miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿Juicio a las transnacionales?

Voy a proponerles una comparación cotidiana (¡sí, ya sé, comparatio non est ratio!) para que vean qué razones tengo para que a veces mis planteos asuman una entonación que luego quisiera morigerar.
Supongamos que vivimos en un edificio, y que, a cambio de una participación en el negocio, el canalla del administrador (o del encargado) les abre la puerta de calle y les da la llave de los departamentos a malhechores que los saquean y los destrozan. ¡Claro que corresponde llevar a juicio a esos salteadores, si se los aprehende! Pero mucho me temo que mientras estemos testimoniando en las audiencias otros bandidos, con el apoyo del administrador (o del encargado) cometan nuevas depredaciones. Y esto sucede porque no está en nuestra mano (al menos en plazos sensatos) terminar con la malignidad en todo el ancho mundo, y por eso es seguro que el administrador (o el encargado) siempre van a encontrar cómplices para sus fechorías. ¿Conclusión?: nuestra acción prioritaria (pero no la única) es clarificar a todos los consorcistas sobre el problema y su solución, y organizarnos para remover y enjuiciar al administrador (o al encargado), y decidir las instituciones y las personas que permitan asegurar que esas tropelías no seguirán ocurriendo.
Admito que a escala de países la cosa es un poquito más compleja. Pero lo que no puedo dejar de señalar es que el saqueo está en la mismísima razón de ser del capital, así como el mal y el delito están distribuidos con generosidad en todo el mundo. Es por lo tanto inútil perseguir saqueadores, sino que lo útil es concientizar sobre los métodos y las complicidades de que se valen para dejarnos desnudos y a los gritos.
Entonces, es justamente al “común de la sociedad” al que debemos proponerle tareas a su alcance y a la vez explicarle por qué, de momento, no podemos acabar con los buitres que revolotean sobre todo el mundo. Ello nos permitirá inscribir en un solo movimiento la solución practicable al saqueo y la contaminación (al menos, en parte), y marchar hacia el objetivo de un mundo más justo.
Mientras que —pienso yo— andar señalando a estas o aquellas empresas no garantiza ninguna de las dos cosas.
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martes, 1 de noviembre de 2011

Juegos Panamericanos: impresionante comprobación

Habitantes por cada medalla dorada en los Panamericanos:

1. Cuba = 189.655
2. Canadá = 1.172.413
3. Rep. Dom. = 1.428.571
4. Colombia = 1.875.000
5. Guatemala = 2.000.000
6. Argentina = 2.000.000
7. Ecuador = 2.142.857
8. Venezuela = 2.333.333
9. México = 2.780.487
10. USA = 3.369.565
11. Brasil = 4.434.782
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lunes, 25 de julio de 2011

Alfredo Grande tuvo otro ACV

Aunque la noticia aún no ha trascendido a la prensa, eso se deduce clínicamente de su texto “La discreta impunidad del voto”*, pues los desvaríos e incoherencias en que incurre son propios del desbarajuste en las ideas que precede a los síntomas más graves del ACV. Y digo “otro”, porque los tiene recurrentes: ¿se acuerda, por ejemplo, de lo que dijo de Mujica el año pasado? Bueno, vamos al grano, veamos qué dice ahora:

“Resulta poco digerible o directamente vomitivo que los tres vices del kirchnerismo sean de derechas”. Sí, leyó bien: “vomitivo”, que “los tres vices” sean de derechas. ¿Y los titulares? ¿Filmus, Scioli, Cristina Fernández, qué son? ¿Y los diputados, los gobernadores, los ministros, los intendentes?

Para no hacerla larga, hablemos solo de la zarina: ¿puede ser de izquierda alguien que se enriqueció ejecutando deudores hipotecarios, mientras otros argentinos pagaban con su vida enfrentar a la dictadura? ¿Puede no ser de derecha quien desde la presidencia malversa los recursos del Estado mediante los más torpes negociados (como los de los terrenos de El Calafate) y quien ha llevado al extremo la entrega del país a la voracidad de las multinacionales, en desmedro de la salud y el futuro de sus habitantes?

Y Grande remata así ese párrafo: “Me encantaría ser peronista para hacer tronar el escarmiento ante tanta burla al legado de Evita”. El legado de Evita (más allá de su fortuna, motivo de interminables disputas judiciales en tribunales de la Argentina y de Europa) es el peronismo. Es lo que el peronismo ha hecho y hace y el “manual de procedimientos” de que se vale para perpetrarlo: es un legado tangible, material, verificable. Es de mala fe hacer el cambiazo de ese legado cierto, operante, por otro que solo existe en el deseo o en la bruma del ensueño.

Grande dice aún algo más pernicioso: “Queda claro que el peronismo ya no será revolucionario, pero el dilema es qué será”. No, eso no es un misterio (ni mucho menos un “dilema”): “lo que será” no es algo que nos “sucederá”, como si se tratara de una lluvia de material volcánico o un invierno crudo: está aún por construirse; será lo que le dejemos ser, lo cual depende de nuestra conciencia, de lo que sepamos acerca del pasado y el presente reales del peronismo. Pero nada podremos cambiar si se nos sacraliza el “legado de Evita”, el cual no es ni más ni menos que la presente perversión de todas las prácticas políticas y la descomposición de los modos de convivencia social (al menos en el área metropolitana, que es lo que conozco bien): salga usted a la calle y verá en el cotidiano desprecio por el otro el reflejo de lo que los ciudadanos perciben como usos consagrados por nuestros gobernantes.

El daño que Grande produce con estas tergiversaciones de la realidad es más grave que lo que puedan tener de bueno sus aciertos puntuales o algún retruécano ingenioso, porque al respaldar la ideología, la mitología, la cultura y la metodología que el legado de Evita fusiona, nos condena a que en el futuro otros, colgándose de lo mismo, prosigan haciendo lo que hacen estos y lo que han hecho los anteriores:

[así] es seguro

que habrá más penas y olvido.

Juan del Sur.


* http://www.pelotadetrapo.org.ar/agencia/index.php?option=com_content&view=article&id=5810:la-discreta-impunidad-del-voto&catid=35:noticia-del-dia&Itemid=106

sábado, 2 de abril de 2011

"Por derecha" y "por izquierda"

.Un usuario de las expresiones "por derecha" y "por izquierda".


Si no me equivoco y mi memoria —que no es perfecta— no me engaña, fue Pepe Peña (el padre de Fernando Peña, otro que bien baila-ba) quien impuso en su programa de TV de los años setenta, muy sintonizado, las expresiones “por derecha”, como sinónimo de franco, lícito, justo, y “por izquierda”, como desleal, errado, delictuoso. Neustadt —peronista de la primera hora, secretario privado del almirante Alberto Teissaire, vicepresidente de Perón— vio el filón y también comenzó a utilizar esas locuciones con asiduidad, varias veces por programa, y fueron ellos quienes las colocaron en el anaquel de frases hechas a disposición de nuestros lúcidos compatriotas. De más está decir que para que efectivamente se arraigaran en el habla popular el público tenía que repetirlas irreflexivamente, lo cual pone una vez más sobre el tapete la importancia de ejercer el pensamiento crítico, de estar atento a las trampas ideológicas cuyo objetivo es que nosotros mismos metamos la pata donde no nos conviene, que seamos portadores (y no sanos, precisamente) de las ideas que son nuestra ruina y que, a la vez, son el negocio de nuestros enemigos.

