lunes, 21 de septiembre de 2009

Primavera en la Grecia clásica


Dice André Bonnard en Civilización griega (Sudamericana, Buenos Aires, 1970), que aun en el período de esplendor cultural en que florecieron sus más altas expresiones artísticas y culturales, Atenas, “la Hélade de la Hélade”, siguió manteniendo y cultivando supersticiones y costumbres groseras y crueles que ilustran la complejidad desconcertante del concepto de civilización. Y, entre otros, da este ejemplo:
“Año tras año, a fin de asegurar el retorno de la primavera —pues los primitivos temen siempre que olvide suceder al invierno—, Atenas celebraba con solemne pompa las bodas de Dionisos, el dios cabrío o toro, con la ‘reina’ de la ciudad, esposa del primer magistrado, o arconte rey. Se abría para la ocasión un templo de la campaña ática, clausurado durante el resto del año. Conducido por sus autoridades democráticamente elegidas, el pueblo acudía en procesión a buscar una vieja estatua de madera del dios, y la transportaba en medio de cánticos a la casa del ‘rey’, para que pasara la noche en el lecho de la ‘reina’. (Esta princesa debía ser ciudadana ateniense por nacimiento, y haberse desposado virgen con su esposo, el magistrado.) El matrimonio de la primera dama de Atenas y el dios —matrimonio consumado, no ya meramente simbólico, según indica la palabra griega que lo designaba— aseguraría la fertilidad de los campos, las viñas y los huertos, la fecundidad de los rebaños y de las familias.”
Me da vueltas en la cabeza esta “consumación”. Qué lo tiró, che.

sábado, 19 de septiembre de 2009

¿Julio López es peronista? ¿Julio López está secuestrado?


Las dudas son válidas porque quienes participamos de la marcha y acto de ayer por la aparición de Julio no pudimos encontrar un solo indicio de que los peronistas sientan preocupación por este tema y lo asuman como propio.
¿Por qué el gobierno —peronista, también, como López, y “de los derechos humanos” (para más datos)— no se pone al frente de una gran movilización nacional que acorrale políticamente a los partidarios del genocidio y fuerce a los investigadores y a la fiscalía a actuar diligentemente para esclarecer el hecho? Al contrario de eso, adopta una actitud huidiza, y los peronistas mismos parecen hacer lo posible por olvidar esta cuestión escabrosa.
Los estribillos que coreaba la gente y los volantes de las organizaciones participantes lanzaban una pregunta recurrente: ¿Dónde está Julio López? Y yo la compartía, por supuesto, pero miraba a mi alrededor y me preguntaba también: ¿Dónde está el peronismo? ¿Dónde está la CGT? ¿Dónde está la CTA? ¿Dónde está D’Elia, tan raudo otras veces para llegar a la Plaza? ¿Dónde están los que hace tres días fueron enfardados en decenas de colectivos y combis para copar los aledaños del Congreso mientras la Cámara de Diputados trataba la Ley de Medios Audiovisuales?
El peronismo, con Julio López, no hace sino repetir sus virajes en relación con las víctimas de la represión: puede ser el victimario, como cuando los acusaba de “infiltrados” y “marxistas” y propugnaba “eliminarlos uno a uno” (Perón), o puede jactarse de que la mayoría de los muertos por la dictadura fueron peronistas, si eso da rédito, o puede barrerlos debajo de la alfombra.
Como a López.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

El corazón es un cazador solitario

Carson McCullers, muy pocos años antes de publicar “El corazón es un cazador solitario”.

