peronismo derrama sobre la Argentina desde hace más de sesenta años sí ha terminado por impregnar y degradar las subjetividades y todas las formas de la convivencia social.
A los más, a los de abajo, nos va muy mal por este camino. Es hora de construir otro.

martes, 19 de enero de 2010

Eduardo Lizalde, poemas

.
3

Recuerdo que el amor era una blanda furia
no expresable en palabras.
Y mismamente recuerdo
que el amor era una fiera lentísima:
mordía con sus colmillos de azúcar
y endulzaba el muñón al desprender el brazo.
Eso sí lo recuerdo.
Rey de las fieras,
jauría de flores carnívoras, ramo de tigres
era el amor, según recuerdo.
Recuerdo bien que los perros
se asustaban de verme,
que se erizaban de amor todas las perras
de sólo otear la aureola, oler el brillo de mi amor
—como si lo estuviera viendo—.
Lo recuerdo casi de memoria:
los muebles de madera
florecían al roce de mi mano,
me seguían como falderos
grandes y magros ríos,
y los árboles —aun no siendo frutales—
daban por dentro resentidos frutos amargos.
Recuerdo muy bien todo eso, amada,
ahora que las abejas
se derrumban a mi alrededor
con el buche cargado de excremento.

4

Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses;
que se pierda
tanto increíble amor.
Que nada quede, amigos,
de esos mares de amor,
de estas verduras pobres de las eras
que las vacas devoran
lamiendo el otro lado del césped,
lanzando a nuestros pastos
las manadas de hidras y langostas
de sus lenguas calientes.

Como si el verde pasto celestial,
el mismo océano, salado como arenque,
hirvieran.
Que tanto y tanto amor
y tanto vuelo entre unos cuerpos
al abordaje apenas de su lecho se desplome.

Que una sola munición de estaño luminoso,
una bala pequeña,
un perdigón inocuo para un pato,
derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
y desgarre el cielo con sus plumas.

Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
se destroce.

Que tanto y tanto amor, una vez más, y tanto,
tanto imposible amor inexpresable,
nos vuelva tontos, monos sin sentido.

Que tanto amor queme sus naves
antes de llegar a tierra.

Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
niños, animales domésticos, señores,
lo que duele.


Bellísima

Óigame usted, bellísima,
no soporto su amor.
Míreme, observe de qué modo
su amor daña y destruye.
Si fuera usted un poco menos bella,
si tuviera un defecto en algún sitio,
un dedo mutilado y evidente,
alguna cosa ríspida en la voz,
una pequeña cicatriz junto a esos labios
de fruta en movimiento,
una peca en el alma,
una mala pincelada imperceptible
en la sonrisa…
yo podría tolerarla.
Pero su cruel belleza es implacable,
bellísima;
no hay una fronda de reposo
para su hiriente luz
de estrella en permanente fuga
y desespera comprender
que aún la mutilación la haría más bella,
como a ciertas estatuas.

Eduardo Lizalde (Ciudad de México, 1929.)
(De El tigre en la casa, Universidad de Guanajuato,1970.)

jueves, 14 de enero de 2010

Judíos

.

I. Orígenes


¿Qué nos brinda el libro del Génesis?
Muy poco, si lo consideramos como crónica de acontecimientos. Mucho, en cambio, como reflejo de situaciones, transformaciones y conflictos so­ciales.
El libro del Génesis permite, o mejor dicho, exige su división en dos partes. La primera, que terminaría con el Diluvio o con la Torre de Babel, no se diferencia mayormente de las cosmogonías de otros pueblos y está tomada directamente de los caldeos.
El origen "exógeno" de esa primera parte es por demás evidente. Esos mitos proceden de un pueblo de labradores. El primer hombre es hecho de tierra. Luego es condenado a "trabajar la tierra con el sudor de su frente". A Noé, le promete Dios que "no terminará la siembra ni la cosecha". El mismo mito del Diluvio hubo de originarse en un país de inundaciones periódicas, de riego y de labranza. Y si algo sabemos con seguridad acerca de las primeras tribus hebreas, es que fueron pastores nómades.
Toda la prehistoria del pueblo judío consiste en el enfrentamiento de pastores nómades con el sedentarismo. Pacífico unas veces, violento otras, constituye el tema central del relato bíblico, y los "celos" del dios contra las divinidades "extrañas" no son más que su reflejo ideológico.
El conflicto entre Caín y Abel tiene precisamente ese significado. Caín sacrifica granos y Abel, ganado, y Dios favorece a este último, lo cual ya constituye un elemento propio de la tribu de pastores.
El clásico odio del judío hacia el puerco, aunque pretendan atribuirle una finalidad higiénica, no es más que la ancestral aversión del nómade contra el animal doméstico propio del labrador sedentario.
[...]