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Desenmascaramiento de un embaucador

. ¿Honrado?
Desenmascaramiento de un embaucador
—¡Descubierto! —le dije, y le palmeé suavemente el hombro.  
Franz Kafka, “Desenmascaramiento de un embaucador”.

Al escuchar por radio la grabación, me sonó poco verosímil la discusión que suscitó Mujica cuando, por no estar en los padrones, no se le permitió votar en las elecciones del Banco de Previsión Social. Probablemente, porque, para empezar, a mí me causaba extrañeza que un presidente de un país se movilizara a un sitio de votación sin haber verificado previamente, por sí o por sus colaboradores, que estaba inscripto: eso era difícil de creer.
Pero también era insólito que el presidente se pusiera a argumentar, delante de las cámaras y los grabadores periodísticos, frente al funcionario que solo se limita a constatar que los que se presentan a votar están inscriptos en el circuito electoral a su cargo.
Será quizá porque yo no me imagino a mí mismo polemizando con el presidente de una mesa de un acto electoral, que no me permite votar a causa de que no figuro en el padrón: ¿qué tiene que ver el tipo con eso, y qué podría hacer? Es más, yo nunca llegaría a ninguna mesa, porque no existe para mí tal mesa, y de eso ya estaría enterado antes de entrar al lugar de votación, dado que para saber a cuál de ellas dirigirme primero tengo que ver mi nombre en alguno de los listados expuestos en las paredes exteriores (si es que no lo averigüé de antemano).
Para mal de males, si ya cualquier protesta de Mujica carecía de sentido en ese momento tan extemporáneo, su tono quejumbroso, recalcando que se le impedía ejercer el sufragio nada menos que a quien el pueblo había votado como presidente, y el carácter informativo de lo que alegaba no parecían dirigidos hacia quien tenía delante, sino hacia los micrófonos. En síntesis, con su lamento tendía a autopresentarse como un ciudadano más, sin ningún privilegio; un hombre como cualquier otro, de esos a quienes la maquinaria burocrática puede perjudicar a veces. La moraleja que, a mi modo de ver, procuraba comunicar ese paso de comedia era que todos cargamos nuestra respectiva cruz, incluso el que fue electo por el pueblo para dirigir los destinos del país. Así que, ¡a no quejarse!
La sospecha y el regusto desagradable que me dejó la escucha de aquella grabación quedaron ahí, puesto que no tenía elementos para fundamentar mi desconfianza. ¡Pero al cabo de los días vengo a enterarme de que hace cuatro meses miembros del entorno de Mujica habían sido informados de que no estaba en condiciones de votar! Lo cual, por otra parte, era innecesario, pues había sido decisión o descuido del Pepe no hacer el trámite para ser incluido en el padrón.
Repaso, entonces, los hechos:

1) Mujica sabía —o debía saber— que no estaba legalmente habilitado para votar;
2) A mayor abundamiento, se lo informó de esto;
3) Fue a votar.

El presidente de la Asociación de Trabajadores de la Seguridad Social, Alfredo Bertoni, aún se pregunta si “concurrió a votar a sabiendas de lo que iba a pasar” y reflexiona que “en tal caso sería extremadamente preocupante que hubiera pergeñado esta puesta en escena con quién sabe qué otras intenciones”.
No se atormente, compañero Bertoni; con los datos de que ahora se dispone, se lo digo yo: Mujica fue a montar su numerito de ciudadano común, democratísimo, que no tiene más remedio que bancarse contratiempos, como todos nos los debemos bancar. O, si no, quería hacerse el gaucho perseguido. O ambas cosas.
El campechano Mujica es la admiración de los comunicadores de los medios periodísticos de la Argentina que tengo la desgracia de escuchar o leer, por lo campechanamente que les hace saber a los orientales que, para obtener unas pocas migajas, deben tenderle alfombra roja a los privilegios y las ganancias desorbitadas de los expoliadores locales y visitantes.
Yo, en cambio, voy a causarle a Mujica una desilusión: a mí, de entrada, su montaje no me engatusó.
No basta con llamarse Pepe para ser tan buen comediante como Pepe Podestá.
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jueves, 31 de marzo de 2011

¡Larguen eso que están inhalando, che!

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Pegatinas en la zona de Congreso, 19-3-11..

"Balurdos" e irracionalismo

. Sábat, cuando dibujaba esto en "Clarín", era defendido a capa y espada por Víctor Hugo.

“Balurdos” e irracionalismo

¿Hitler fue absolutamente perverso?: según mi criterio, sí. Pero no hay que confundir ese concepto con la aseveración de que “no hizo nada bien”. Por ejemplo, promovió la práctica social del deporte, impulsó notables adelantos tecnológicos, construyó fantásticas autopistas, difundió el turismo social interno. O sea que se puede hacer algunas cosas bien y ser absolutamente perverso, si se las hace porque son ineludiblemente necesarias para poder concretar el mal mayor.

Es exactamente el caso del balurdo, paquete de papeles inservibles recortados con el tamaño de billetes, pero que arriba incluye algunos auténticos, imprescindibles para que tras un vistazo rápido el incauto suponga que el envoltorio contiene, efectivamente, dinero. Aunque la víctima de la estafa comprara un balurdo que tuviera no solo un poquito, sino la mayor parte de dinero auténtico, en la medida que pagara por el paquete más que lo que contiene de circulante legal, la operación sería absolutamente perversa, porque el fin de ella es despojarlo, sea de poco o de mucho. Porque no es que el embaucador quiera darle al estafado unos cuantos billetes genuinos; no tiene más remedio que hacerlo para lograr su cometido.

Para que la propuesta no fuera con fines absolutamente perversos, el comprador del balurdo tendría que pagar por él una suma de dinero igual o menor a la que recibe. Si es perjudicado, en cambio, todo lo verdadero que se le dio es a los fines de arrebatarle algo de mayor valor que poseía a buen título: por ejemplo, dinero u objetos preciosos.

Son habituales las manipulaciones políticas que responden al mismo esquema, por medio de las cuales amplios contingentes sociales, a cambio de una ventaja aparente, resignan porciones de poder, de ingresos y de derechos —que retienen u obtienen los manipuladores—, o no ven satisfechas expectativas de aumentos de ingresos o mejora de derechos que los manipuladores han prometido pero no otorgan, o lo hacen tarde o devaluadamente.