Acabo de leer —más vale tarde...— “El corazón es un cazador solitario”, una novela publicada por la autora en 1940, cuando tenía veintitrés años. Y si sorprende en ella la potencia literaria, lo que verdaderamente asombra es la madurez política. Vaya como ejemplo la siguiente escena:
El doctor Copeland, un médico negro —una rareza en el sur de Estados Unidos, en los años previos a la Segunda Guerra—, reúne en su casa de Georgia a sus pacientes el día de Navidad. Su propósito es aprovechar el festejo para insistirles en lo que siempre les predica en sus visitas. Escribe McCullers:
“¿Y qué iba a decir? El miedo oprimió su garganta. La habitación estaba a la espera. A una señal de John Roberts todos los ruidos se acallaron.
“—Pueblo mío —comenzó a decir el doctor Copeland con la mente en blanco. Se produjo una pausa. De súbito las palabras acudieron a su boca—. Este es el decimonoveno año que nos reunimos en esta habitación para celebrar el día de Navidad. Cuando nuestra raza oyó hablar por primera vez del nombre de Jesucristo, fue en tiempos oscuros. Mis hermanos eran vendidos como esclavos en esta ciudad, en la plaza de la corte de justicia. Desde entonces hemos oído y relatado la historia de Su vida más veces de lo que podemos imaginamos. Por lo tanto, hoy contaremos una historia diferente.”
Les habla, entonces, de su situación, en la cual la mayoría están confinados a tareas secundarias o bestiales. Les explica de dónde proviene la riqueza que vuelve a los privilegiados desdeñosos y prepotentes. Con palabras simples les expone la teoría marxista del valor. Y, enseguida, desnuda la situación de los asalariados y en particular de los negros en el sistema imperante.
“Pero no estamos solos en esta esclavitud —dice—. Hay millones más en el mundo entero, de todos los colores, razas y credos. Debemos recordar esto. Hay muchos de nuestra raza que odian a los pobres de raza blanca [...]. Ese odio es un gran mal y de él no puede surgir nada bueno. Debemos recordar las palabras de Karl Marx y ver la verdad a la luz de sus enseñanzas. La injusticia y el desamparo deben unimos, no separamos. Recordemos que nosotros damos valor a las cosas de esta tierra con nuestro trabajo. Debemos conservar en nuestros corazones estas verdades básicas de Karl Marx y no olvidarlas nunca”.
Al calor de sus propias palabras, el amor por los suyos y la convicción del doctor Copeland crecen, y terminan estallando en esta arenga:
“¡Miembros de la raza negra! En nosotros están todas las riquezas de la mente y el alma humana. Ofrecemos el más preciado de todos los dones. Pero nuestra contribución es rechazada con desprecio y malevolencia. Nuestra ofrenda es arrojada al lodo y desperdiciada. Se nos obliga a ejecutar trabajos más inútiles que los de las bestias. ¡Negros! ¡Debemos levantarnos y unirnos! ¡Debemos ser libres!”
Pero en la habitación surge un creciente murmullo. La histeria cunde, retumban los gemidos y los gritos:
“—¡Sálvanos!
“—¡Dios Todopoderoso! ¡Sácanos de este valle de la muerte!
“—¡Aleluya! ¡Sálvanos, Señor!”

Así es la realidad: indócil. Ya lo sabía esta chiquilla de veinte años, de un pueblo perdido en el sur de Estados Unidos.
A ella —y a nosotros— “le tocaron, como a todos los hombres, tiempos difíciles”: Borges.

El peronismo le ha igualado la marca al estalinismo

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Van ya sesenta y seis años desde que el peronismo comenzó a implementar el más invariable de sus objetivos políticos: castrar a la clase trabajadora. Sesenta y seis años en que, gracias a ello, los explotadores han podido concretar las políticas que les favorecieran y todos los cambios de hegemonías y de modelos de acumulación que se les han antojado. Cuando les ha convenido, tirando migajas; cuando no, tirando gente al mar. El peronismo le ha igualado la marca al estalinismo (1923-1989), pero es imperioso que no la supere: por los que se mueren de hambre y desatención en un país rico como el nuestro, y por los que sobreviven en un simulacro de vida —en una no-vida—, durando a gatas sin perspectivas y sin alegría.
Claro que esta permanencia no es un logro sólo de los peronistas. Si la ideología y los íconos peronistas sobreviven es también porque son permanentemente avalados por los que dicen no serlo (de todas las extracciones: radicales, pecés, ‘progresistas’ y chupamedias varios), pero quién sabe sobre la base de qué cálculos, ruindades o desmemorias fundamentan sus críticas a las formas concretas que asume el peronismo en sus pasos por el gobierno diciendo “estos no son peronistas”, o “si Perón viviera a estos los saca a patadas”. Y esto último es cierto, pero no en el sentido que lo dicen: los sacaría a patadas para poner de ministro del Interior a López Rega, de jefe de policía a Villar y de ministro de Educación a Ivanissevich, entre otros crápulas de su confianza. Probablemente, de los que están hoy los únicos que merecerían su plena aprobación serían Aníbal Fernández y De Vido. Y apreciaría también a Cristóbal López y Lázaro Báez, sin dejar de añorar a sus manos derechas en los “negocios”, Jorge Antonio y Miranda.
Es desolador: ¡sesenta y seis años pulverizando los anhelos y la dignidad de los más indefensos!
De sobra para saber qué es lo que les gusta a los que quieren que esto continúe.

viernes, 14 de agosto de 2009

Un cuento de Feinmann “el bueno”

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El filósofo oficial junto al gremialista oficial.