Así comienza el libro de Alfredo Bauer “Historia crítica de los judíos - Desde la Antigüedad hasta la Revolución de 1848”, Buenos Aires, Colihue, 2007. Y no baja el nivel, sino que sostiene y acrecienta el interés al abordar temas espinosos y polémicos con rigor, documentación y amenidad.
La portentosa la versación de Bauer nos permite seguir y entender el desenvolvimiento histórico de Occidente y el Oriente próximo —desde un punto de vista materialista— a la luz de las vicisitudes de este pueblo.¿Dije ya que lo recomiendo? Lo recomiendo, y no será el único fragmento que reproduzca en este blog.

miércoles, 13 de enero de 2010

Galeano metió la pata


En la entrevista de Ana Delicado a Eduardo Galeano, "América Latina está exorcizando la cultura de la impotencia", Buenos Aires, 03/01/2010, dijo el escritor:
«En una charla me preguntaron cuál era mi héroe preferido. Yo dije: “El día que me iba al aeropuerto para iniciar este viaje tomé un taxi, y estuve conversando con el conductor. El taxista trabajaba en el taxi entre 10 y 12 horas, pero después tenía otro empleo. Dormía entre tres y cuatro horas por día para dar de comer a sus hijos. Para él no existían los domingos, ni se acordaba de qué eran. Ese es mi héroe preferido”.»
Sí, y el de Franco, Somoza, Videla, los propietarios de las factorías en Extremo Oriente y cuantos explotadores y esclavistas en el mundo han sido y son.

Información sensible


La presidenta Cristina Fernández, refiriéndose al juez Griesa, que embargó fondos del Central en USA, dijo que “este juez es un envergador serial” (12-01-10).
No piense mal: un presidente o una presidenta necesitan manejar información reservada.

martes, 12 de enero de 2010

Mí, Guaicaipuro Cuatémoc; tú, Jane

.
.
Luis Britto García, caraqueño nacido en 1940, humorista, cuentista, periodista, dramaturgo y bon vivant, escribió un simulacro de discurso-carta de un supuesto cacique indígena latinoamericano y lo tituló "Guaicaipuro Cuauhtémoc cobra la deuda a Europa". Aparentemente, el texto fue publicado por primera vez en “El Nacional” de Caracas en 1990, pero en internet hay quien jura haberlo leído ya en 1984.
Es lo de menos: Britto García creó un personaje para poner en sus labios una doctrina que se opusiera a la interesada creencia de que los países que han sido víctimas de la expoliación y el genocidio, encima están endeudados hasta el cuello con sus victimarios.
Britto García no quiso hacer un fraude; sembró el texto de incongruencias antropológicas, históricas, idiomáticas y lógicas, para que los lectores no tomaran en serio la existencia real del cacique, pero meditaran sobre sus argumentos. Esto es evidente desde el mismo nombre del personaje: en ninguna etnia se bautizaría a uno de los suyos con un nombre ajeno, desconocido y sin significado en su propia tradición, como es el caso del caribe “Guaicaipuro” con el mexica o azteca “Cuatémoc” o “Cuauhtémoc”, o cualquiera de las otras diez formas en que se lo encuentra escrito. Algo así —pero menos factible— como si hubiera decidido llamar a su personaje Timothy Appicciafuoco.
Y, antes de lanzarse de lleno a exponer sus razones, el autor deja las cosas aun más en claro con su introducción tarzanesca: “el hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa” (en lugar de “pasaporte”), pero, seguidamente el supuesto “primitivo” se revela conocedor de la Biblia (“una deuda contraída por Judas”), se descubre como investigador del Archivo de Indias (“papel sobre papel, recibo sobre recibo, firma sobre firma, sólo entre el año de 1503 y el de 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América”), un experto en finanzas (“moratoria”, “rentas líquidas”, “tasas flotantes de interés”) y un atento lector de Milton Friedman. Además, Britto García dejó en la más absoluta vaguedad los datos del supuesto encuentro del más alto nivel: fecha, tipo, protagonistas.
Todo en vano: ya un conocido director se quejó de que, por no poner en su filme cartelitos (“asesino”, “víctimas”), el público aplaudía cuanto tenía que llorar, y viceversa. Así que a quienes les calza bien el discurso de Guaicaipuro pasan por alto todas estas pistas y se abrazan a ese discurso como si el que sea pronunciado por un cacique le diera una mayor irrebatibilidad. Por ejemplo, a mí me ha llegado varias veces, de parte de gente absolutamente convencida de su autenticidad, y en internet son miles los sitios que lo reproducen sin hacerse cargo de su condición de simulacro. Y, es más, le agregan datos como para afirmar su legitimidad, llegándose al caso de un sitio que lo ilustra con una foto del supuesto cacique: un piel roja onda tribu dakota.
No voy a enumerar los sitios que incurren en esta irresponsabilidad, pero hay algunos a los que preferiría no ver envueltos en este mamarracho. Pero donde eso es inadmisible y escandaloso es en Aporrea, un sitio venezolano que no debiera ignorar las andanzas de su compatriota, y que se jacta de poner la verdad revolucionaria por encima de todo: la mentira nunca es revolucionaria, señores de Aporrea.
A veces, la única defensa que tenemos contra la mentira es el criterio. Los que carecen de criterio están indefensos: si algo viene avalado por una autoridad que reconocen, se lo tragan sin masticar. Y, también, si sintoniza con su deseo: ¡ah, si es algo que va en su misma dirección, allí le dan un recio empujón para que vaya por delante, sin analizar de qué se trata!
¡Pobrecitos!
Nosotros, digo: los que tenemos que vivir en el mundo que hace esta gente.