“Cosa lógica” irracional


Víctor Hugo Morales define a “Clarín” como “medio absolutamente perverso” (“La Mañana”, 31-3-11, 9.05 hs., y otras numerosas veces en los últimos tiempos). Y agrega que este pensamiento, “como le consta a sus oyentes”, lo mantiene desde hace muchos años, “varios de ellos en soledad”. Pero yo recuerdo perfectamente la ardiente defensa que el uruguayo hizo de su compatriota Sábat tras los ataques que este recibió a causa de aquella caricatura en la cual la presidenta aparecía con la boca cerrada por dos tiras cruzadas: ni Sábat ni “Clarín” eran, entonces, “absolutamente perversos”. Es más, tenían aspectos virtuosos muy dignos de ser apoyados. Sin embargo, aunque los cambios en la línea editorial del diario no son apreciables desde la época en que Kirchner lo favorecía abusivamente, al igual que a todo el grupo de Magnetto, hoy es “absolutamente perverso”. Los cambios, notables para quien sigue su trayectoria, han estado del lado de VHM, y por muy buenas razone$.

Pero eso, naturalmente, no lo dirá, aunque quede a la vista por el dinero en publicidad oficial que empezó a recibir desde que se dio vuelta en el aire y pasó, de ser un enemigo estigmatizado por los lenguaraces oficialistas, a ser uno más de ellos.

Víctor Hugo, en Perfil.com del 23-03-2010, considera “cosa lógica” que le levantaran su programa “Desayuno” de Canal 7 debido a las quejas “de diputados, de algún funcionario, 'cómo tienen a ese tipo ahí que nos está dando como bolsa con el tema del campo'”. Según ese criterio, no menos lógico es, ahora que se pasó de bando, que los “diputados y funcionarios” lo restituyan a la TV y la radio de todos los argentinos y lo forren con suculentos contratos y con la publicidad oficial.

Pues no, no es lógico que los medios y los dineros públicos se usen para premiar o castigar la postura de los comunicadores. Y justificarlo, como lo hace Víctor Hugo, es una irracionalidad que el peronismo ha practicado durante toda su historia.


Lo absolutamente perverso es el irracionalismo


Por cierto que lo que lleva a la ruina a las víctimas de las estafas individuales es generalmente su propia codicia dolosa o cuasi dolosa, eso de querer aprovecharse de la supuesta urgencia o ingenuidad del tramposo. También en las estafas sociales —hablo de la política—, además de la ignorancia y falta de conciencia de los más desfavorecidos —que no saben que sus intereses están contrapuestos a los de los políticos burgueses— estas defraudaciones son posibles gracias a la fallida “astucia” de los cómodos y de los que, perteneciendo a la clase de los explotados, se obstinan en creer en milagros, y una y otra vez se guían por la idea de que “este político sí, este es un tipazo, un pingazo que me va a conseguir beneficios mientras yo me quedo mirando televisión tranquilamente”. Vender ese humo es la especialidad del peronismo, el más colosal, duradero y socialmente dañino balurdo político.

En resumen: si usted leyó hasta acá, comprenderá por qué considero al peronismo —y en particular a su versión actualmente hegemónica, el kirchnerismo— absolutamente perverso.

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domingo, 6 de marzo de 2011

¡Qué porquería, el carnaval!, ¿no?

Y que siga el corso..

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Carnaval, o la libertad-espectáculo

…defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y de los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres.

Mario Benedetti.

Donde hay público ya hay una postura, una representación para el afuera. Los insurrectos del Mayo francés tenían esta idea: “Proscribamos los aplausos; el espectáculo está en todas partes”.


Desde hace varios años, en Buenos Aires y su conurbano, y también en Montevideo, aunque en una medida menor, se ha instalado una concepción militante del carnaval. Qué digo militante: ¡heroica!

Sus más intrépidos portavoces declaran que el carnaval busca "romper con la hegemonía que ejercen los de arriba sobre los de abajo" y con “esa imposición de que solo hay que trabajar” y, además, “llama a un grito de todo lo que se está padeciendo y esto en algún momento se les viene en contra a los de arriba. Por eso, al carnaval se lo ha querido prohibir”.

Es cierto que se lo ha querido prohibir, y se lo ha prohibido, pero, ¿qué cosa no se ha prohibido a lo largo de la historia? Por ejemplo, Cronwell y los puritanos despotricaron contra las diversiones públicas y prohibieron el teatro y la ópera: Shakespeare estuvo prohibido en Inglaterra. Sin embargo, respecto del carnaval la tendencia no ha sido impedir su celebración, sino favorecerla.

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En la Noche de San Juan, cómo comparten su pan

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Para más datos, todas las “fiestas” en general han sido emplazadas en las sociedades más opresivas y petrificadas como válvulas de seguridad, un respiro para los de abajo ante la fatiga y la penuria sin horizontes.

Tanto es así que se pueden rastrear los antecedentes del carnaval en las más antiguas —y autocráticas— civilizaciones, como en Sumeria y en Egipto (Egipto: ¿le suena?), con referencias que se remontan a hace cinco mil años. Y fue la Iglesia Católica —que no es boba— la que de algún modo integró fiestas paganas a su celebración litúrgica mayor, la Pascua de Resurrección y la Cuaresma que la precede, fijando el carnaval en los tres días previos al Miércoles de Ceniza.

Por esa razón, en el ámbito cristiano el carnaval es un período de permisividad y cierto descontrol… organizado.

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Libertad con horario

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De modo que al lado de los fundamentalistas del “carnaval revolucionario” se pueden encontrar opiniones diferentes, como la de los que piensan que es el momento de autenticidad; no de ponerse la máscara, sino de sacársela, de mostrarse tal cual se es, soltarse, liberarse. Y también están los otros, los que lo toman como una oportunidad de tirar la chancleta. Y otros más, que no sin astucia recomiendan que “por cuatro días locos que vamos a vivir… ¡por cuatro días locos, te tenés que divertir”, o que “no hay que llorar, que la vida es un carnaval y las penas se van cantando”.

Pero lo asombroso de todos ellos es que, reconociendo en su modo de encarar el carnaval un valor superior o, al menos, apetecible, se resignan a confinarlo a unos pocos días del año, en lugar de desplegarlo a lo largo de toda su vida.

Si la perspectiva propuesta es lograr tres días de libertad contra trescientos sesenta y dos de agachar la cabeza, espérenme ahí, que voy, me suicido y vuelvo.

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La zorra rica al rosal

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Ya mencioné algo asombroso; aquí va algo más. Estoy pensando en esas personas de lo más humildes que tienen todo el año en la mira los días de carnaval, y le restan tiempo a sus intereses y a su descanso con el fin de obtener la caricia del aplauso de los burgueses y pequeñoburgueses (si no buscaran eso harían la fiesta puramente entre ellos). Y los burgueses y pequebús disfrutan de esa donación y terminado el carnaval, que te mueras. No, que te mueras, no; mejor, que sobrevivas hasta el próximo carnaval, así me divertís con tus cabriolas y tus coplas inofensivas. Y a ver si ponés un poquito más de energía (¿qué te pasa?: ¡parece que estuvieras desnutrido!) y también más imaginación; eso ya lo vi el año pasado.

Es el orgullo (orgullo alienado) de esos mansos: “¿Ven?: estamos en el escalón más bajo de la pirámide social, pero bien que les gusta venir a ver nuestras comparsas”.