La [pen]última babosada de Feinmann

Ni siquiera, tampoco, la penúltima: seguro que desde ésta ha agregado muchas más. Se trata del cuento —en todos los sentidos de la palabra— La última invasión de Buenos Aires, publicado en “Página 12” y reproducido en los infinitos sitios de internet, revistas, boletines y pasquines peronistas que, con generosidad inconsulta, costeamos con nuestro bolsillo. La historia es ésta: en un futuro próximo (mayo de 2014) “los negros” del conurbano, hartos de miseria y atropellos, invaden la ciudad de Buenos Aires, no con intenciones revolucionarias —eso acarrearía a nuestro filósofo el compromiso de señalar qué cambios pretenden, y que ideología los inspira y organiza— sino con el sano propósito de matar a los hombres, comerse a los niños y violar a las damas, las cuales predisfrutan esas atenciones con “sonrisa sensual, profana, prostibularia y gozosa”. En este punto, el lector se preguntará por “las negras” del conurbano y qué pito tocan en la historia de Feinmann. Pues bien, no han sido olvidadas, claro que en un sentido peronista, o sea el que marcó la compañera Evita: acompañan, sin manifestar objetivos propios. Salvo, por supuesto, en el más obvio de los estereotipos machistas:

Otros varones son destripados por turbas de mujeres rabiosas, que no sólo cortan sus penes sino que los injurian al reírse de sus dimensiones, al exclamar: “El de mi negro le saca medio metro a esta porquería”.

En el cuento, algunos ejemplares de la intelligentsia porteña y comunicadores mediáticos, a quienes Feinmann es desafecto, aparecen con el nombre levemente cambiado (“Sebrela”, por Sebreli, y así) repudiando la invasión y llamando a combatirla: sobre ellos cae la justicia poética. En contraste, otros personajes adoptan una posición favorable al sanguinario motín, y éstos reciben las honras ficcionales del autor: Verbitsky y Wainfeld (amigos y “del palo”); Osvaldo Bayer —que no se queje ahora, se lo ha buscado largamente—; el jefe del Ejército (y el Ejército, en sí); Norberto Galasso, y el propio Feinmann. Veamos lo referente al “Ejército” [sic, “Ejército”, no “Fuerzas Armadas”: para nada casual]:

El ministro de Defensa se comunica con el jefe del Ejército, general Bustos. "General, aquí el ministro de Defensa." "Lo escucho, señor ministro." "Avanza una turba subversiva sobre nuestra ciudad. Prepare a sus hombres y salga a reprimirla. Tiren a matar. Sin contemplaciones, general. No quiero prisioneros, entiende." El general Bustos responde: "Disculpe, señor ministro, pero el Ejército Argentino ya hizo eso una vez. No lo va a hacer de nuevo. Sé que ustedes, durante los últimos tres años, han reconocido esa guerra sucia. Pero nosotros no. Creemos que en ella se enlodó el honor del Ejército. Entiéndame bien: un ejército no está para fusilar hambrientos. Está para la defensa nacional del territorio. Para luchar contra otro ejército que intente atacarnos. Esos hambrientos no los creamos nosotros. Son obra de ustedes y ustedes se enriquecieron con el hambre de esos miserables. Hágase cargo, señor ministro. Mientras yo sea comandante en jefe del Ejército no voy a ensuciar a mis soldados para defender los intereses de los poderosos. Buenas tardes". Cuelga el teléfono y el ministro de Defensa monta en cólera: "¡Todo esto se debe a la prédica subversiva de esa monstruosa marxista y, para colmo, mujer! ¡Esa montonera de Nilda Guerré! ¡Nos quedamos sin Ejército! ¡Los avivó a esos pelotudos! ¡Siempre nos hicieron la tarea sucia! ¡Esa puta, comunista, montonera polleruda los volvió inservibles! ¡Democráticos! ¿A qué enfermo se le ocurrió poner a una mina al frente del Ejército, por Satanás!".

Creo que todo el párrafo —y todo el cuento— es para ponerlo en un cuadrito presidido por el retrato del filósofo oficial, pero a causa de esa jodida afición por la redundancia que padezco rescato dos frases: “el Ejército Argentino ya hizo eso [“fusilar hambrientos”] una vez” (¿una vez?), y “¡Nos quedamos sin Ejército! ¡Los avivó a esos pelotudos!” [refiriéndose a Nilda Garré, “Guerré”, en el cuento], o sea que el rol que el Ejército ha cumplido y cumple en el país —y en todo el mundo (¿o no?)—, fue porque los milicos no estaban “avivados”.
Un compendio de ideología peronista.

jueves, 13 de agosto de 2009

Ya no corre más el "¡sálvese quien pueda!"


Son las 21.10 de un día laborable. En la estación Once de la línea H de subterráneos unas pocas personas esperan el tren que viene desde Caseros, la otra cabecera, y luego parte en sentido contrario desde el mismo andén. Llega el tren, también con pocos pasajeros: los que se aprestan a bajar son unos seis o siete por puerta, el doble, más o menos, de los que esperan subir. En este punto conviene aclarar que la formación no puede partir de inmediato, como en una estación intermedia, sino que, mínimamente, el conductor debe desactivar y cerrar el puesto de conducción que ha utilizado para venir, recorrer la distancia de cuatro vagones —el largo del convoy—, y abrir y activar el puesto de la otra punta para estar en condiciones de ponerla en marcha.
Sin embargo, los que van a viajar —más que con impaciencia, con odio hacia esos bultos que les impiden abordar el vagón de inmediato— se colocan frente a las puertas de los vagones, dejando apenas un resquicio por donde los que bajan tienen que pasar de a uno y de perfil. Una mujer —unos treinta años— considera que ya ha tenido demasiada paciencia y que no va a soportar la afrenta de esperar otros ocho segundos a que terminen de bajar todos y, atropellando, se mete en el vagón: en ese vagón donde hay cuatro o cinco asientos libres para cada uno de los que van a subir.
Digo, hasta se pueden comprender los forcejeos en las puertas de los trenes entre los que bajan y los que suben cuando el viaje dura cincuenta minutos, no hay asientos para todos e incluso el vagón va tan lleno que si uno no se apura a subir capaz que se queda sin abordar. Pero la escena que relato —y que cualquiera puede observar en circunstancias similares— revela hasta qué punto en nuestra sociedad el “¡sálvese quien pueda!” ha ido deslizándose a un “¡cáguese en quien pueda!”, lo cual redunda en que nos hacemos penosa la vida unos a otros sin la justificación, siquiera, de que sacamos ventaja de ello. Y eso se encuadra dentro de la definición de Carlo Cipolla de la persona estúpida, que es la que “causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”. A lo cual se debe agregar que, como diría el finado Kant, las acciones que dentro de una sociedad no puedan instituirse como leyes generales, aunque deparen un beneficio inmediato pronto se vuelven en contra de sus autores: el que a hierro mata...
La civilización es un logro que, aun con sus muchas imperfecciones, es en sí un monumento a la inteligencia del homo sapiens: ha posibilitado una vida más grata y segura para un amplio grupo de miembros de nuestra especie y, consiguientemente, el despliegue de las capacidades humanas. Los argentinos estamos involucionando: hacernos la vida más difícil unos a otros es de poco inteligentes.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Sol de invierno en el orto* (o casi)

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Foto: Juan del Sur
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* Orto: Aparición del Sol o de otro astro por el horizonte.

lunes, 10 de agosto de 2009

¿Qué clase de idiota es Maradona?


"El técnico de la Selección Nacional se refirió al conflicto que tiene parado el inicio de los torneos en todas las categorías: 'Me preocupa que el fútbol no comience, que no se pongan de acuerdo, que Julio no consiga sus objetivos, porque yo a los jugadores los quiero ver en la cancha y este país sin fútbol es dramático', dijo Maradona en el programa ‘El Show del Superclásico por Radio Mitre’ " ("Clarín", miércoles 5 de agosto de 2009).
Maradona es el hijo idiota a quien la mayoría de mis connacionales profesan una admiración integral. Si bien es un discapacitado moral e intelectual, está muy lejos de ser un discapacitado motor. Todo lo contrario; es —o fue— un prodigio de coordinación psicomotriz: le debe pasar lo mismo que a las ballenas, que tienen un cerebro muy grande, pero sus neuronas tienen que controlar una extensión corporal tan enorme que no queda un número de ellas suficiente para que prosperen las funciones superiores. El caso del Diego es similar, aunque la indisponibilidad neuronal no es por causa del volumen muscular, sino por la exigencia de calidad: el 95% de su cerebro debe de estar consagrado a su prodigiosa zurda, ¿qué queda para el resto?
Vuelvo al párrafo citado arriba: “Este país sin fútbol es dramático”. ¿Por qué lo dice? ¿Acaso porque piensa que si hay fútbol, en la Argentina no hay problemas y reina el bienestar? No creo que haga falta que me ponga a aclarar que no es eso lo que cree el Diez, junto con toda la rosca del privilegio de la cual es sirviente. Más bien, utiliza la "pasión popular" en la misma dirección que Enrique Santos Discépolo, Ardizzone, Jauretche, Apo y toda la cáfila de alcahuetes y sobones de su mismo partido.
Es característica de los débiles mentales, dice Wolff, la fijación sobre imágenes concretas y la incapacidad para la abstracción, y también el uso de repeticiones que se aplican a menudo en forma inadecuada, la carencia de juicio y la torpeza en la expresión. Hasta ahí, parece el vivo retrato de Maradona. Pero en un punto la idiocia ofrece una interesante dualidad, ya que quienes padecen esa deficiencia tanto pueden caracterizarse por una credulidad sin fisuras como por una desconfianza mórbida. Éste es el caso del Diez, pero con el agregado de una capacidad inagotable de chupar las medias adecuadas en cada circunstancia: “Julio”, dice cariñosamente en la nota de Radio Mitre, con toda la ternura que amerita el contrato de u$s 1.800.000 por año que firmó con la AFA. También dijo "que no me pongan en ningún acto político; a mí no me compran", poco antes de ser la estrella del acto que marcó el cierre de campaña del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, en Ezeiza. La oferta debe de haber sido irresistible.
Aunque ha querido arrastrarse ante todos los poderosos (Menem, De la Rúa, “Clarín”, Julio Grondona —en diversas etapas—, Fidel Castro, Kirchner y muchos más), lo cierto es que después de sus reiterados revolcones el Diego siempre queda parado.
Lo cual para un oligofrénico no es poco.