O si van un poquito más lejos:

—¿Viste cómo se quedaron fríos cuando cantamos eso de “los gordos con sus cadenas de oro sosteniéndoles la panza”?

Sí, qué golpe duro.

Desesperados, no encontraron otra salida que ir tomar champán al bar de un hotel cinco estrellas.

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Carnaval Nac&Popó

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En tren de optar, ya lo he insinuado, prefiero trescientos sesenta y dos días de compromiso y de autenticidad, y consagrar los tres de carnaval a bailar y darle a la pandereta. Y hacer sonar pitos y matracas, también, qué joder: descontrol total, o sea.

Lo de presentar al carnaval como una gesta casi insurreccional es propio de las mistificaciones que promueve el populismo. Para mí, es como cantarle cuatro frescas al retrato del dueño de la empresa. Si vas a organizarte, que sea para plantear los reclamos en su ámbito propio, no en el efímero y equívoco de un corso.

Pero los que padecen esta recurrente inflamación de la glándula carnestolenda tienen más argumentos. Una tal “Comunidad del Carnaval” nos alecciona que “los Carnavales convocaron a más de un millón de espectadores por año”. “Un millón” posee el mérito santificante de la magnitud, según decía Bierce. “Un millón de personas llenó la Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945”; “un millón de jóvenes peregrinaron a Luján”: y así, de millón en millón, estamos como estamos.

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Tristeza não tem fim

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Cada vez más, las cosas no se hacen por sí mismas, sino como espectáculo para otros o para que sean registradas por las cámaras de televisión. Cuando anunció “Deportes para Todos” la presidenta sostuvo que su objetivo es que el pueblo vea eventos de cultura popular”. Es un compendio de ideas gratas al populismo: “deportes para todos” es que el pueblo vea en acción por TV a las elites hiperprofesionales de actividades que, como espectáculo, hace ya mucho que dejaron de ser deporte, y a esto lo llamaremos “cultura popular”.

Para mantenernos entretenidos y apartados de nuestra identidad social más profunda el populismo siempre está revolviendo en el tacho del interés falso y, parafraseando a Marcuse, de ese modo solo puede proporcionarnos, en el caso más favorable, la mejor felicidad falsa.

De eso se trata el carnaval: ¡la pucha!, el poder no solo nos ordena cuándo debemos estar con los morros metidos en la tarea, sino también cuándo divertirnos e, incluso, ser díscolos y atrevidos.

Temo que a usted lo haya empalagado toda esta cháchara. Por eso me despido con una cortita y al pie:

El que se divierte cuando se lo ordena el calendario, en realidad no se divierte: trabaja de divertirse.

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miércoles, 16 de febrero de 2011

Noticia del mundo real

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El dedo acusador.
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Un trabajo que te come la vida de a pedazos —literalmente—, pero que hay que conservar silenciando aun los hechos más terribles. Un empresario (y no hay más que decir).

El lugar:
—Una rotisería en Alta Gracia, provincia de Córdoba, República Argentina.
Los protagonistas:
—El dueño (empresario nacional, un pyme bien argento)
—Una empleada que preparaba el relleno para las empanadas
—Un comedido
—Un cliente
—Una empanada

La empleada picaba carne en la máquina cuando, en un descuido, esta le arrancó un dedo.
Mientras la mujer, al borde del desmayo, llora a mares por el dolor físico y también por haber quedado mutilada, hay quienes tienen otras preocupaciones. Uno le pregunta al dueño:
—¿Y qué hacemos con el relleno? ¿Lo tiramos?
—No, qué lo vas a tirar, si ya está todo molido. Es carne. Carne fresca.
(Telón rápido.)
Título de la obra: “Un país en serio”.


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Encontró un dedo en una empanada
En Alta Gracia, un joven se llevó una sorpresa de mal gusto.

16.02.2011 08:20
Un joven de la ciudad cordobesa de Alta Gracia aseguró que encontró un dedo humano dentro de una empanada comprada a una rotisería local, que había sido arrancado a una empleada del comercio mientras picaba carne en una máquina.
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El extraño caso fue denunciado hoy por un muchacho identificado como Alejandro Iriarte, quien hace dos semanas concurrió a un local de comidas cercano a su casa para comprar tres empanadas.Un trabajo que te come la vida de a pedazos —literalmente—, pero que hay que conservar silenciando aun los hechos más terribles. Un empresario (y no hay más que decir).
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Según Iriarte, mientras masticaba uno de los pasteles, sintió algo duro y, al escupir sobre un plato el bocado, descubrió que, entre la masa y las aceitunas había una uña humana. El joven indicó a la radio Cadena 3 que, en un principio, pensó que se trataba de una uña postiza, pero al observar atentamente el relleno descubrió la primera falange de un dedo.Iriarte aseguró que inmediatamente se descompuso y empezó a vomitar. "No sabía qué pensar, cómo había llegado eso ahí. Me mejoré un poco, lo envolví, me fui a la rotisería donde había comprado la empanada y le mostré al dueño lo que había pasado".
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El cliente destacó que el propietario del establecimiento le pidió disculpas y ofreció indemnizarlo devolviéndole el dinero correspondiente a las tres empanadas. "Le dije que no, que tuviera más cuidado la próxima vez. Salí y me fui", precisó Iriarte, quien destacó que, pocos días más tarde, se enteró de que una de las empleadas de la rotisería había perdido un dedo mientras manipulaba la picadora de carne.
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"Me contaron que una chica estuvo trabajando con una picadora, metió la mano de más y se arrancó el dedo", contó, y precisó que no realizó ninguna denuncia en la municipalidad para evitar que "alguien se quede sin trabajo. Ahora me lo tomo con gracia y hacemos todo tipo de chistes".
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Fuente: DyN.
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martes, 8 de febrero de 2011