lunes, 27 de julio de 2009

“Vienen a...”, la saga


"Vienen a arrojar sus redes en la UAC" tuvo repercusiones de distinto talante en mi correo electrónico, pero hubo una que me turbó y —textual— es la siguiente:

.....de: leandro <invisible_leandro@yahoo.com.ar>
.....fecha: 24 de julio de 2009 22:34
..
.....andate a la concha de tu hermana infeliz

La existencia de esta "hermana infeliz", pobrecita, se me ha clavado en el corazón, mucho más cuando yo ni siquiera estaba enterado de que tengo hermanas: ¿quién es, dónde está, qué la aqueja? Lo insustancial de mi vida ha quedado al descubierto gracias a esta súbita revelación: ¡yo, perorando sobre cuestiones sociales o ambientales, mientras mi sangre ignota arrastraba sus penurias!
Nótese que la perentoria orden de leandro ("leandro", y no "Leandro": ¡cuánta humildad!), se refiere estrictamente a mi "hermana infeliz", de donde se deduce que a) está inspirada en el deseo de que yo contribuya a que mi hermana la desventurada alcance o recupere la felicidad, y b) que la otra o las otras parecen no haber echado de menos el auxilio fraternal para alcanzar su dicha. Pero el mandato da por sentada en mi hermana infeliz y en mí la disposición a quebrantar un tabú ancestral o, al menos, dejar a un lado el recato. Y es ahí donde le encuentro una debilidad: ¿con qué base da por segura mi automática aprobación a un remedio de tonalidades incestuosas —aunque esté implícito que proporcionado con intención y sobriedad terapéuticas—, si hasta hace pocas horas yo ignoraba incluso que tenía hermanas? Primero, siento que necesito asimilar este repentino incremento de mi más próximo círculo familiar, y luego, tras serena reflexión, decidir cómo manejo la nueva realidad y las demandas que trae apareadas.
No obstante, admito que cuando se trata de resolver cuestiones vitales, hasta una depravación puede tener tanto valor como la virtud.
A grandes males...

¡Todo un tema!


"Héctor Méndez, titular de la UIA, dijo que el tema del cuestionado secretario de Comercio 'es un tema urticante por un tema de personalidad'."
(Fuente: Infobae - Política - 26/07/2009 -
http://www.infobae.com/contenidos/462510-100897-0- La UIA embistió contra Moreno)

Temo que este tema se torne un poco reiterativo.

miércoles, 22 de julio de 2009

Viajar sobre el mapa


Parece bobo, pero me paso las horas escudriñando los mapas, tratando de representarme los lugares, a veces por su enclave en determinado entorno geográfico (cuando el relieve y la hidrografía de la cartografía dan alguna pista) o, más comúnmente, simplemente por su nombre. A veces logro ir con el cuerpo al sitio anhelado: así, durante mucho tiempo deseé conocer Londres (Catamarca), hasta que un día puede hacerlo, ¡y valió la pena!
Los nombres de los pueblos o de los parajes me hacen volar la capocha. Con un mapa de España, por ejemplo —sabida es la sugestión incomparable de su toponimia—, tengo aseguradas horas de viajes fantásticos.
En tierras de mi papá —Soria— suelo pasear por Villaciervitos, Cubo de Hogueras, Cantalucía, Puerto del Temeroso, Nomparedes, Velilla de los Ajos, Ventanueva (¿se acuerdan de las ventas por las que pasaban el Quijote y Sancho?), Molinos de Razón, Renieblas.
Pero en la Argentina los nombres también pueden ejercer una gran fascinación, sobre todo en algunas regiones. En la provincia de Buenos Aires, sin ir más lejos, trazando un rectángulo que abarca un poco más al oeste de Catriló, en el ángulo superior izquierdo, y Adolfo Gonzales Chaves y Benito Juárez en el opuesto (ángulo inferior derecho), se topa uno con acicates para la fantasía que lo dejan con la imaginación volando a mil.
Al norte de Coronel Suárez el ojo se extasía en Otoño, La Nevada y La Primavera; cerca de Laprida uno se encuentra con Voluntad y Paragüil, y Líbano —de no creer— está a un paso de General La Madrid, igual que Las Martinetas y Arboledas.
Darregueira tiene un zoológico alrededor: Tres Cuervos, Víboras y Avestruz. Guaminí está a pocos kilómetros de Saturno, y también de Rolito. Macachín —que ya tiene lo suyo— cuenta con Cereales y Alpachiri. A pocos kilómetros de Azul se encuentran Nieves (hoy había nieves en la mismísima Azul) e Hinojo. Y, para no hacerla larga, quien vaya para el lado de Benito Juárez puede aprovechar y llegarse al Paraje Chapar, que queda a la vera del arroyo Pescado Castigado.
Me desplazo un poco más allá de ese rectángulo: me saltan a la vista La Cotorra, La Carreta, El Recado, Moctezuma, Pueblitos...
Se me hace agua la boca.