La mala conciencia del Orákulo


Algunas observaciones sobre la ética de VHM

Parece mentira que quien tiene altos ingresos —bien ganados, si consideramos el favor del público— por programas en radio y TV y columnas en medios gráficos (además de agarrar, ahora, plata grosa del gobierno) no pueda sustraerse a la mezquina tentación de pichulear en sus programas con avisos fuera de las tandas publicitarias… en abierta violación de la Ley de Medios de la cual se declara ferviente partidario y admirador. Esta codicia sin escrúpulos define a las claras el pelaje moral de la reciente adquisición (nunca mejor aplicada esa palabra) del kirchnerismo: el Orákulo de Cardona, el Prócer, Víctor Hugo Morales.
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Voy a los detalles: VHM es proclive a transparentar que tiene mala conciencia, lo cual es un mérito en un ámbito —el de la política y los medios— en que son contadísimos los que tienen conciencia, ya no digo buena: ni siquiera mala. El caso es que, como se sabe, se ha puesto en vigor la norma que establece que en los medios audiovisuales la publicidad deberá ser emitida encapsulada en un segmento específico, del cual debe anunciarse el principio y el fin. Pero VHM, como algunos otros conductores, tiene su propio arreglito con la radio y varios avisadores, por el cual pasa publicidad en tiempo de programación —llamémoles “chivos”— infringiendo la misma ley cuyo cumplimiento reclama a otros con severas peroratas.
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Aunque no menciona que su aclaración sea en respuesta a alguna objeción —si algún oyente mandó un mensaje en tal sentido, no lo van a difundir—, de las tres veces que últimamente sintonicé su programa durante un rato, dos de ellas dijo, cubriéndose al leer esos avisos, que lo que estaba diciendo era publicidad, “pero también es información”. Una coartada de una indigencia abrumadora, pero que a él le sirve para quedar en paz con su ya mencionada mala y, por lo visto, muy indulgente conciencia: desde ya, toda propaganda, poniendo voluntad, puede ser equiparada a información, ya sea “Coca-Cola refresca mejor”, “Si es Bayer, es bueno”, o la que a usted se le ocurra. Lo que sucede es que VHM es consciente de que el número, extensión y reiteración de esos avisos ilegales no pueden pasar inadvertidos para los oyentes de su programa: Joyerías Ricciardi, alimentos para animales domésticos Raza, cristales ópticos de neodinio, Pipeta Fipro, Termos Lumilagro, Anteojos Francioni, filtros para bombillas Maxfil, son los que recuerdo.
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Otras veces es la vida cruel la que lo obliga a justificarse (a él, repito, porque otros, en su lugar, ni a las piñas), como sucedió con el “gol” en offside de Tévez contra México, en el mundial de Sudáfrica. “Ahora están pasando las repeticiones por TV, y es comprensible que los mexicanos estén protestándole sobre todo al juez de línea” [transcribo de memoria], dijo VHM al ver que las imágenes en los monitores de su cabina y en las pantallas del propio estadio se encarnizaban en probar que la colocación de Tévez era inválida no por una cuestión de centímetros, sino de metros, circunstancia que él soslayó, pese a que en sus relatos nos tiene acostumbrados a que dilucida en las áreas acciones más confusas, fugaces y milimétricas. Lo que pasó es que el gobierno le paga a Víctor Hugo —y, en particular, puso la plata para que relatara el mundial— para que vea todo en positivo, “tudo bem”, no para que ande husmeando offsides en los goles de la selección de la patria, dirigida, para más datos, por un mimado del régimen.
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Cuando el Orákulo se apercibió de que era en vano intentar ocultar lo que el mundo entero estaba viendo, quiso salir él del offside y para ello improvisó una justificación muy desafortunada, diciendo que “desde la posición en que estamos no es posible advertir si existió tal infracción”. Ese fuera de juego de varios metros sólo puede no verse si uno está encerrado en un excusado en lo más profundo debajo de las tribunas. Y si uno es relator y desde su cabina no tiene una visión suficiente de los arcos y las áreas chicas, de verdad lo digo, no sé qué hace ahí.
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Hay otro remilgo moral —y funcional— de Víctor Hugo —con esto termino, por ahora— que es el de no resignarse a asumir su condición de adulón del gobierno. Quiere mantener la pose de independiente, y esto es comprensible, tanto para no traslucir que ha sido cooptado, como para que su visión color rosa del país tenga credenciales de ecuanimidad. “Lo tenemos a los saltos, este año, llamándolo a cada momento, pero usted comprenderá que está en un lugar de la escena política que demanda nuestra consulta reiterada”, le dice como saludo VHM a Binner el lunes 7/2 [hasta “comprenderá” es literal; lo que sigue es fiel al sentido pero no alcancé a copiarlo textualmente]. Si es cierto que “lo tiene a los saltos” y lo “llama a cada momento”, no hay razón para apelar a la comprensión de Binner, puesto que, ¿qué más quiere un político que poder dirigirse gratuitamente a una amplia audiencia? Y si no es cierto, ¿podría acaso su interlocutor contradecirlo, por ejemplo, precisando “bueno, no es para tanto, son tres llamados en los treinta y ocho días que van del año”? Queda claro, entonces, que no son palabras dirigidas al santafesino, sino que Víctor Hugo lo usa ante la audiencia como fiador forzado de que es un comunicador imparcial, que pone su micrófono a disposición de los opositores con extrema asiduidad.
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Un lince, el Orákulo.
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Pero veremos en otro envío que no siempre le salen las cosas tan bien.
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jueves, 6 de enero de 2011

Fromm: ateos y religiosos

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Recibí por correo-e este producto, torpe y prejuicioso por donde se lo mire, y encontré la oportunidad de enchufar una cita de Fromm que hace rato buscaba colocación. Cada vez que hojeo el libro del cual está extraída me deja una sensación de contrariedad, porque el autor argumenta en una dirección que no comparto y que no alcanzo a replicar consistentemente. Pero el párrafo vale la pena porque, como él dice líneas más arriba, no sólo resume el tema de la obra, sino que contiene una idea con la cual en parte coincido y en parte me parece valiosa para fecundar el debate.

"Desdichadamente, la discusión acerca de la religión, desde el siglo XVIII se ha dedicado principalmente a la afirmación o negación de una creencia en Dios, más bien que a la afirmación o negación de ciertas actitudes humanas. «¿Cree en la existencia de Dios?», ha sido la pregunta fundamental de los religiosos, y la negación de Dios ha sido la posición elegida por los que combatían a la Iglesia. Es fácil ver que muchos de los que profesan la creencia en Dios son, en su actitud humana, adoradores de ídolos, u hombres carentes de fe, mientras que algunos de los «ateos» más ardientes dedican su vida al mejoramiento de la humanidad, a actos de fraternidad y amor, y dan muestra de fe y de una profunda actitud religiosa. Centralizar la discusión religiosa en la aceptación o negación del símbolo Dios, cierra el camino al entendimiento del problema religioso, como problema humano, y evita el desarrollo de esa actitud humana que puede llamarse religiosa en el sentido humanista."


Erich Fromm, “Psicoanálisis y religión”, Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires, 1990, pág. 92.
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Los floppy disk del Mar Muerto

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Un descubrimiento apasionante

En una cueva próxima a aquellas donde se encontraron los famosos “Manuscritos del Mar Muerto”, en Qumram, se halló una caja con floppy disk de 5 ¼, en perfecto estado de conservación, cuyo contenido sin embargo demoró en ser conocido dadas las dificultades para conseguir una lectora de ese tipo de disquetes.
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La sorpresa y la emoción de arqueólogos e historiadores al poder acceder a los textos guardados en los floppy fue enorme, ya que se trata de referencias de primera agua sobre la maternidad de la Virgen María, circulantes en la época de ese suceso.

Recipientes: en los de la izquierda estaban los manuscritos, y en el de la derecha, los disquetes.
Foto: “L’Osservatore Parmegiano”.

La autenticidad de los documentos ha sido casi unánimemente aceptada, con la excepción de investigadores que no la admiten por obvios celos profesionales y los que la rechazan por prejuicios ideológicos. La antigüedad del material, desde ya, está asegurada porque ese soporte hace muchísimo que dejó de usarse y, por otra parte, la sistemática referencia desde hace años, en los estudios bíblicos, a los “manuscritos del Mar Muerto” pone en evidencia el empeño de distinguirlos de otros registros, en formatos distintos, de cuya existencia ya se sospechaba o se tenía conocimiento, porque si sólo se hubiera practicado en aquella época aquel tipo artesanal de anotación sería ocioso subrayar el modo en que fueron producidos, y se hablaría simplemente de los escritos, o los textos, o los documentos del Mar Muerto. Recordemos que en los ya añosos dispositivos de almacenamiento magnético la información se guarda de manera digital, y no analógica.

En resumidas cuentas, los disquetes recogen las versiones circulantes en el vecindario de Nazaret —pueblito de Galilea— al tiempo del embarazo de María, basadas en dos hechos concurrentes: algunos comentarios esquinados y rencorosos de su marido, José, en el sentido de que él “no la había tocado”, y la familiaridad de María con los soldados del destacamento romano, particularmente con uno de ellos, muy apuesto.

La versión contenida en los floppy, hay que admitirlo, es, respecto de la que se lee en la Biblia, muy superior en cuanto a compatibilidad con los hechos históricos probados y, por otra parte, no requiere echar mano de incidentes milagrosos ni de fornicaciones con extraterrícolas.

Vayamos por partes: el relato que nos presenta el Nuevo Testamento no puede tener otro origen que los propios María y José, puesto que refiere sucesos privados de los cuales sólo ellos podían tener conocimiento, y que son los siguientes: María quedó embarazada sin haber tenido relaciones con su marido y, según Mateo (1. 18), “se halló que había concebido del Espíritu Santo”, extremo sólo acreditado, dicho sea de paso, por los alegatos de la declarante. Pues bien, José, bastante resentido, la quiso dejar, pero —continúa Mateo— el ángel Gabriel se le apareció en sueños y le explicó cómo eran las cosas, de modo que José la perdonó, “pero no la conoció hasta que dio a luz”. Si bien después de un parto sólo se puede hablar de virginidad en sentido metafórico —o espiritual, si se quiere—, el dato de que José la anduvo conociendo a María pone en tela de juicio también esta acepción. Volveremos sobre el tema al final.

En Lucas (1. 34), en cambio, el ángel se le aparece a María, diciéndole que tendrá un hijo: “¿Cómo será esto?, pues no conozco varón”, se asombra ella. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti” —le responde el ángel— y lo que sea, será. Lucas no nos cuenta cuál fue la reacción de José ante la novedad.

Los floppy de 5 ¼ —o, más específicamente, uno de ellos— presentan una fuente histórica distinta a los dichos de María y José: un resumen de las habladurías del vecindario de la pareja. Según algunas mujeres —particularmente, las ancianas, se aclara— María era “muy salidora”, e iba a buscar agua a la fuente varias veces por día, y se entretenía charlando “con muy poco juicio” con los soldados romanos que merodeaban por allí a causa de que era un lugar muy concurrido por las mujeres. Las vecinas murmuraban, a veces ni siquiera a sus espaldas, pero cuando María tenía oportunidad les respondía con rudeza, ya que al parecer era “muy boca sucia”. Alguna llegó a aconsejarle que para darle otra orientación a su vida le convenía quedar embarazada, a lo cual respondió tajante: “¿Cómo será esto?, pues mi marido se la pasa cepillando… pero sólo la madera”.

Pero, así y todo, resulta que quedó gruesa, y que José, ceñudo, mascullaba su ajenidad al fenómeno. María se apercibió de que el cielo se le nublaba, no de nubes sino de piedrazos, y como no sólo era ligera de cascos sino de entendederas, le contó a José lo del travieso Espíritu. En este punto tenemos que conjeturar que a su marido, entre quedar como cornudo y sin mujer, y aceptarle el embuste, le convenía lo segundo, porque a su edad y con un antecedente de lapidación de su primera esposa su destino habría sido la soledad definitiva. Así que ambos salieron a propalar, con las discrepancias que recogió la Biblia, la versión que, por distintas razones, le convenía a cada uno, aunque sin poder acabar con las suspicacias.

Pero según la preñez iba llegando a término, María intuyó que el aspecto del recién nacido podía ser fuente de renovados problemas si se parecía al padre, ya que éste era un soldado del Imperio reclutado en las tribus del norte, así que urgió a José a emigrar bien lejos, lo cual los llevó hasta Belén.

En esto la historia construida por los redactores de la Biblia no es fiel a los hechos. Lucas (2. 1-3) dice que el viaje fue para cumplir con el censo ordenado por Cirenio (o Quirinio), pero estudios recientes demuestran que eso no es cierto pues las fechas no coinciden por años de diferencia. Por otra parte, que la Biblia no mencione el posible aspecto nórdico de Jesús no es suficiente para impugnar lo recogido en el floppy, sino que, por el contrario, bien podría ser un intento deliberado de esconder una cuestión que en su momento fue urticante.

Por último hay que observar otro traspié de la crónica oficial: los hermanos de Jesús (Lc. 8. 19, Mt. 12. 46, Mr. 3. 31-32), obviamente hijos de la Virgen María. A menos que el Espíritu Santo se haya aficionado, visitándola asiduamente, a ella ese asunto le queda un poco grande (lo de “virgen”). Si no fue así, los nazarenos que dejaron su testimonio en el floppy habrían dudado de que el anciano José se volviera fogoso con los años. Por eso, seguramente hubieran reflexionado que la primera infidelidad es la que más duele, y que después de que el anciano José decidió digerirla, las siguientes ni lo mosquearon.

(Traducido de “L’Osservatore Parmegiano”, 25-12-10, pág. 38.)

jueves, 30 de diciembre de 2010

Gauchos light

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La imponente figura casi llenó la puerta del boliche. Al ver a Paredes bebiendo en el mostrador, bramó:
—¿Usté anda diciendo que anoche nos estuvimos besando en lo oscuro?
Sorprendido, el aludido balbució:
—¿Yo, Muraña? ¿Cómo puede...? ¡Jamás haría eso...! ¡Jamás!
—Entonces, nos han visto —murmuró abatido Muraña, acercándose.
—Bueno, compadre, desde el principio sabíamos que eso podía pasar. Vamos, tómese un trago; tranquilícese.
—¿Qué haremos? ¿Adónde iremos a parar?
—Dicen que lo de Mendiguren se pone bueno a esta hora.
El recio rostro de Muraña se desencajó, y negó, casi sollozando:
—¡No!: ¡con tanta habladuría, tanta incomprensión...!
—Sosiéguese, nos observan, no la complique —Paredes bajó la voz—. Mire, hay un fotógrafo, disimulemos.
—¿Dónde...?—Muraña giró el rostro hacia el salón— ¡Ah!, ¿qué cuenta, amigazo? ¡Sáquenos una foto brindando con este paisano!
—¡Eso! ¡Choquemos los vasos! —apoyó Paredes.
Los gauchos miraron el objetivo y dijeron al unísono:
—¡Felices fiestas para todos!
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lunes, 27 de diciembre de 2010

Nombres propios impropios...

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...y otras calamidades
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Foto: "Pato sirirí", Pablo Rodríguez.