Vienen a arrojar sus redes en la UAC

...
Dentro de la UAC (Unión de Asambleas Ciudadanas) hay quienes, por arrastrar añosos reflejos políticos, buscan un padre, un guía, un salvador. Y eso ya no es bueno. Pero resulta mucho peor cuando se combina con carcamanes demagogos que vienen a la pesca procurando armarse de apuro una estructura de apoyo nacional con fines electorales, con el plus de que los que pretenden capturar son cuadros fogueados en asambleas, debates y movilizaciones.
¿Quiénes son estos oportunistas?: los mismos rufianes que nos han conducido invariablemente a fracasos y derrotas y tienen la caradurez de proponerse como abanderados de nuestras luchas.
Se han pasado la vida vendiendo falsas expectativas y atajos milagrosos para evitar que el pueblo se organice horizontalmente y ahora, una vez más, pretenden hacer su cosecha en nuestras filas, armar su tinglado y, de paso, debilitarnos para que —cuando hagan lo que han hecho siempre— nuestro reclamo sea impotente.
Yo planteo que no debemos entregarles ni una pizca de nuestro trabajo ni de nuestra confianza para que los utilicen en su provecho y el de sus socios y patrones. Que debemos dejar de buscar redentores, hombres providenciales, personajones mediáticos; que, en cambio, tenemos que atraer a nuestros hermanos, y afrontar junto a ellos a los poderes que nos contaminan, nos saquean y nos oprimen.
Como dijo José Gervasio Artigas: "¡Nada podemos esperar sino de nosotros mismos!".

viernes, 17 de julio de 2009

Un artefacto asombroso

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El indestructible
Isaac Asimov

[...] Cabría imaginar un casete que estuviese siempre perfectamente ajustado; que empezara a funcionar en cuanto uno lo mirara; que se parara en cuanto uno dejara de mirarlo; que pudiera avanzar o retroceder deprisa o despacio, a saltos o con repeticiones, a placer del usuario. Qué duda cabe que ese es el aparato de nuestros sueños: un casete que puede contener información sobre infinitos temas; que es autónomo, manejable, parsimonioso en el consumo de energía, perfectamente privado y sometido en gran medida al control de la voluntad. ¿Será sólo un sueño? ¿Tendremos algún día un casete así? La respuesta es un sí rotundo. No es que lo vayamos a tener algún día, es que lo tenemos ya; para ser más exactos: existe desde hace siglos. El ideal que he descrito es la palabra impresa: el libro, la revista, un objeto ligero, privado y manipulable a voluntad.

¿Piensa usted que el libro, a diferencia del casete, no produce sonido e imágenes? Pues se equivoca.

Es imposible leer sin oír las palabras en la mente y sin ver las imágenes que producen. Y con la ventaja de que son sonidos e imágenes propios, no inventados por otros. Las imágenes y el sonido que ofrecen todos los demás medios de entretenimiento son «congelados», y tienen un nivel de detalle que mejora con el avance de la tecnología. El resultado es que los medios exigen cada vez menos del usuario. Incluso se insertan cuñas musicales y risas pregrabadas para promover determinadas emociones en el cliente sin esfuerzo de su parte. La persona a quien le cuesta leer (y a la mayoría le cuesta) recurrirá a estos productos «congelados», y seguirá siendo un espectador pasivo.

La palabra impresa, por el contrario, presenta un mínimo de información. Todo lo demás tiene que ponerlo el lector: la entonación de las palabras, la expresión de los rostros, la acción y el escenario han de ser extraídos de estas sartas de símbolos en blanco y negro. El libro es una empresa compartida entre el escritor y el lector, como ninguna otra forma de comunicación puede serlo.

Si usted pertenece a esa pequeña y afortunada minoría para quienes la lectura es fácil y agradable, el libro, en cualquiera de sus manifestaciones, le será irreemplazable e indestructible, porque exige participación. Por agradable que sea el papel de espectador, participar siempre es mejor.