Padres dementes y un Estado que, salvo para imponer el orden explotador, no tiene autoridad para asegurar un mínimo de racionalidad social dan por resultado situaciones risibles… que no causan risa.

Llevar un apellido que se preste a la chacota siempre representa un riesgo: el de encontrarse con alguien de mentalidad estólida que se encarnice de modo más o menos ostensible sobre esa particularidad. Por cierto, no escasean los infradotados que, a falta de otro mérito para experimentar una superioridad sobre sus semejantes, se burlan de algún nombre o apellido, como si eso pudiera elevarlos.

Cuando se es chico las burlas de ese tenor son capaces de agriar el carácter y originar una personalidad retraída y resentida, porque el ensañamiento de los otros pibes puede no tener tregua ni término, y se carece aún de los recursos personales para compensar esa contra. Claro que también esa adversidad puede fortalecer una personalidad y hacerla invulnerable.

¿A qué viene esto?: a que reencontré unas anotaciones que tomé hace muchos años, cuando me tocó corregir los padrones electorales. No la totalidad del padrón, sino una parte, digamos unas decenas o centenas de miles de datos de electores. Pero esa fracción del total bastó para que me topara con detalles asombrosos, que entonces registré cuidadosamente, con nombre completo, localidad, etc. En el orden de los apellidos anoté, por ejemplo, Pústula, Ruina, Pólvora, Vaca, Fea, Coito, Perro, Perra, Zorra, Boluda, Balín, Seaturro, Zapato, Piernavieja, Espantoso, Culo, Concha, Laconcha, Forro, El Busto, Limones, Teta, Tetilla, Verga. El curioso —o el desconfiado— los puede encontrar también en la guía telefónica.

Pero los apellidos, lo sabemos, vienen adheridos a nuestra prosapia, representan la continuidad del linaje familiar y, además, cambiarlos es un trámite complejo y supeditado al criterio del juez. Lo que me preocupa es el tema de los padres que condenan a sus vástagos a llevar nombres de pila ridículos e incluso ofensivos hacia sus personas. Yo estoy absolutamente en contra de que se pueda poner cualquier nombre: los nombres de los varones, por ley, debieran ser elegidos entre José, Pedro, Ricardo, Alberto y una docena más, y los de las mujeres entre Ana, Marta, Ester, Lucía, María y otros pocos, pero normales y decentes. Esta disposición legal podría completarse con otra que estableciera que a partir de los veintiún años el ciudadano pueda tramitar un cambio de nombre, y si quiere llamarse Sorullo, Ñanquetruz o Racarraca, allá él.

Algunos padres se entretienen incluso en buscar combinaciones llamativas de nombre y apellido, o estas surgen por descuido, o al integrarse con la profesión del ciudadano o ciudadana. Tales los casos de Argentina Presa, Argentina Medicina, Urbana Radio, Blanca Blanco, Letra Lila Blanco, Raro Salto, Blanca Concha, Carlos Culo (odontólogo), Flordelinda Bustos, Pablo Vaca (carnicero), Dalia Jardines.

Pero confío en que el resumido listado de nombres estrambóticos copiados de los padrones, que transcribo a continuación, lleve a quien lo lea a compartir la convicción de que los nombres que los padres puedan imponer a sus hijos deben ser extraídos de una lista rigurosamente limitada.

Aquí van, empezando por los del padrón masculino:

Beato
Irrito
Perfidio
Ardor
Gil
Aspirino
Flor
Casto
Damo
River
Independiente
Solitario
Electo
Demencio
Marto
Universo
Néctar
Nueve de Julio
Digno
Catedral
Pasión
Puro
Orrito
Susano
Redondo
Querubín
Padre
Hitler
Desposorio
Oservando
Presbítero
Bebito
Luzbel
Biplano
Longines
Aerolito
Cacho
Glorioso
Caín
Correntino
Ídolo
Altivo
Normal

Nombres de pila del padrón (¿madrón?) femenino:

Anélida
Transfiguración
Lela
Irrita
Edicta
Neófita
Oseanía
Actividad
Democracia
República
Esclavitud
Traslación
Pura Luz
Humilde
Perpetua
Vespertina
Severa Iluminada
Cátedra
Estralación
Tranquilina
Gringa
Vicia
Sustituta
Expedita
Beata
Víncula
Digna
Olvido
Nimia
Holanda Ilustración
Dulce Nom de Je
Tranfig
Suplicia
Parisina
Limpia
Sietelinda

Algunos nombres, de unos y otras son, más que nada, curiosos, como Cacho, Padre, Bebito, Gringa o Nimia. Pero otros son brutales y rencorosos, tales Vicia, Suplicia, Luzbel, Demencio o Perfidio. Por suerte hay uno Normal, al menos.

Pero si aquella corrección de padrones me dio ocasiones de sentir disgusto, también tuvo su momento delicioso, cuando leí en un registro cómo había anotado el empleado el domicilio del elector: “calle Saint (ex Superí)”.

Che, a vos, funcionario del Registro Civil: bruto y todo, te mando un beso. Pasan los años, y cada vez que me acuerdo de tu inspirada ineptitud me hacés sonreír.
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viernes, 3 de diciembre de 2010

Tragedia griega en la calle Pepirí

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Las cosas no suelen ser como nos las cuentan.

En la Argentina pocos crímenes cometidos por policías son esclarecidos por la denuncia y la acción de sus propios compañeros. Pero a veces esa práctica se vuelve dolorosamente contra ellos mismos.


—¡Gorosito...! ¡Gorosito...!
Un hilo de voz, apenas, quebrado por el dolor y por el miedo. Miedo a algo que a todos nos espera al final del camino, pero que para Christian —26 años colmados de proyectos, deportista, diseñador gráfico, empleado de Metrogás— hasta un minuto antes sonaba tan remoto que era como si no existiera.
Pero ahora estaba ahí, acechando. ¿Cómo podía ser? ¡No, no podía ser!: él había estado esa tarde haciendo pesas en el Círculo de Suboficiales de la Policía Federal; venía de comer rico en casa de la abuela, y ya paladeaba el final de un día perfecto, porque su madre le había dicho por teléfono, un rato antes:
—No te demores en lo de la abu: ¡mirá que te preparé budín de pan!
Su postre preferido. Pero tendría que esperar, quizá. Desde hacía un minuto en su vida se habían mezclado imágenes de otra película, incomprensibles. Y ahora estaba tirado en la vereda, a pasos de su casa. Los policías habían disparado contra él, y entre ellos estaba ese amigo de papá, el sargento Gorosito.
Llamó de nuevo, quedamente, con miedo casi de respirar, sintiendo que las energías se le escapaban. Y ese dolor terrible, ahí, en la ingle.
—¡Gorosito...! ¡Gorosito...!
Eran las 23.45 del 3 de diciembre de 1997.
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Láquesis enrolla lo que hiló Cloto

—Gorosito, el chorro te está llamando —le dijo otro policía al sargento.
“Le puse la pistola martillada en la cabeza y le grité: '¡Hijo de puta, de dónde me conocés'!”, le confesó el sargento Hugo Gorosito al sargento Carlos Alberto Robles, padre de Christian.
Los policías se habían emboscado en la heladería de Pepirí 605, esperando que unos sospechosos de haber asaltado una pizzería de las inmediaciones pasaran por la vereda buscando el auto que los esperaba con el motor en marcha un poco más allá. Así lo hicieron: cuando un trío de jóvenes terminó de pasar frente a la heladería, salieron en tropel y al grito de “¡Alto, policía!” descargaron sus armas contra ellos.
Christian alcanzó a darse vuelta y se quedó quieto, tratando de demostrar con su actitud que no tenía nada que temer, ni propósitos agresivos y ni siquiera de escape, o de protegerse (por ejemplo, arrojándose al piso). Fue peor: le pegaron catorce balazos a mansalva, desde cinco metros de distancia, hasta que lo derribaron.
Gorosito estaba a punto de rematar al caído (el otro sospechoso muerto, según reveló la autopsia, tenía doce impactos de bala; uno de ellos en la cabeza disparado desde muy corta distancia), cuando lo reconoció: precisamente del Círculo de Suboficiales, donde el joven iba a hacer pesas y él a practicar full-contact con el padre de Christian, el sargento Carlos Robles.
Los padres de Christian oyeron desde su casa la seguidilla de estampidos. Carlos, que se estaba bañando, le dijo a su mujer que llamara a lo de la abuela para que el muchacho no saliera a la calle, pero éste ya había partido. El policía se secó apenas, se puso un short y saló a la calle con el arma envuelta en una toalla.
Yo conozco —o conocía— muy bien el lugar; hasta un par de años antes de este episodio íbamos muy a menudo con los chicos a esa cadena de plazas y plazoletas —José C. Paz, Nicaragua (en realidad, un descampado), que hacia el norte enlazan con el Parque Patricios—, y a la vuelta comprábamos helado en Vía Pepirí, que así se llamaba la heladería.
Hasta ahí corrió Robles para encontrar —sin poder entender lo que veía— a su hijo en el suelo, acribillado a balazos y rodeado de policías, todos conocidos.
—¡Papá, hacé algo que me duele la pierna! —le rogó Christian.
“Papá, hacé algo”: ese mocetón robusto, seguro de sí, volvía a ser un niño indefenso que todo lo esperaba de la omnipotencia del padre.
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Átropos corta el hilo

El Tribunal Oral 26 concluyó que la jueza "no fue debidamente informada sobre la [existencia de una segura] víctima inocente, y que ésta tenía diez impactos" en la región genital que le provocaron la muerte, más otras siete heridas de bala en distintas partes del cuerpo. La investigación previa fue realizada por la División Robos y Hurtos, a la que pertenecían los ocho policías involucrados, la cual giró la causa al juzgado de instrucción recién después de dieciséis días de producidos los hechos. En el transcurso de ese proceso, y el judicial que siguió después, se perdieron pruebas, se omitieron pericias, se anularon juicios por razones técnicas, renunciaron fiscales.
Sabemos, ¿o no?, cómo son los juicios a policías: todo se entorpece, se enturbia, desaparecen pruebas y se fabrican otras. Al cabo de ocho años el único imputado, el oficial principal Arena, fue condenado a tres años de prisión en suspenso por el delito de “homicidio por imprudencia”.
Arena "tenía mucho peso" en Robos y Hurtos —dice Carlos Robles—, "armó la ratonera" para los asaltantes en el medio de la cual cayó su hijo. "Este era un proceder habitual de esa basura, un asesino en potencia", agregó. “Querían matar a los sospechosos, no detenerlos. Y si no reconocían a mi hijo, seguro que lo remataban y le 'plantaban' un arma."
Eurípides no podría urdir la trama de esta tragedia mejor que el padre de Christian: cuántas cosas sabía —del proceder de la fuerza de que formaba parte y de sus colegas—, pero calló mientras los muertos eran los hijos de otros. Y así, con silencios y complicidades fue tejiendo la fatalidad que un día aciago se abatió sobre él y su familia.
Porque cuando ese manto estuvo listo Átropos cortó el último hilo: Christian murió —demasiado resistió— un día y medio exactos después de ser herido.
Ya se sabe que en estos casos son los inocentes —¡qué déspota puede ser el dolor!— los que se llenan de reproches, mientras los culpables los avientan lejos de sí: “Si yo no le hubiera pedido que se quedara a cenar”; “si yo no le hubiera dicho que se apurara, que le había preparado budín de pan”. La abuela murió a los pocos meses, y su marido no mucho después. La madre no sabe lo que es sonreír sin que el cuchillo del recuerdo transforme la sonrisa en un rictus de amargura.
Y hasta a mí la esquina de José C. Paz y Pepirí me fue negada para siempre. No quiero —pero sé que sucedería— pasar por allí y oír esa voz apagada, casi un quejido, que clama:
—¡Gorosito...! ¡Gorosito...!
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jueves, 2 de diciembre de 2010

Una cartera Luis Vuitton de €18 millones

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.Una cartera Luis Vuitton de €18 millones

La cartera es mía, mía.

No es exactamente una de las que gusta lucir nuestra presidenta, sino la cartera de stock options con cuya venta un ejecutivo de Luis Vuitton ganó €18 millones de un saque. Las stock options son los incentivos en forma de opciones sobre acciones que reciben los directivos de empresas en función de los objetivos alcanzados.

Así nos lo cuenta Alejandro Teitelbaum en “Los gobiernos han cedido el poder a las transnacionales”*. Y se pregunta: ¿Qué tendría que hacer una persona trabajando, dando clase, en un hospital, haciendo un servicio a la sociedad para ganar 18 millones de euros?. Y se contesta: No una, sino “quince personas con un salario de 2.500 euros tendrían que trabajar durante 40 años para conseguir lo que el directivo de LVMH (Moet Hennessy Louis Vuitton) logró en media tarde. Esos quince tipos fabricando, prestando servicios, manejando autobuses, etc., tardarían cuarenta años con ese buen salario, mientras que este capitalista necesitó unas horas para lograrlo y sin hacer ningún servicio a la sociedad”.

Para empezar, menciono mi pequeñito orgullo, como argentino, porque mi presidenta, con sus compras, ha contribuido al éxito comercial de esa prestigiosa empresa. Además, como me gustan las cuentas claras, advierto que si contamos el aguinaldo, presente en la mayoría de las legislaciones, hacen falta sólo €2.300 para alcanzar la suma de €17.940.000 en 40 años, en las condiciones especificadas por Teitelbaum.

Claro que si el ejecutivo de esta historia colocara sus milloncetes a una tasa conservadora del 5% anual, reinvirtiendo los intereses, al cabo de 40 años, mientras los laboriosos trabajadores juntaban dieciocho palos euro sobre euro, él hubiera acumulado un capitalito de €126.720.000.

Y, ¡qué pretenden!, ¿las quieren todas servidas, los trabajadores?

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*http://opsur.wordpress.com/2010/11/22/%C2%ABlos-gobiernos-han-cedido-el-poder-a-las-transnacionales%C2%BB/

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