(Tomado de un antiguo número de la revista “Muy interesante”.)

jueves, 16 de julio de 2009

Gioja, parejito


José Luis Gioja, gobernador de San Juan, se defiende ante los periodistas: “Dicen que soy socio de la Barrick: ¡ojalá fuera socio de la Barrick, no estaría sentado aquí!”, se indigna.
Mis comentarios: primero, que es exactamente al revés: si NO fuera socio de la Barrick NO estaría sentado ahí. Segundo: se supone que un político tiene la vocación de servir a su comunidad, que eso es lo que le importa. Pero resulta que no: de su propia —involuntaria— confesión surge que está ahí a falta de un negocio mejor, por ejemplo, el de ser socio de la Barrick... ¡como si ser gobernador de una provincia fuera menos que llenarse los bolsillos con el saqueo y la destrucción irreversible de su tierra! (¿Principios? ¿Y qué es lo que es eso, ah?)
A propósito, no debería escapar a la reflexión de quienes nos interesamos por la defensa del ambiente que en las elecciones del 28/6 la lista de Gioja se llevó el 56% de los votos de los sanjuaninos, triplicando a la que salió segunda.
Hasta ahora se ha contado a Gioja entre los incondicionales de la pareja gobernante, al igual que otros pájaros como Urtubey, Alperovich y Capitanich. Pero no hay que engañarse: todos ellos son incondicionales únicamente del poder y de los negocios, y bastará un leve cambio de viento para que éste los deposite, llegado el 2011, en los pagos de Reutemann, de Solanas o de Das Neves. ¿O usted no ha visto ya suficientes veces este peculiar fenómeno meteorológico?

martes, 7 de julio de 2009

Canción “de que”


“De que”, me dice el presidente;
“de que”, me dice el cantor, el gerente, el locutor...

“De que me va a decir algo, de que...”
Me dice que me dice “de que me va a decir,
de que me va a decir...”
¡Qué será, qué será!
“De que me va a aconsejar”; dice que me va a hablar
“de que me va a avisar...”
¡Qué demonios será que dirá, que dirá!:
dice “de que lo pensará”.
Me dice “de que le da rabia, de que”;
me dice que yo “piense de qué sucederá...”
¡Qué es lo que pasará, qué será, qué será!

Me dice que hablará —qué vergüenza le da—;
me dice “de que ya no puede soportar
de tener que explicar” lo que me dice que dirá.
Me dice “de que ya no sabe por qué la gente
no comprende de que ya sucedió”.
¡Qué cosa con la vida, que el pueblo la ve
y el que llegó hasta arriba me dice “de que”!:
de qué tartamudez, de qué cosa, tal vez,
que no puede creer, es que me dice que “de que”.

“De que me va a decir algo, de que...”
Me dice que me dice “de que me va a decir,
de que me va a decir...”
¡Qué será, qué será!
“De que me va a aconsejar”; dice que me va a hablar
“de que me va a avisar...”
¡Qué demonios será que dirá, que dirá!
Alfredo Zitarrosa.

sábado, 4 de julio de 2009

Perros y ciudadanos


Hasta hace algún tiempo, un año o un poco más, se podía encontrar un porcentaje mínimo —menor al 5%— de personas que recogían el excremento de sus perros. Ese porcentaje ha descendido muchísimo; hoy los que lo hacen son casi inhallables, y habría que colocarlos entre quienes poseen un temple y una moral a toda prueba, ya que perseveran en esa actitud de respeto al prójimo mientras la inmensa mayoría de los propietarios de canes se caga —literalmente— en los demás sin sufrir ninguna penalidad legal y ni siquiera padecer una condena social.
La ciudad de Buenos Aires, donde el desprecio a cara descubierta de los ciudadanos entre sí se pone en evidencia en eso y en todos los órdenes de la vida social, es la misma (no podría ser de otro modo) que vota en abrumadora mayoría —90%— con la orientación con que lo hizo el 28. Los que tienen y los que no tienen perros encontraron un modo común de cagarse en sus semejantes: defecando su sufragio reaccionario dentro de las urnas de votación.

lunes, 29 de junio de 2009

Bastante asquerosito


Fernando Bravo, Alejandra Peñalva y Omar Lavieri contaron hoy en su programa cómo festejaban ayer cuando Estados Unidos le ganaba a Brasil en la Copa Confederaciones, y su frustración cuando nuestros vecinos dieron vuelta el resultado. Lavieri, que fue autoridad de mesa, añadió que él escuchaba el partido y hacía de amplificador hacia las otras mesas, que aplaudían los goles yanquis. ¿Por qué sería?: ¿por rendida admiración a la tradicional escuela de buen fútbol estadounidense? ¿Por simpatía con un país campeón en invasiones, marines y bombardeos? ¿O sería acaso complejo de inferioridad, indisimulable rencor o pura y cochina envidia?
A usted, ¿qué le parece?

Entre lo horrible, lo curioso


Siete boletas llevaron una misma lista de candidatos a legisladores de la Ciudad de Buenos Aires —encabezada por Alfredo Reto, en letras bien grandes—, o sea que eligieron su figura para arrastrar el voto de los vecinos.
Que me perdone Reto mi ignorancia, pero no lo saco: ¿nos conocemos de algún lado?
Claro que a partir de ayer algo sé de Reto, porque una de las siete es la del Modín: está bien que la casi totalidad de las boletas —en especial las que sacaron muchos votos— son horribles, pero la del Modín es más horrible, si cabe.
Lo curioso, aparte de que siete partidos lleven la misma lista de candidatos a legisladores dispersa en siete boletas, es que dos de ellas, la 289 y la 296, tienen también idénticos candidatos a diputados nacionales: ¡todo igual!; la única diferencia es el nombre del partido. Que alguien me explique esto antes de que me reviente la croqueta.

miércoles, 24 de junio de 2009

"Miyel Bayelé en Wáyinton"


Sobre esta noticia, así pronunciada, se basó el comentario de Jorge Elías esta mañana en Radio Continental. Su colega en el mismo programa Daniel López nos ha recordado varias veces que "Miyel Bayelé fue detenida y torturada tras la caída de Ashende".
Además:

—En una propaganda grabada invitan a un "you" en San Juan y Boedo.
—El pronosticador de la radio dice: "Pilcomasho: ashí va a seguir la shuvia, aunque sha disminushó".
—Nos cuentan que "Yakira estuvo con la presidente".
Etcétera.

Estos trastrocamientos y barbarismos fonéticos se llaman "metaplasmos", y consisten en agregar, quitar o alterar las letras en una palabra. De ellos habría que excusar a quienes tienen un defecto foniátrico por el cual no pueden pronunciar algún sonido, como, por ejemplo, el "sh". Desde ya, emplear como locutor a alguien con este problema sería tan incomprensible como contratar a un pintor ciego o, cuanto menos, daltónico. Pero no se trata de eso en quienes están ante los micrófonos de Continental: hace unos años era sólo Daniel López y alguno más, pero ahora la peste ha corrido en esa radio y cuesta encontrar a alguno —si lo hay— que no trueque los sonidos de la "ye" y la "sh". Y se trata de pura idiocia, ya que pueden pronunciar perfectamente el sonido "sh", como lo demuestran cuando dicen "cashe" (por "calle"), o "sho" (por "yo"). Es debilidad mental, necedad, y un necio no debiera estar en un lugar formador de opinión pública... salvo que se quiera entontecernos.
A las señoras y señores que han tenido que abandonar sus estudios tempranamente, y han completado su cultura oyendo la radio y viendo televisión (o sea, se han embrutecido e idiotizado en grado terminal), los programas de Magdalena y Víctor Hugo les parecen admirables y proclaman la alta calificación intelectual de los conductores y sus equipos: doy fe, porque se los oigo decir vuelta a vuelta. En realidad, pobrecitos, no hacen sino repetir aquello de lo que la misma radio alardea, en todos sus programas: lo capos y brillantes que son y su prolijo cuidado y respeto por el idioma (dime de qué te jactas y te diré de qué careces).
Si la Radio Continental fuera un referente cultural, sería hora de cazar un bufoso y chau. Porque la propia página de inicio del sitio web de la radio (http://www.continental.com.ar/) demuestra que no saben siquiera cómo se llama su personal. Así, anuncian "La Mañana, con Victor Hugo Morales", o a "Nestor Clivati", o a "Angels" Barceló la llaman así, o "Ángels", a tres centímetros de distancia.
No se crea que todo se reduce a tildes (acentos) o vicios de dicción. Eso es apenas uno de los síntomas. Los que hacen la radio, además de haber virado bien a la derecha en estos últimos tiempos —y más, si cabe, con la incorporación de Fernando Bravo y Paulino Rodríguez— tienen un revoltijo mental que es funcional a ese viraje. Por ejemplo, Víctor Hugo dice "insólito: se ha cortado la comunicación, esto suele pasar"; Daniel López, que Fulano está "internado con riesgo de vida", y también que "en la caricatura de Sábat, Massa se está tirando a una pileta absolutamente vacía que tiene apenas un charquito de agua"; Jorge Forbes, desde París, que "el embajador se hizo presente en la presentación, que contó con la presencia de muchas empresas, que presentaron..." (y así, durante un minuto y medio o dos, en los cuales dijo "presente", "presencia", "presentar", "representante", y otras variantes de la misma raíz decenas de veces), y la experta leguleya Cintia (o como se escriba) García, ventosea "plesbicito" y "ad joc".
No sé, capaz que estoy exagerando. Mejor, ya que es la hora, me pongo a escuchar el noticiario de la radio. A ver:

"Un ciclista fue atropellado por un vehículo; éste resultó gravemente herido."

Ah.

sábado, 20 de junio de 2009

Democracia muy curiosa


Dice Vicente Romano que si es cierta la afirmación de los fabricantes de opinión y de los medios públicos de información, de que vivimos en una democracia, resulta entonces que los trabajadores —asalariados y autónomos— y los pequeños empresarios han decidido renunciar conscientemente a casas cómodas, instalaciones recreativas, buenos transportes, hospitales y escuelas, y ceder, en cambio, unos cuantos billones a los monopolios y los grandes empresarios para que los destinen a bienes suntuosos, ostentación y consumos que derrochan bienes no renovables y deterioran el ambiente.
(Bueno, ¡también, si le va a andar buscando el pelo al huevo...!)